miércoles, 18 de enero de 2012

Transmisión del pensamiento, telepatía, percepción extrasensorial, memoria global. ¿Hasta dónde podría llegar el ser humano con tecnología?


Kevin Warwick muestra la marca de una pequeña cicatriz que le dejó la implantación quirúrgica de un chip que se puso en la parte interna de la muñeca hace nueve años. El dispositivo tenía 100 electrodos, forma rectangular y el tamaño de una hormiga. Desde entonces, a Warwick, de 57 años, profesor de Cibernética de la Universidad de Reading en Inglaterra, se le conoce como Doctor Cyborg. Sus investigaciones para alcanzar la fusión perfecta entre biología y tecnología, entre seres humanos y máquinas, lo llevaron, en 2002, a conectar su sistema nervioso a un ordenador. Desde la Universidad de Columbia en Nueva York, a través de Internet, pudo mover una mano electrónica que estaba en la Universidad de Reading, al otro lado del Atlántico. Las señales neuronales de su cerebro habían viajado a través de la Red de manera instantánea, como si fuera un e-mail o un mensaje vía chat. "Esto demostró que alguien con la mano amputada podría tener una mano artificial controlada por su cerebro, pero no tendría por qué estar necesariamente unida a su cuerpo, sino que podría estar en cualquier parte", explicó Warwick entonces. "Esto quiere decir que en el futuro nuestro cuerpo podría llegar a ser tan grande como la Red. Nuestro sistema nervioso e Internet llegarían a ser uno solo".
Warwick habla de manera pausada y en su laboratorio tiene más de un robot moviéndose como si tuviera vida propia. Entre sus experimentos está el de utilizar las células cerebrales de una rata para que los pequeños robots tomen decisiones propias. Poco tiempo después de conseguir que la mano artificial respondiera a sus impulsos nerviosos, Warwick convenció a su mujer para que se implantara un dispositivo en la muñeca. La idea parecía ser osada y quizá algo romántica: lograr que la pareja se comunicara sin necesidad de palabras. Las señales neuronales de Irene se enviaron a la Red y el resultado fue asombroso: cada vez que ella abría y cerraba la mano, Kevin recibía pulsaciones en el cerebro. "La comunicación entre los cerebros humanos sin necesidad del habla es inminente", asegura.
Según Warwick, el modo en que nos comunicamos los humanos resulta "patético". Para el investigador, el problema radica en los canales, a los que él llama interfaces, "que tienen un grave problema a la hora de conectarse con el cerebro" y generan "atascos". "Contamos con señales complejas en nuestro cerebro, pero seguimos presionando para convertirlas en esta forma mecánica de formar palabras que es un mensaje trivial codificado que no tiene relación alguna con lo que estamos pensando. Incluso, cuando has estado casado 50 años, tu mujer te dice: "¡Qué dices, qué estabas pensando!". Si pudiéramos enviar señales eléctricas de cerebro a cerebro, eso nos daría una nueva forma de comunicación en términos de color, gráficos, imágenes, ideas y conceptos".
¿Telepatía? "Dentro de poco concebiremos el habla como algo gutural", dice el investigador imitando sonidos arcaicos, "tal como vemos la comunicación de nuestros antepasados ahora. Ahora, lo que trato es de averiguar qué será lo siguiente. Con la inteligencia artificial sabemos que los ordenadores piensan más rápido que nosotros y que tienen mejor memoria. ¿Por qué no disfrutar de estas ventajas?".
Los detractores que apelan a la ética en sus investigaciones no han evitado las críticas. "No entiendo qué hay de malo en utilizar la tecnología en nuestro cuerpo, si vamos a ser capaces de extender nuestros sentidos y mejorar como personas. No tenemos nada que perder", dice Warwick, que cree firmemente en la conexión con las máquinas como un paso adelante en la evolución humana. "¿Por qué aceptar los límites del cerebro humano si podemos tener un cerebro mucho más poderoso constituido en parte por silicio?".
Paralelamente a la extensión pura de las habilidades humanas, las investigaciones de Warwick no han dejado de lado el aspecto terapéutico para buscar, por ejemplo, alguna alternativa al Parkinson. Según el investigador, la inteligencia artificial puede predecir, a partir de señales cerebrales, cuándo van a empezar a producirse los temblores típicos de la enfermedad y, segundos antes del temblor, podría enviarse una señal eléctrica para detenerlos. En el futuro, según él, cuando tengamos dolores de cabeza podríamos paliarlos con impulsos eléctricos en vez de tomar pastillas. Lo que faltaría saber es qué tipo de señales eléctricas mandar y adónde exactamente.
Otro de los cambios que tendrían que darse, según él, sería la superación de la tridimensionalidad con la que percibimos las cosas. "Me gustaría pensar en más de tres dimensiones, pero no puedo. Sin embargo, conectado a un ordenador, sí podría". "Los humanos solo percibimos el 5% de lo que ocurre a nuestro alrededor. La percepción del mundo está muy limitada".
¿Y la memoria? La "memoria global", como la llama Warwick, no sería otra cosa que el almacenamiento de nuestros recuerdos en una inmensa red, como ya ocurre con las llamadas clouds (nubes) que en Internet guardan la información sin la necesidad de un espacio físico. "No tendríamos que recordar nada, todo estaría ahí. Esa función de nuestro cerebro quedaría libre para hacer otras cosas. Seríamos más creativos".
En apariencia seremos iguales, "salvo por el detalle de tener implantados cinco o seis microchips dentro del cuerpo que nos proporcionarán puertos USB al mundo exterior para así estar todos conectados". Y termina: "Creo que tarde o temprano va a ocurrir. Los avances tecnológicos ya están aquí, al alcance de la mano; solo insisto en que deberíamos aprovecharlos".

