Todos hemos vivido alguna ocasión en que llorar nos ha servido para desahogarnos y sentirnos mejor. ¿Pero por qué es beneficioso llorar? Y, por otra parte, ¿realmente hay veces en que llorar pueda empeorar nuestro estado de ánimo en vez de mejorarlo? Los psicólogos Jonathan Rottenberg y Lauren M. Bylsma de la Universidad del Sur de Florida, junto con su colega Ad J.J.M. Vingerhoets de la Universidad de Tilburgo, han hecho algunos hallazgos interesantes sobre la psicología del llanto.
Estos psicólogos analizaron los testimonios detallados de más de 3.000 personas que experimentaron episodios recientes de llanto (fuera del laboratorio), y constataron que los efectos beneficiosos de llorar dependen de cuándo, dónde y por qué lo hace cada individuo en particular.
Los autores del estudio comprobaron que la mayoría de las personas que expusieron sus episodios recientes de llanto afirmaba haberse sentido mejor después de llorar. Sin embargo, un tercio de las personas informaba no haberse sentido mejor, y una décima parte aseveraba incluso haber experimentado un empeoramiento de su estado de ánimo después de llorar.
El análisis de los testimonios también reveló que las personas que al llorar recibieron apoyo social tenían mayores probabilidades de sentirse mejor después del llanto.
Las investigaciones realizadas hasta la fecha no han logrado establecer con claridad por qué llorar es beneficioso, pues, entre otras cosas, los resultados, a menudo, parecen depender de cómo se estudia el llanto. Por ejemplo, estudiarlo en directo y bajo condiciones de laboratorio entraña bastantes dificultades. Los voluntarios que acuden a un laboratorio para llorar y explicar cómo se sienten después, no suelen describir efectos positivos de la experiencia. En la mayoría de los casos, se sienten peor. Esto puede deberse a las condiciones estresantes inducidas por la propia investigación y el entorno del laboratorio, incluyendo por ejemplo ser filmados o contemplados mientras lloran. Esto a veces puede producir efectos negativos, como por ejemplo pasar vergüenza, que superan a los efectos beneficiosos usualmente producidos por el llanto.
Pese a todo, estos estudios realizados en laboratorios han generado datos detallados acerca de los efectos físicos del llanto. Llorar deja en el sujeto un efecto tranquilizante, que se traduce en una respiración más pausada, pero también acarrea experimentar una desagradable tensión nerviosa, que hace latir más deprisa el corazón y sudar más.
Sin embargo, el efecto relajante que el llanto tiene sobre el cuerpo suele durar más tiempo que la excitación desagradable. Ese efecto relajante puede surgir más tarde, neutralizando a la tensión nerviosa desatada al llorar, lo cual podría explicar por qué la gente tiende a recordar más la faceta beneficiosa del llanto.
La investigación realizada ha demostrado que los efectos del llanto también dependen de quién derrama las lágrimas. Por ejemplo, las personas con ansiedad o alteraciones del estado de ánimo son las que menos probabilidades tienen de experimentar los efectos positivos del llanto.
Este es un espacio para compartir unas serie de temas sobre las ciencias cognitivas y áreas del saber relacionadas
jueves, 22 de enero de 2009
miércoles, 19 de noviembre de 2008
Aprendizaje y experiencia
Lunes, 17 de Noviembre de 2008 10:59
Un grupo de investigadores ha encontrado que los bebés que tuvieron la oportunidad de utilizar un bastón de plástico para obtener un juguete fuera de su alcance fueron más capaces de comprender el objetivo de la utilización por otra persona de una herramienta similar, que los bebés que previamente sólo habían visto a un adulto utilizar un bastón para obtener un juguete.
"Hacer cosas en el entorno es una forma en la que los bebés aprenden sobre el mundo, y sólo recientemente se han realizado estudios que muestran que la experiencia práctica activa es una vía de aprendizaje más efectiva que la observación. Este estudio indica que hay un beneficio en las experiencias prácticas reales en el desarrollo humano temprano", explica Jessica Sommerville, profesora de psicología de la Universidad de Washington y autora principal del estudio.
En un estudio anterior, Sommerville mostró que los niños de 10 meses de edad raramente utilizan una herramienta como un bastón de forma espontánea. Para ver si el entrenamiento práctico activo proporcionaba una mejor comprensión del objetivo de una persona al utilizar una herramienta, los investigadores de la Universidad de Washington dividieron en tres grupos a 51 bebés - 26 varones y 25 hembras - para el nuevo estudio.
