Este es un espacio para compartir unas serie de temas sobre las ciencias cognitivas y áreas del saber relacionadas
lunes, 3 de octubre de 2011
miércoles, 28 de septiembre de 2011
martes, 20 de septiembre de 2011
Ventajas de que niños y niñas de diferentes edades jueguen juntos
Aunque, obviamente, una diferencia demasiado grande de edad
puede significar intereses distintos a la hora de jugar, y el dejar
juntos a niños de distinta edad puede facilitar a los niños matones más
crecidos sus malas acciones, existen efectos positivos de la interacción
entre niños de diferentes edades a través de los juegos, según las
conclusiones de un nuevo estudio.
El psicólogo Peter Gray, profesor en el Boston College, Estados Unidos, investiga desde hace tiempo la psicología del juego infantil. Recientemente, ha presentado en un número especial de la revista académica American Journal of Play, sus conclusiones sobre los efectos positivos de que niños y niñas de diferentes edades jueguen entre sí.
Gray argumenta que la costumbre moderna de separar por edades a los niños y niñas, formando grupos en los que todos los miembros tienen la misma edad, una práctica común en las aulas y patios de recreo de los colegios actuales, podría no ser del todo ideal para optimizar el desarrollo intelectual infantil.
Gray
se basa en que cuando juegan juntos niños y niñas de edades diferentes,
en condiciones aceptables, los participantes de más edad sirven de
puntal para elevar el nivel de complejidad de las actividades que
realizan los de menos edad, de tal modo que ese grado más sofisticado de
juego les hace ejercitar a los pequeños sus habilidades cognitivas
mucho más que si jugasen sólo con los de su misma edad. En estudios
anteriores, se ha verificado un fenómeno bien conocido por la sabiduría
popular y por la experiencia de mucha gente con hermanos de edades
distintas: Los compañeros de juego de más edad exponen a los más jóvenes
a conceptos más complejos de lenguaje, matemáticas, sociabilidad y
otras áreas. Y, por otra parte, como muchos hermanos y hermanas mayores
podrán reconocer, al interactuar en sus juegos con niños más pequeños,
ejercitan sus capacidades de liderazgo, crianza, y docencia.
Tal como señala Gray, desde una perspectiva evolutiva, la situación natural para un niño que juega con otros es que sus compañeros de juegos sean de varias edades. Nuestros ancestros humanos y homínidos muy probablemente vivían en grupos pequeños, lo que hacía infrecuente que un niño pudiera jugar con otros de su misma edad, y habitual que sus compañeros de juego disponibles fuesen de varias edades.
El psicólogo Peter Gray, profesor en el Boston College, Estados Unidos, investiga desde hace tiempo la psicología del juego infantil. Recientemente, ha presentado en un número especial de la revista académica American Journal of Play, sus conclusiones sobre los efectos positivos de que niños y niñas de diferentes edades jueguen entre sí.
Gray argumenta que la costumbre moderna de separar por edades a los niños y niñas, formando grupos en los que todos los miembros tienen la misma edad, una práctica común en las aulas y patios de recreo de los colegios actuales, podría no ser del todo ideal para optimizar el desarrollo intelectual infantil.
Peter Gray. (Foto: Boston C.)
Tal como señala Gray, desde una perspectiva evolutiva, la situación natural para un niño que juega con otros es que sus compañeros de juegos sean de varias edades. Nuestros ancestros humanos y homínidos muy probablemente vivían en grupos pequeños, lo que hacía infrecuente que un niño pudiera jugar con otros de su misma edad, y habitual que sus compañeros de juego disponibles fuesen de varias edades.
En busca de la célula primigenia
El requisito más importante para que surja la vida es la existencia de
un compartimiento cerrado, y la materialización de este concepto en la
vida actual es la membrana celular.
La célula es una máquina muy compleja y evolucionada, y los registros fósiles más antiguos, que datan de varios miles de millones de años atrás, muestran organismos con estructuras que no son muy diferentes de las versiones modernas. Por lógica, estas sofisticadas estructuras celulares tuvieron que evolucionar a partir de un progenitor menos complejo, pero la falta de evidencia fósil de esa "célula primigenia" o protocélula representa el más importante eslabón perdido de la evolución de la vida.