jueves, 1 de diciembre de 2011

Deixis en los cuervos

Si crees que solo los humanos y los grandes simios son capaces de señalar objetos para atraer la atención de otros individuos sobre ellos, te equivocas. Científicos del Instituto Max Planck de Ornitología (Alemania) y de la Universidad de Viena (Austria) han descubierto que los cuervos comunes (Corvus corax) también tienen la costumbre de señalar, aunque en su caso no lo hacen con el dedo sino con el pico.

Desde que cumplen nueve meses, y antes de aprender a hablar, los bebés humanos hacen gestos para llamar la atención sobre objetos, ya sea señalándolos con las manos (“mira allí”) o sosteniéndolos (“toma esto”). Estos recursos prelingüísticos se denominan gestos deícticos. Y, sorprendentemente, aunque son relativamente raros en el resto de los grandes simios, hay otros animales que sí los utilizan: los cuervos. Tal y como han podido comprobar Simone Pika y sus colegas estuiando una comunidad de cuervos en Grünau (Austria), estas aves usan sus picos como si fueran manos para enseñar y mostrar objetos como musgo, piedras y pequeñas ramas. Estos gestos suelen estar dirigidos a compañeros del sexo opuesto y, como respuesta, el destinatario normalmente se aproxima al objeto, lo que confirma que se ha producido una comunicación. Además, tras los gestos, los cuervos interactúan entre sí y con el objeto, según explican los autores en la revista Nature Communications.

“El misterio de los orígenes del lenguaje humano solo se puede resolver si miramos todo el conjunto y, además de estudiar a los grandes simios, tenemos en cuenta los complejos sistemas de comunicación de otros grupos animales”, sotiene Pika.

Hallan la ecuación del comportamiento colectivo

"¿Dónde va Vicente? Donde va la gente". Con esta frase el refranero recoge uno de los principios básicos del comportamiento colectivo, ya que los animales sociales se fijan en el modo de comportarse de los otros para tomar ciertas decisiones. Científicos del Instituto Cajal (CSIC) han deducido por primera vez una ecuación matemática que recoge las reglas por las que se rige el comportamiento colectivo. El trabajo ha sido publicado en el último número de la revista PLoS Computational Biology.

Los animales sociales no toman decisiones de forma aislada, sino que lo hacen dentro de un contexto que depende del comportamiento de los otros. Así es como un grupo actúa de forma coordinada, dando lugar al comportamiento colectivo.

Tras obtener las nuevas reglas, los investigadores del CSIC Alfonso Pérez Escudero y Gonzalo García de Polavieja las pusieron a prueba con datos experimentales ya existentes sobre el pez espinoso (Gasterosteus aculeatus). Y confirmaron que sus reglas predecían los resultados de todos los experimentos. "Los peces, como animales sociales que son, emplean el comportamiento de los demás para mejorar sus propias decisiones. Su supervivencia depende en buena parte de las estimaciones. Por ejemplo, estiman probabilísticamente si hay comida en un lugar por lo que ven de ese lugar y por cuántos animales se dirigen ya hacia allí y hacia otros lugares", aclaran los investigadores del CSIC.

El modo de comportarse de los otros aporta, por tanto, una corriente continua de información indirecta sobre el medio. La ambigüedad de los datos sensoriales y la capacidad limitada de procesar toda esa información hacen que exista cierta incertidumbre a la hora de tomar decisiones.

Según ha difundido el CSIC, el trabajo servirá de base para futuras investigaciones sobre la importancia de las estimaciones en la búsqueda de pareja o comida y en el funcionamiento del cerebro. "Nuestro análisis permite seguir estudiando si el comportamiento social colectivo surge de un cúmulo de factores, incluidos la memoria, el aprendizaje y la forma de percibir", aseguran García de Polavieja y Pérez Escudero. "Ahora podemos hacer experimentos de manipulación del cerebro para ver cómo se entremezclan todos estos elementos", añaden.