Los que estaban en un primer grupo, el grupo de entrenamiento, tuvieron la oportunidad, que podían aprovechar o no, de utilizar un bastón para acercar hacia ellos sobre una mesa un juguete de goma, como por ejemplo un pato amarillo o un hipopótamo púrpura. Entonces entrenaron a los bebés en cómo utilizar un bastón para recuperar un juguete. Finalmente, se les dio dos oportunidades para ver si podían arrastrar el juguete hacia ellos por sí solos.
Un segundo grupo de bebés, el grupo de observación, pasó por el mismo procedimiento con una diferencia importante. En lugar de utilizar las herramientas, los bebés observaron a un adulto que imitaba a los bebés del primer grupo que aprendían a utilizar el bastón para obtener un juguete.
Finalmente los bebés en estos dos grupos, así como los del tercer grupo, o grupo de referencia, observaron individualmente cómo en distintas situaciones y con diversas variantes una persona adulta trataba de acercar hacia ella un juguete valiéndose de un bastón.
El grado de atención exhibido por el grupo entrenado indica que estas criaturas, a diferencia de las de los otros grupos, comprendieron bien que la persona adulta estaba usando el bastón como una herramienta. Quienes mejor lo entendieron fueron quienes mejor aprendieron a manejar el bastón para acercar juguetes.
Scitech News
Un grupo de investigadores ha encontrado que los bebés que tuvieron la oportunidad de utilizar un bastón de plástico para obtener un juguete fuera de su alcance fueron más capaces de comprender el objetivo de la utilización por otra persona de una herramienta similar, que los bebés que previamente sólo habían visto a un adulto utilizar un bastón para obtener un juguete.
"Hacer cosas en el entorno es una forma en la que los bebés aprenden sobre el mundo, y sólo recientemente se han realizado estudios que muestran que la experiencia práctica activa es una vía de aprendizaje más efectiva que la observación. Este estudio indica que hay un beneficio en las experiencias prácticas reales en el desarrollo humano temprano", explica Jessica Sommerville, profesora de psicología de la Universidad de Washington y autora principal del estudio.
En un estudio anterior, Sommerville mostró que los niños de 10 meses de edad raramente utilizan una herramienta como un bastón de forma espontánea. Para ver si el entrenamiento práctico activo proporcionaba una mejor comprensión del objetivo de una persona al utilizar una herramienta, los investigadores de la Universidad de Washington dividieron en tres grupos a 51 bebés - 26 varones y 25 hembras - para el nuevo estudio.
Los que estaban en un primer grupo, el grupo de entrenamiento, tuvieron la oportunidad, que podían aprovechar o no, de utilizar un bastón para acercar hacia ellos sobre una mesa un juguete de goma, como por ejemplo un pato amarillo o un hipopótamo púrpura. Entonces entrenaron a los bebés en cómo utilizar un bastón para recuperar un juguete. Finalmente, se les dio dos oportunidades para ver si podían arrastrar el juguete hacia ellos por sí solos.
Un segundo grupo de bebés, el grupo de observación, pasó por el mismo procedimiento con una diferencia importante. En lugar de utilizar las herramientas, los bebés observaron a un adulto que imitaba a los bebés del primer grupo que aprendían a utilizar el bastón para obtener un juguete.
Finalmente los bebés en estos dos grupos, así como los del tercer grupo, o grupo de referencia, observaron individualmente cómo en distintas situaciones y con diversas variantes una persona adulta trataba de acercar hacia ella un juguete valiéndose de un bastón.
El grado de atención exhibido por el grupo entrenado indica que estas criaturas, a diferencia de las de los otros grupos, comprendieron bien que la persona adulta estaba usando el bastón como una herramienta. Quienes mejor lo entendieron fueron quienes mejor aprendieron a manejar el bastón para acercar juguetes.
Scitech News
Cumputación Cuántica
19 de Noviembre de 2008.
Se ha logrado otro paso hacia la computación cuántica, considerada el Santo Grial del procesamiento y almacenamiento de datos. Un equipo internacional de científicos que incluye a investigadores del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley (el Berkeley Lab) ha logrado con éxito almacenar información y recuperarla utilizando el núcleo de un átomo.
El equipo hizo un experimento en el que cristales de silicio excepcionalmente puros e isotópicamente controlados fueron dopados de manera muy precisa con átomos de fósforo. La información cuántica se procesó en los electrones del fósforo, siendo transferida al núcleo y luego transferida de nuevo a los electrones. Ésta es la primera demostración de que un solo núcleo atómico ya puede servir como memoria en la computación cuántica.