El profesor Stephen Mann y sus colegas de la Escuela de Química de la Universidad de Bristol han abordado ahora este enigma recurriendo al diseño de un sistema químico que espontáneamente se organiza en microgotas que contienen agua, y que además albergan la molécula generadora de energía celular, el trifosfato de adenosina (ATP), y un polímero corto de lisina, un aminoácido natural.
Se trata de un sistema químico que quizá represente el modelo de protocélula más simple en la posible historia de la formación de células en un pasado remoto de la Tierra.
Además de señalar caminos factibles de la organización prebiótica antes de que apareciera la compartimentación basada en lípidos en las células de la Tierra arcaica, estas microgotas preparadas en la investigación pueden ser consideradas como un nuevo tipo de modelo de protocélula que podría ser usado para desarrollar biorreactores revolucionarios, e incluso células primitivas artificiales.
La célula es una máquina muy compleja y evolucionada, y los registros fósiles más antiguos, que datan de varios miles de millones de años atrás, muestran organismos con estructuras que no son muy diferentes de las versiones modernas. Por lógica, estas sofisticadas estructuras celulares tuvieron que evolucionar a partir de un progenitor menos complejo, pero la falta de evidencia fósil de esa "célula primigenia" o protocélula representa el más importante eslabón perdido de la evolución de la vida.
El profesor Stephen Mann y sus colegas de la Escuela de Química de la Universidad de Bristol han abordado ahora este enigma recurriendo al diseño de un sistema químico que espontáneamente se organiza en microgotas que contienen agua, y que además albergan la molécula generadora de energía celular, el trifosfato de adenosina (ATP), y un polímero corto de lisina, un aminoácido natural.
Se trata de un sistema químico que quizá represente el modelo de protocélula más simple en la posible historia de la formación de células en un pasado remoto de la Tierra.
Además de señalar caminos factibles de la organización prebiótica antes de que apareciera la compartimentación basada en lípidos en las células de la Tierra arcaica, estas microgotas preparadas en la investigación pueden ser consideradas como un nuevo tipo de modelo de protocélula que podría ser usado para desarrollar biorreactores revolucionarios, e incluso células primitivas artificiales.
Gotas de agua con péptidos y ATP. (Foto: U. Bristol)
miércoles, 14 de septiembre de 2011
Computación biológica
En la revista Natural Computing, investigadores de la Universidad
Politécnica (UPM) y la Universidad Autónoma de Madrid (UAM) proponen una
alternativa para resolver problemas matemáticos complejos en un simple
tubo de ensayo.
Desde que surgieron hace 4.000 de millones de años, los seres vivos han desarrollado la capacidad de adaptarse a su entorno. Son capaces de percibir lo que les rodea, comunicarse con otros organismos y modificar su entorno según sus necesidades. Un ejemplo lo podemos encontrar en determinadas bacterias que pueden formar macroestructuras conocidas como biopelículas.
En dichas estructuras existe un alto grado de organización y comunicación que permiten la supervivencia de la comunidad. Pero, ¿cómo unos organismos en teoría tan simples son capaces de producir sistemas tan complejos? Y lo que es más importante, ¿podemos aprovechar esos sistemas para nuestro beneficio?
Los últimos avances que se están realizando en el campo de la secuenciación de genomas y en la actividad de los genes en general, están ampliando nuestros conocimientos de los distintos modos en los que funcionan los mecanismos de percepción de los microorganismos y a su vez los mecanismos de interacción entre ellos. Dichos conocimientos han dado lugar a la aparición de una disciplina denominada Biología de Sistemas, que se encarga de recopilar esos datos y correlacionarlos con lo que se observa en la naturaleza.
De hecho, aprovechando ese conocimiento se han modificado genéticamente ciertas bacterias con el fin de que proporcionen una señal medible ante un estímulo dado. No obstante, la utilización de una única estirpe bacteriana conlleva una serie de problemas, por ejemplo: la disminución de la viabilidad de la bacteria o la fiabilidad de la respuesta, según lo complejo del diseño experimental.
El Grupo de Computación Natural de la Universidad Politécnica de Madrid junto con el grupo Rizosfera-UAM, en un artículo publicado recientemente en la revista Natural Computing, han propuesto una alternativa para que se puedan resolver problemas matemáticos complejos en un simple tubo de ensayo.