John Morton de la Universidad de Oxford es el autor principal del trabajo. Otros autores son Thomas Schenkel, Eugene Haller y Joel Ager del Laboratorio de Berkeley, Richard Brown, Brendon Lovett y Arzhang Ardavan de la Universidad de Oxford, y Alexei Tyryshkin, Shyam Shankar y Stephen Lyon, de la Universidad de Princeton.
Una computadora cuántica podría realizar ciertas tareas matemáticas muchos miles de millones de veces más rápido que las supercomputadoras actuales más potentes. Más allá de esto, la computación cuántica debería hacer posible realizar cálculos que no pueden ser abordados con la tecnología de la computación "clásica". El secreto de la extraordinaria capacidad de la computación cuántica radica en las propiedades raras y aparentemente "mágicas", pero reales y demostrables, de la mecánica cuántica.
En la computación clásica se procesa y almacena la información con arreglo a la carga del electrón, y dicha carga se representa con un dígito binario o "bit". Cada bit lleva un valor de 0 (sin carga) ó 1 (con carga). La computación cuántica utiliza una propiedad cuántica intrínseca denominada "espín", consistente en que ciertas partículas pueden actuar como si fueran un diminuto imán en forma de barra. Al espín se le asigna un estado direccional, que puede ser "Hacia Arriba" o "Hacia Abajo", lo que permite usarlo para codificar los datos en ceros y unos. Sin embargo, a diferencia de la computación clásica en la que la carga está o no presente, el espín puede ser Hacia Arriba o Hacia Abajo, o ambos simultáneamente, gracias a un efecto conocido como superposición cuántica.
La superposición expande exponencialmente las capacidades del almacenamiento de un dato en el bit cuántico o "qubit". Considerando que un byte de datos clásico puede representar sólo una de las ocho posibles combinaciones de ceros y unos, un equivalente cuántico (a veces denominado qubyte) puede representar las ocho combinaciones simultáneamente. Además, gracias a otra propiedad cuántica, conocida como entrelazamiento cuántico, pueden realizarse de manera simultánea operaciones con las ocho combinaciones.
Información adicional en:
Scitech News
Se ha logrado otro paso hacia la computación cuántica, considerada el Santo Grial del procesamiento y almacenamiento de datos. Un equipo internacional de científicos que incluye a investigadores del Laboratorio Nacional Lawrence Berkeley (el Berkeley Lab) ha logrado con éxito almacenar información y recuperarla utilizando el núcleo de un átomo.
El equipo hizo un experimento en el que cristales de silicio excepcionalmente puros e isotópicamente controlados fueron dopados de manera muy precisa con átomos de fósforo. La información cuántica se procesó en los electrones del fósforo, siendo transferida al núcleo y luego transferida de nuevo a los electrones. Ésta es la primera demostración de que un solo núcleo atómico ya puede servir como memoria en la computación cuántica.
John Morton de la Universidad de Oxford es el autor principal del trabajo. Otros autores son Thomas Schenkel, Eugene Haller y Joel Ager del Laboratorio de Berkeley, Richard Brown, Brendon Lovett y Arzhang Ardavan de la Universidad de Oxford, y Alexei Tyryshkin, Shyam Shankar y Stephen Lyon, de la Universidad de Princeton.
Una computadora cuántica podría realizar ciertas tareas matemáticas muchos miles de millones de veces más rápido que las supercomputadoras actuales más potentes. Más allá de esto, la computación cuántica debería hacer posible realizar cálculos que no pueden ser abordados con la tecnología de la computación "clásica". El secreto de la extraordinaria capacidad de la computación cuántica radica en las propiedades raras y aparentemente "mágicas", pero reales y demostrables, de la mecánica cuántica.
En la computación clásica se procesa y almacena la información con arreglo a la carga del electrón, y dicha carga se representa con un dígito binario o "bit". Cada bit lleva un valor de 0 (sin carga) ó 1 (con carga). La computación cuántica utiliza una propiedad cuántica intrínseca denominada "espín", consistente en que ciertas partículas pueden actuar como si fueran un diminuto imán en forma de barra. Al espín se le asigna un estado direccional, que puede ser "Hacia Arriba" o "Hacia Abajo", lo que permite usarlo para codificar los datos en ceros y unos. Sin embargo, a diferencia de la computación clásica en la que la carga está o no presente, el espín puede ser Hacia Arriba o Hacia Abajo, o ambos simultáneamente, gracias a un efecto conocido como superposición cuántica.
La superposición expande exponencialmente las capacidades del almacenamiento de un dato en el bit cuántico o "qubit". Considerando que un byte de datos clásico puede representar sólo una de las ocho posibles combinaciones de ceros y unos, un equivalente cuántico (a veces denominado qubyte) puede representar las ocho combinaciones simultáneamente. Además, gracias a otra propiedad cuántica, conocida como entrelazamiento cuántico, pueden realizarse de manera simultánea operaciones con las ocho combinaciones.
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Scitech News
viernes, 3 de octubre de 2008
Bulbos y Tubérculos en la Dieta de los Primeros Ancestros del Ser Humano
Bulbos y Tubérculos en la Dieta de los Primeros Ancestros del Ser Humano
3 de Octubre de 2008.
El antropólogo Nathaniel J. Dominy, de la Universidad de California en Santa Cruz, ha logrado un avance importante en la investigación sobre cuál fue la dieta de los primeros ancestros del Ser Humano. Lo ha conseguido midiendo de manera minuciosa las propiedades mecánicas de las partes subterráneas de 98 especies vegetales en el África subsahariana.
A ese conjunto de características, podríamos denominarlo el "factor masticabilidad", ya que las propiedades mecánicas de un cuerpo definen si para un animal resulta viable o no comerlo crudo.
Determinar la dureza relativa de los rizomas, tubérculos, cormos y bulbos fue el paso siguiente en la exploración de Dominy para verificar la hipótesis de que nuestros más primitivos ancestros tuvieron una dieta rica en vegetales, consumiendo específicamente sus órganos subterráneos de almacenamiento de nutrientes, ricos en carbohidratos.
Los aplanados molares de los primeros humanos, con una gruesa capa de esmalte dental, han permitido a los científicos inferir que su dieta consistía principalmente de alimentos duros y quebradizos, con evidencias recientes que sugieren que los órganos vegetales de almacenamiento bajo tierra desempeñaron un papel fundamental como alimentos para casos de emergencia, es decir consumidos sólo en tiempos de escasez.
Ésta es la primera vez que alguien mide las propiedades de estos alimentos hipotéticos para ver si cubren los requisitos que se infieren del registro fósil.
Los nuevos datos han establecido que los rizomas son los más duros, seguidos por los tubérculos, los cormos y los bulbos. Los cormos y los bulbos aparecen como los alimentos más probables de los homínidos, porque sus cualidades físicas coinciden con las inferencias dietéticas basadas en la morfología dental y en los análisis químicos isotópicos modernos.
Los nuevos datos también permitieron a Dominy correlacionar las características de las plantas con la morfología dental de especies distintas de homínidos. Los dientes de los Australopithecus, por ejemplo, parecen bien dotados para procesar bulbos, mientras que los dientes de los Paranthropus parecen mejor adaptados para procesar cormos.
Finalmente, alentado por sus propias observaciones sobre los Hadza, cazadores-recolectores en el norte de Tanzania, Dominy también llevó a cabo un estudio piloto de campo sobre los efectos que el proceso de asado, en condiciones comparables a aquellas en las que se desenvolvieron nuestros antepasados, tiene sobre la dureza de cinco especies de tubérculos. El resultado de dicho estudio, que asar en tales condiciones los tubérculos reduce el trabajo de masticación y mejora la digestibilidad, hace que resulte más plausible la posibilidad de que nuestros ancestros incorporasen a su dieta tubérculos relativamente duros.
3 de Octubre de 2008.
El antropólogo Nathaniel J. Dominy, de la Universidad de California en Santa Cruz, ha logrado un avance importante en la investigación sobre cuál fue la dieta de los primeros ancestros del Ser Humano. Lo ha conseguido midiendo de manera minuciosa las propiedades mecánicas de las partes subterráneas de 98 especies vegetales en el África subsahariana.
A ese conjunto de características, podríamos denominarlo el "factor masticabilidad", ya que las propiedades mecánicas de un cuerpo definen si para un animal resulta viable o no comerlo crudo.
Determinar la dureza relativa de los rizomas, tubérculos, cormos y bulbos fue el paso siguiente en la exploración de Dominy para verificar la hipótesis de que nuestros más primitivos ancestros tuvieron una dieta rica en vegetales, consumiendo específicamente sus órganos subterráneos de almacenamiento de nutrientes, ricos en carbohidratos.
Los aplanados molares de los primeros humanos, con una gruesa capa de esmalte dental, han permitido a los científicos inferir que su dieta consistía principalmente de alimentos duros y quebradizos, con evidencias recientes que sugieren que los órganos vegetales de almacenamiento bajo tierra desempeñaron un papel fundamental como alimentos para casos de emergencia, es decir consumidos sólo en tiempos de escasez.