Dicha alternativa consistiría en dividir las tareas entre varias estirpes de bacterias, en vez de utilizar una única estirpe bacteriana modificada. Partiendo de esta premisa, los investigadores proponen diseñar bacterias “a la carta” mediante modificación genética, que respondan de una manera determinada y con una intensidad dada ante una señal química presente en el ambiente.
De
tal modo, los investigadores podrían tener a su disposición un arsenal
de bacterias que posiblemente puedan mezclarse en un tubo de ensayo como
si fueran las líneas de un código de un programa, en donde pudieran
recibir las señales externas y a su vez comunicarse entre ellas para
obtener una respuesta adecuada.
Así, y a modo de ejemplo, han mostrado cómo se deberían modificar tres bacterias para resolver un problema lógico simple, a saber, determinar si en un medio dado aparece uno y sólo uno de dos compuestos químicos determinados produciendo o no una proteína fluorescente como respuesta.
Dada la versatilidad de este sistema, las aplicaciones a desarrollar pueden ser múltiples.
Por ejemplo, se podrían construir dispositivos de tamaño reducido y con un bajo impacto ambiental capaces de determinar qué contaminantes y en qué cantidad hay en un embalse con destino al consumo humano. Además, dada la gran cantidad de bacterias que pueden crecer en un volumen mínimo, los investigadores consideran que se encuentra ante la posibilidad de construir microcircuitos que podrían permitir resolver problemas matemáticos complejos. (Fuente: UAM)
Desde que surgieron hace 4.000 de millones de años, los seres vivos han desarrollado la capacidad de adaptarse a su entorno. Son capaces de percibir lo que les rodea, comunicarse con otros organismos y modificar su entorno según sus necesidades. Un ejemplo lo podemos encontrar en determinadas bacterias que pueden formar macroestructuras conocidas como biopelículas.
En dichas estructuras existe un alto grado de organización y comunicación que permiten la supervivencia de la comunidad. Pero, ¿cómo unos organismos en teoría tan simples son capaces de producir sistemas tan complejos? Y lo que es más importante, ¿podemos aprovechar esos sistemas para nuestro beneficio?
Los últimos avances que se están realizando en el campo de la secuenciación de genomas y en la actividad de los genes en general, están ampliando nuestros conocimientos de los distintos modos en los que funcionan los mecanismos de percepción de los microorganismos y a su vez los mecanismos de interacción entre ellos. Dichos conocimientos han dado lugar a la aparición de una disciplina denominada Biología de Sistemas, que se encarga de recopilar esos datos y correlacionarlos con lo que se observa en la naturaleza.
De hecho, aprovechando ese conocimiento se han modificado genéticamente ciertas bacterias con el fin de que proporcionen una señal medible ante un estímulo dado. No obstante, la utilización de una única estirpe bacteriana conlleva una serie de problemas, por ejemplo: la disminución de la viabilidad de la bacteria o la fiabilidad de la respuesta, según lo complejo del diseño experimental.
El Grupo de Computación Natural de la Universidad Politécnica de Madrid junto con el grupo Rizosfera-UAM, en un artículo publicado recientemente en la revista Natural Computing, han propuesto una alternativa para que se puedan resolver problemas matemáticos complejos en un simple tubo de ensayo.
Dicha alternativa consistiría en dividir las tareas entre varias estirpes de bacterias, en vez de utilizar una única estirpe bacteriana modificada. Partiendo de esta premisa, los investigadores proponen diseñar bacterias “a la carta” mediante modificación genética, que respondan de una manera determinada y con una intensidad dada ante una señal química presente en el ambiente.
(Foto: UAM)
Así, y a modo de ejemplo, han mostrado cómo se deberían modificar tres bacterias para resolver un problema lógico simple, a saber, determinar si en un medio dado aparece uno y sólo uno de dos compuestos químicos determinados produciendo o no una proteína fluorescente como respuesta.
Dada la versatilidad de este sistema, las aplicaciones a desarrollar pueden ser múltiples.