Ésta es la primera vez que alguien mide las propiedades de estos alimentos hipotéticos para ver si cubren los requisitos que se infieren del registro fósil.
Los nuevos datos han establecido que los rizomas son los más duros, seguidos por los tubérculos, los cormos y los bulbos. Los cormos y los bulbos aparecen como los alimentos más probables de los homínidos, porque sus cualidades físicas coinciden con las inferencias dietéticas basadas en la morfología dental y en los análisis químicos isotópicos modernos.
Los nuevos datos también permitieron a Dominy correlacionar las características de las plantas con la morfología dental de especies distintas de homínidos. Los dientes de los Australopithecus, por ejemplo, parecen bien dotados para procesar bulbos, mientras que los dientes de los Paranthropus parecen mejor adaptados para procesar cormos.
Finalmente, alentado por sus propias observaciones sobre los Hadza, cazadores-recolectores en el norte de Tanzania, Dominy también llevó a cabo un estudio piloto de campo sobre los efectos que el proceso de asado, en condiciones comparables a aquellas en las que se desenvolvieron nuestros antepasados, tiene sobre la dureza de cinco especies de tubérculos. El resultado de dicho estudio, que asar en tales condiciones los tubérculos reduce el trabajo de masticación y mejora la digestibilidad, hace que resulte más plausible la posibilidad de que nuestros ancestros incorporasen a su dieta tubérculos relativamente duros.
jueves, 2 de octubre de 2008
GRUPO DE NEURONAS ESENCIAL EN EL MECANISMO POR EL QUE DEJAMOS DE SENTIR MIEDO
GRUPO DE NEURONAS ESENCIAL EN EL MECANISMO POR EL QUE DEJAMOS DE SENTIR MIEDO
El Instituto Nacional de Salud Mental en Estados Unidos estima que en el país, en un año dado, cerca de 40 millones de adultos (con 18 o más años de edad) sufrirán de alguna forma de ansiedad, incluyendo fobias, trastornos de ansiedad y estrés postraumático.
Allanando el camino hacia formas más efectivas de tratamiento para los problemas de ansiedad, en un estudio reciente, Denis Paré (de la Universidad Rutgers en Newark) ha identificado un componente crítico de la red neuronal de la amígdala, que suele intervenir en la extinción de los miedos asociados a recuerdos.
Investigaciones anteriores han revelado que en los animales y en los humanos, la amígdala está involucrada en la expresión de respuestas innatas de temor, como por ejemplo el miedo a las serpientes, junto con la formación de nuevos miedos asociados a recuerdos de experiencias, como por ejemplo al aprender, sobre la base de recuerdos anteriores, a sentir miedo ante el sonido de una sirena que predice un ataque aéreo.
Habitualmente, en los estudios sobre el miedo con ratas, un estímulo neutral, como un sonido que en sí mismo no tenga relevancia, produce una respuesta de temor en las ratas después de que lo hayan escuchado asociado a un estímulo desagradable. Sin embargo, esta respuesta condicionada de temor, va disminuyendo con la repetición del estímulo neutral en ausencia del estímulo doloroso.
La estrategia descrita para extinguir esa respuesta condicionada de temor presenta un enfoque similar al empleado para tratar las fobias humanas, en el cual se enfrenta al paciente con el objeto temido, en ausencia del peligro.
Los estudios sobre ese comportamiento han demostrado, sin embargo, que el entrenamiento para dejar de sentir ese miedo no destruye completamente el recuerdo inicial asociado al miedo, sino que más bien conduce a la formación de un nuevo recuerdo que inhibe las respuestas condicionadas de temor en el ámbito de la amígdala. Como tal, las respuestas de temor pueden ser expresadas nuevamente cuando el estímulo asociado inicialmente al peligro y luego disociado del mismo en el contexto usado para la extinción del miedo, se presente en un contexto diferente al empleado durante dicho entrenamiento para la extinción del miedo.
Por ejemplo, suponga que una rata es entrenada para la extinción del miedo en una caja gris llena de fragancia de rosas, y que posteriormente escucha una vez más el sonido antaño amenazante, pero en esta ocasión dentro de una caja con aspecto y olor diferentes a la de color gris con olor de rosas. La respuesta de la rata será parecida a la de antaño, como si no hubiera sido entrenada para la extinción de ese miedo.
Un detalle importante es que se ha comprobado que las personas con problemas de ansiedad exhiben un "déficit de extinción del miedo" o un error de "borrado" al tratar de "olvidar". Pero hasta hace poco, no se sabía casi nada sobre el mecanismo de la extinción.
Paré ha encontrado que ciertos conjuntos de neuronas de la amígdala, desempeñan un papel clave en la extinción del miedo. En particular, parece ser que esas neuronas inhiben las salidas de la amígdala hacia las estructuras del tronco encefálico que generan las respuestas de temor. Paré y sus colaboradores han demostrado que cuando en las ratas se destruye a las neuronas de esa clase con una toxina especial, se impide la extinción del miedo asociado a recuerdos, provocando ello una conducta virtualmente idéntica a la derivada del estrés postraumático.
El Instituto Nacional de Salud Mental en Estados Unidos estima que en el país, en un año dado, cerca de 40 millones de adultos (con 18 o más años de edad) sufrirán de alguna forma de ansiedad, incluyendo fobias, trastornos de ansiedad y estrés postraumático.
Allanando el camino hacia formas más efectivas de tratamiento para los problemas de ansiedad, en un estudio reciente, Denis Paré (de la Universidad Rutgers en Newark) ha identificado un componente crítico de la red neuronal de la amígdala, que suele intervenir en la extinción de los miedos asociados a recuerdos.
Investigaciones anteriores han revelado que en los animales y en los humanos, la amígdala está involucrada en la expresión de respuestas innatas de temor, como por ejemplo el miedo a las serpientes, junto con la formación de nuevos miedos asociados a recuerdos de experiencias, como por ejemplo al aprender, sobre la base de recuerdos anteriores, a sentir miedo ante el sonido de una sirena que predice un ataque aéreo.
Habitualmente, en los estudios sobre el miedo con ratas, un estímulo neutral, como un sonido que en sí mismo no tenga relevancia, produce una respuesta de temor en las ratas después de que lo hayan escuchado asociado a un estímulo desagradable. Sin embargo, esta respuesta condicionada de temor, va disminuyendo con la repetición del estímulo neutral en ausencia del estímulo doloroso.
La estrategia descrita para extinguir esa respuesta condicionada de temor presenta un enfoque similar al empleado para tratar las fobias humanas, en el cual se enfrenta al paciente con el objeto temido, en ausencia del peligro.
Los estudios sobre ese comportamiento han demostrado, sin embargo, que el entrenamiento para dejar de sentir ese miedo no destruye completamente el recuerdo inicial asociado al miedo, sino que más bien conduce a la formación de un nuevo recuerdo que inhibe las respuestas condicionadas de temor en el ámbito de la amígdala. Como tal, las respuestas de temor pueden ser expresadas nuevamente cuando el estímulo asociado inicialmente al peligro y luego disociado del mismo en el contexto usado para la extinción del miedo, se presente en un contexto diferente al empleado durante dicho entrenamiento para la extinción del miedo.
Por ejemplo, suponga que una rata es entrenada para la extinción del miedo en una caja gris llena de fragancia de rosas, y que posteriormente escucha una vez más el sonido antaño amenazante, pero en esta ocasión dentro de una caja con aspecto y olor diferentes a la de color gris con olor de rosas. La respuesta de la rata será parecida a la de antaño, como si no hubiera sido entrenada para la extinción de ese miedo.
Un detalle importante es que se ha comprobado que las personas con problemas de ansiedad exhiben un "déficit de extinción del miedo" o un error de "borrado" al tratar de "olvidar". Pero hasta hace poco, no se sabía casi nada sobre el mecanismo de la extinción.
Paré ha encontrado que ciertos conjuntos de neuronas de la amígdala, desempeñan un papel clave en la extinción del miedo. En particular, parece ser que esas neuronas inhiben las salidas de la amígdala hacia las estructuras del tronco encefálico que generan las respuestas de temor. Paré y sus colaboradores han demostrado que cuando en las ratas se destruye a las neuronas de esa clase con una toxina especial, se impide la extinción del miedo asociado a recuerdos, provocando ello una conducta virtualmente idéntica a la derivada del estrés postraumático.
LA RELACION ENTRE LA MIRADA Y EL CONTACTO SOCIAL ENTRE DOS PERSONAS
Jueves, 02 de Octubre de 2008 09:34
Como bien se sabe, la dirección de la mirada es significativa para el procesamiento de la información visual de una cara humana. Un equipo de investigadores ha confirmado mediante electroencefalografía que el sistema visual del cerebro procesa la cara de otra persona más eficazmente cuando la mirada de la persona está dirigida directamente al observador que cuando no lo está.