Por ejemplo, se podrían construir dispositivos de tamaño reducido y con un bajo impacto ambiental capaces de determinar qué contaminantes y en qué cantidad hay en un embalse con destino al consumo humano. Además, dada la gran cantidad de bacterias que pueden crecer en un volumen mínimo, los investigadores consideran que se encuentra ante la posibilidad de construir microcircuitos que podrían permitir resolver problemas matemáticos complejos. (Fuente: UAM)
lunes, 29 de agosto de 2011
Vinculan El Niño con el aumento de conflictos civiles
Un equipo interdisciplinar del Instituto de la Tierra de la Universidad de Columbia (EE UU) relaciona el fenómeno climático de Oscilación del Sur El Niño (ENSO, por sus siglas en inglés) y la incidencia de conflictos violentos. Según el estudio, publicado en la revista Nature, El Niño ha tenido un papel importante en el 21% de las guerras civiles en todo el mundo de 1950 a 2004.
“Está documentado que El Niño conduce a situaciones de sequía y calor en todo el trópico, y que estas condiciones tienen importantes efectos negativos en las sociedades”, declara a SINC Kyle Meng, investigador de la Universidad de Columbia (EE UU) y coautor de un estudio sobre la relación entre este fenómeno climático y la incidencia de guerras.
El trabajo recaba datos de los conflictos civiles ocurridos desde 1950 a 2004 a través del Centro para el Estudio de las Guerras Civiles de Noruega.
Los resultados indican que la probabilidad de que ocurran conflictos durante los años de El Niño, cuando las condiciones meteorológicas son por lo general más cálidas, es dos veces mayor que en los años más fríos de La Niña. “Esta es la primera demostración de que la estabilidad de las sociedades modernas se relaciona fuertemente con el clima mundial”, apuntan los autores del estudio.
“Se ha sugerido que los cambios climáticos globales han sido responsables de los incidentes de violencia generalizada e incluso el colapso de las civilizaciones”, señala el estudio. “Sin embargo, la mayor parte del apoyo a esta idea ha sido anecdótica y las metodologías que rigen los estudios cuantitativos no han arrojado resultados concluyentes”.
Las cifras señalan que El Niño ha podido estar relacionado de manera importante con el 21% de las guerras civiles de todo el mundo, y cerca del 30% en los 90 países tropicales afectados directamente por él. Además, los expertos sugieren que el ‘caos’ en lugares como Somalia está aumentando por el calentamiento global.
Los científicos apuntan que el fenómeno de El Niño está vinculado con pérdidas en los cultivos de gran tamaño, escasez de alimentos y aumento de los precios. “En los países con una economía basada en la agricultura, una mala cosecha puede conducir a un aumento del desempleo y desestabilizar a la sociedad, que puede tomar la decisión de luchar de forma más activa”, afirma Meng.
También han descrito cómo en otros lugares El Niño se correlaciona con un aumento de los desastres naturales, como huracanes, y la propagación de enfermedades infecciosas. “Existen además explicaciones no económicas. Algunos trabajos recientes de sociólogos han demostrado que las personas son más agresivas cuando las temperaturas suben”, indica el investigador.
Por otro lado, este fenómeno no perturba a todos los países de la misma forma. Solomon M. Hsiang, autor principal del estudio, asegura que países como Australia, que se ha visto afectado por El Niño, nunca ha conocido una guerra civil.
![En rojo, los países donde la mayoría de la población vive en zonas muy cálidas durante los años de El Niño. (Imagen: Nature) [Img #3988]](https://lh3.googleusercontent.com/blogger_img_proxy/AEn0k_tz5Zw9NKVD_BstipX50UeYLgXzi2KO2D3rLAcKroL6kh_uILQBUreI2QbF9CB9PZfTz9mAveCkmdDgpFFBKUYrhKDAh2OWmRSeT1wUgpZh1AG6lYPYt5vwxR_ScLnMQAgIZTU=s0-d)
En contraste, en 1982, este evento climático golpeó a la empobrecida sierra de Perú, destruyendo las cosechas. “Ese año los ataques del movimiento guerrillero Sendero Luminoso se convirtieron en una escalada de violencia durante 20 años de guerra civil que aún continúa en la actualidad”, explica Hsiang.
Otros países en los que se han enquistado los conflictos durante El Niño son El Salvador, Filipinas y Uganda (1972), Angola, Haití y Myanmar (1991), y el Congo, Eritrea, Indonesia y Ruanda (1997).