"Nuestros estudios también demuestran que el contacto ocular entre dos personas, así como el desvío de una de las miradas, son situaciones que afectan a las funciones de los mecanismos neuronales que regulan el comportamiento subyacente en abordar a esa persona o en evitarla. La mirada directa de otra persona nos prepara para un acercamiento, una mirada apartada, nos prepara para que nos alejemos", explica el investigador principal, profesor Jari Hietanen de la Universidad de Tampere, en Finlandia.
Los resultados de la investigación, en la que se midió la función de los lóbulos frontales del cerebro por medio de la electroencefalografía (EEG), indican que durante la observación de una mirada directa y fija, el lóbulo frontal izquierdo de los sujetos de estudio está más activo que el lóbulo frontal derecho. Durante la observación de una mirada desviada, la mayor actividad se registraba en el lóbulo frontal derecho. La asimetría con dominación de la actividad en el lóbulo frontal izquierdo está ligada con la aproximación potencial a la persona observada, mientras que la asimetría con dominación del derecho, se relaciona con el rechazo. Ésta es la primera vez que se demuestra a través de medidas fisiológicas que la dirección de la mirada de otra persona afecta a los sistemas del cerebro que están involucrados en la regulación de las reacciones motivacionales fundamentales humanas.
Los resultados del proyecto han contribuido a esclarecer las reacciones emocionales relacionadas con la percepción de rostros humanos y cómo se desarrollan estas reacciones. La reacción de eludir el contacto ocular en las personas que padecen de autismo es uno de los problemas más típicos en tales reacciones emocionales, y la línea de investigación que sigue Hietanen puede contribuir a descubrir por qué exactamente las personas con comportamiento autista evitan el contacto visual.
Como bien se sabe, la dirección de la mirada es significativa para el procesamiento de la información visual de una cara humana. Un equipo de investigadores ha confirmado mediante electroencefalografía que el sistema visual del cerebro procesa la cara de otra persona más eficazmente cuando la mirada de la persona está dirigida directamente al observador que cuando no lo está.
"Nuestros estudios también demuestran que el contacto ocular entre dos personas, así como el desvío de una de las miradas, son situaciones que afectan a las funciones de los mecanismos neuronales que regulan el comportamiento subyacente en abordar a esa persona o en evitarla. La mirada directa de otra persona nos prepara para un acercamiento, una mirada apartada, nos prepara para que nos alejemos", explica el investigador principal, profesor Jari Hietanen de la Universidad de Tampere, en Finlandia.
Los resultados de la investigación, en la que se midió la función de los lóbulos frontales del cerebro por medio de la electroencefalografía (EEG), indican que durante la observación de una mirada directa y fija, el lóbulo frontal izquierdo de los sujetos de estudio está más activo que el lóbulo frontal derecho. Durante la observación de una mirada desviada, la mayor actividad se registraba en el lóbulo frontal derecho. La asimetría con dominación de la actividad en el lóbulo frontal izquierdo está ligada con la aproximación potencial a la persona observada, mientras que la asimetría con dominación del derecho, se relaciona con el rechazo. Ésta es la primera vez que se demuestra a través de medidas fisiológicas que la dirección de la mirada de otra persona afecta a los sistemas del cerebro que están involucrados en la regulación de las reacciones motivacionales fundamentales humanas.
Los resultados del proyecto han contribuido a esclarecer las reacciones emocionales relacionadas con la percepción de rostros humanos y cómo se desarrollan estas reacciones. La reacción de eludir el contacto ocular en las personas que padecen de autismo es uno de los problemas más típicos en tales reacciones emocionales, y la línea de investigación que sigue Hietanen puede contribuir a descubrir por qué exactamente las personas con comportamiento autista evitan el contacto visual.
martes, 30 de septiembre de 2008
Emociones universales
La expresión de la victoria de quien obtiene una medalla de oro, y la de abatimiento de quien no llega a finalista son innatas y biológicas, en vez de respuestas al éxito y al fracaso aprendidas, según un estudio de la Universidad de la Columbia Británica que ha utilizado datos sobre las reacciones físicas de personas de diversas culturas, recogidos en los Juegos Olímpicos y Paralímpicos del 2004.