Los científicos plantean que sus hallazgos podrían mejorar la prevención global de algunos conflictos y crisis humanitarias asociadas. “Sin embargo, la generalización de estos resultados requiere una comprensión más profunda de los mecanismos que relacionan el conflicto con el clima”, señalan.
“Tenemos la sospecha de que todos estos conflictos se están produciendo de forma simultánea durante los eventos de El Niño. El reto está en identificar cuál de estos problemas se está produciendo, cuándo y dónde”, concluye Meng. (Fuente: SINC)
“Está documentado que El Niño conduce a situaciones de sequía y calor en todo el trópico, y que estas condiciones tienen importantes efectos negativos en las sociedades”, declara a SINC Kyle Meng, investigador de la Universidad de Columbia (EE UU) y coautor de un estudio sobre la relación entre este fenómeno climático y la incidencia de guerras.
El trabajo recaba datos de los conflictos civiles ocurridos desde 1950 a 2004 a través del Centro para el Estudio de las Guerras Civiles de Noruega.
Los resultados indican que la probabilidad de que ocurran conflictos durante los años de El Niño, cuando las condiciones meteorológicas son por lo general más cálidas, es dos veces mayor que en los años más fríos de La Niña. “Esta es la primera demostración de que la estabilidad de las sociedades modernas se relaciona fuertemente con el clima mundial”, apuntan los autores del estudio.
“Se ha sugerido que los cambios climáticos globales han sido responsables de los incidentes de violencia generalizada e incluso el colapso de las civilizaciones”, señala el estudio. “Sin embargo, la mayor parte del apoyo a esta idea ha sido anecdótica y las metodologías que rigen los estudios cuantitativos no han arrojado resultados concluyentes”.
Las cifras señalan que El Niño ha podido estar relacionado de manera importante con el 21% de las guerras civiles de todo el mundo, y cerca del 30% en los 90 países tropicales afectados directamente por él. Además, los expertos sugieren que el ‘caos’ en lugares como Somalia está aumentando por el calentamiento global.
Los científicos apuntan que el fenómeno de El Niño está vinculado con pérdidas en los cultivos de gran tamaño, escasez de alimentos y aumento de los precios. “En los países con una economía basada en la agricultura, una mala cosecha puede conducir a un aumento del desempleo y desestabilizar a la sociedad, que puede tomar la decisión de luchar de forma más activa”, afirma Meng.
También han descrito cómo en otros lugares El Niño se correlaciona con un aumento de los desastres naturales, como huracanes, y la propagación de enfermedades infecciosas. “Existen además explicaciones no económicas. Algunos trabajos recientes de sociólogos han demostrado que las personas son más agresivas cuando las temperaturas suben”, indica el investigador.
Por otro lado, este fenómeno no perturba a todos los países de la misma forma. Solomon M. Hsiang, autor principal del estudio, asegura que países como Australia, que se ha visto afectado por El Niño, nunca ha conocido una guerra civil.
En rojo, los países donde la mayoría de la población vive en zonas muy cálidas durante los años de El Niño. (Imagen: Nature)
En contraste, en 1982, este evento climático golpeó a la empobrecida sierra de Perú, destruyendo las cosechas. “Ese año los ataques del movimiento guerrillero Sendero Luminoso se convirtieron en una escalada de violencia durante 20 años de guerra civil que aún continúa en la actualidad”, explica Hsiang.
Otros países en los que se han enquistado los conflictos durante El Niño son El Salvador, Filipinas y Uganda (1972), Angola, Haití y Myanmar (1991), y el Congo, Eritrea, Indonesia y Ruanda (1997).
Los científicos plantean que sus hallazgos podrían mejorar la prevención global de algunos conflictos y crisis humanitarias asociadas. “Sin embargo, la generalización de estos resultados requiere una comprensión más profunda de los mecanismos que relacionan el conflicto con el clima”, señalan.
“Tenemos la sospecha de que todos estos conflictos se están produciendo de forma simultánea durante los eventos de El Niño. El reto está en identificar cuál de estos problemas se está produciendo, cuándo y dónde”, concluye Meng. (Fuente: SINC)
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