En lo que es el primer estudio de este tipo, Jessica Tracy, psicóloga investigadora de la citada universidad, analizó cómo se expresan el orgullo y la vergüenza en cada cultura, y con especial atención entre los invidentes congénitos. Ella comparó las expresiones no verbales y el lenguaje corporal de videntes, invidentes que no siempre lo fueron, e invidentes congénitos, todos ellos competidores de judo, que representaban a más de 30 países, entre ellos Argelia, Taiwán, Corea del Norte, Ucrania y Estados Unidos.
El orgullo, al contrario del miedo, el enojo o la alegría, que se categorizan como emociones primarias, ha recibido en el pasado poca atención por parte de la investigación científica, tal como subraya Tracy. En ese sentido, su trabajo viene a llenar un hueco, pues explora cómo ha evolucionado el orgullo a través del tiempo como respuesta biológica humana innata y cómo ha conformado la dinámica social.
Los resultados de Tracy demuestran que los individuos estudiados exhibieron comportamientos específicos de orgullo y de vergüenza en respuesta a las mismas situaciones de éxito y de fracaso.
Como las personas con ceguera congénita no pueden aprender los gestos y expresiones faciales de orgullo y vergüenza observándolas en otros, es lógico suponer que sus reacciones espontáneas de esa clase ante la victoria o la derrota deben ser innatas. La coincidencia con el mismo tipo de comportamiento en videntes apunta a que se trata de un rasgo biológico común a todos los humanos, en vez de un comportamiento aprendido.
Tracy y David Matsumoto, profesor de Psicología en la Universidad Estatal de San Francisco, analizaron fotografías tomadas por un fotógrafo oficial de la Federación Internacional de Judo que no conocía las metas específicas de la investigación. El fotógrafo tomó sistemáticamente imágenes de los atletas durante e inmediatamente después de cada pelea, durante aproximadamente 15 segundos, lo cual le permitió obtener una serie de imágenes, momento a momento, de cada rasgo conductual de expresión facial y gestos corporales.
Los investigadores codificaron las posturas de la cabeza, los brazos y el cuerpo de los atletas. Comprobaron que los vencedores, tanto videntes como invidentes, y de todas las culturas, tendían a levantar sus brazos, elevar su cabeza como mirando al cielo, e hinchar el pecho. También resultaron muy universales las expresiones de derrota, que incluyeron los hombros caídos y el pecho contraído.
En lo que es el primer estudio de este tipo, Jessica Tracy, psicóloga investigadora de la citada universidad, analizó cómo se expresan el orgullo y la vergüenza en cada cultura, y con especial atención entre los invidentes congénitos. Ella comparó las expresiones no verbales y el lenguaje corporal de videntes, invidentes que no siempre lo fueron, e invidentes congénitos, todos ellos competidores de judo, que representaban a más de 30 países, entre ellos Argelia, Taiwán, Corea del Norte, Ucrania y Estados Unidos.
El orgullo, al contrario del miedo, el enojo o la alegría, que se categorizan como emociones primarias, ha recibido en el pasado poca atención por parte de la investigación científica, tal como subraya Tracy. En ese sentido, su trabajo viene a llenar un hueco, pues explora cómo ha evolucionado el orgullo a través del tiempo como respuesta biológica humana innata y cómo ha conformado la dinámica social.
Los resultados de Tracy demuestran que los individuos estudiados exhibieron comportamientos específicos de orgullo y de vergüenza en respuesta a las mismas situaciones de éxito y de fracaso.
Como las personas con ceguera congénita no pueden aprender los gestos y expresiones faciales de orgullo y vergüenza observándolas en otros, es lógico suponer que sus reacciones espontáneas de esa clase ante la victoria o la derrota deben ser innatas. La coincidencia con el mismo tipo de comportamiento en videntes apunta a que se trata de un rasgo biológico común a todos los humanos, en vez de un comportamiento aprendido.
Tracy y David Matsumoto, profesor de Psicología en la Universidad Estatal de San Francisco, analizaron fotografías tomadas por un fotógrafo oficial de la Federación Internacional de Judo que no conocía las metas específicas de la investigación. El fotógrafo tomó sistemáticamente imágenes de los atletas durante e inmediatamente después de cada pelea, durante aproximadamente 15 segundos, lo cual le permitió obtener una serie de imágenes, momento a momento, de cada rasgo conductual de expresión facial y gestos corporales.
Los investigadores codificaron las posturas de la cabeza, los brazos y el cuerpo de los atletas. Comprobaron que los vencedores, tanto videntes como invidentes, y de todas las culturas, tendían a levantar sus brazos, elevar su cabeza como mirando al cielo, e hinchar el pecho. También resultaron muy universales las expresiones de derrota, que incluyeron los hombros caídos y el pecho contraído.
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