Ciclo hormonal en el hombre

¿Estás decaído y apático? ¿Duermes mal y te enfadas por cualquier cosa? ¿Tu apetito sexual ha disminuido? Aunque pudiera parecerlo, no estoy describiendo el síndrome premenstrual, sino algunos síntomas del denominado síndrome de déficit de la testosterona, que los expertos aseguran sufre el diez por ciento de la población masculina mundial.
“El hombre tiene un ritmo hormonal que varía a lo largo de su vida y que no tiene que ver con la reproducción, como sucede en la mujer”, asegura Ana Puigvert, presidenta de la Asociación Española de Andrología.
Y cuando hay menos de 8 nanogramos por mililitro de esta hormona pululando por su organismo, sufre estos síntomas, que a menudo se confunden con otras enfermedades, como ansiedad y depresión. “Algo que se soluciona con una simple sustitución de la testosterona perdida con un tratamiento hormonal”, asevera Puigvert.
De hecho, hace poco, el cantante Robbie Williams aseguró haber padecido este síndrome. Según sus declaraciones a la revista británica Esquire, su médico le aseguró que tenía la testosterona de un hombre de 100 años, y que desde que se ha puesto en tratamiento le ha cambiado la vida. “Sobre todo, sexualmente”, apuntó.
Además, según el andrólogo Ignacio Moncada: “Hay prácticas relacionadas con el ambiente que permiten ascensos y descensos de esta hormona. Practicar más sexo, hacer deporte y una buena alimentación pueden ayudarnos a mantener los niveles de testosterona en su estado óptimo”.
Incluso hay estudios que aseguran que dormir entre 6 y 8 horas, y controlar el estrés también benefician la segregación de testosterona. Vamos, una receta mágica para casi todo. Pero ¿por qué es tan importante esta hormona en la vida del hombre?
Esencia masculina
Ya en el vientre de la madre, hasta que a las cuatro semanas de gestación comienza la producción de testosterona, cualquier embrión humano es en esencia una mujer. Y es solo gracias a esta hormona que el proceso vira hacia la formación de un varón. Se produce así la primera aparición estelar de la testosterona en tu vida. Tal es la influencia de esta hormona en esta etapa que, según los científicos, es la culpable de que los niños jueguen a la guerra y las niñas a las casitas. Una investigación realizada en la Universidad de Texas A&M mostró a 21 niños y 20 niñas entre 3 y 4 años a imágenes de balones y muñecas, y determinó que aquellos que habían sido expuestos a mayor cantidad de testosterona en el útero tenían una clara preferencia por los juguetes típicamente masculinos. Pero esto no es todo.
Pubertad infantil
Durante el primer año de vida, el bebé varón pasa por lo que se denomina “pubertad infantil”. ¿En qué consiste? Pues según Louanne Brizendine en su libro  El cerebro masculino: “En que su cerebro contiene tanta testosterona como la que tendrá de adulto. Gracias a ella desarrollará los circuitos neuronales que definen la conducta exploratoria típica de los bebés y los movimientos musculares bruscos”.
Entonces, el bebé entra en una especie de letargo hormonal, la infancia, hasta que a los nueve años comienza otro repunte en la producción de testosterona, que entonces llega a multiplicarse por veinte. Es el inicio de la adolescencia, en el que la hormona masculina colabora en la formación de las características físicas que darán paso al hombre sexualmente activo y a los circuitos nerviosos que definirán sus funciones biológicas. ¿Cuáles? La detección rápida de las hembras, el deseo sexual y la defensa del territorio
Más tarde, al llegar a la madurez, los niveles de testosterona se mantendrán más o menos estables para alcanzar los objetivos prioritarios en esta etapa: alcanzar el éxito social y encontrar una pareja estable.
Una vez conseguidas ambas metas, se produce otro descenso en la producción de esta hormona, que marca sus niveles más bajos cuando llega la paternidad.
Hombres duros
Y es que la naturaleza es sabia, y cuando un hombre tiene un hijo empieza a segregar otras hormonas (la prolactina y la oxitocina) que le ayudarán a criar y proteger a su vástago. Así que parece que, al final, la ciencia ha demostrado que los hombres tienen comportamientos regidos por estas moléculas que recorren su torrente sanguíneo. Estudios de endocrinología del comportamiento sugieren que niveles altos de testosterona están asociados con menor receptividad a las señales afectivas, que facilitan comportamientos empáticos. Así, según un estudio de la Universidad de Colombia publicado en Journal of Experimental Social Psychology, los altos niveles de testosterona conducen a tomar decisiones de una manera menos afectiva, más práctica. Quizá ahí resida la fama de los hombres de ser más prácticos que las mujeres.

De hecho, cuando el hombre va cumpliendo años y se reducen sus niveles de testosterona emprende proyectos más utópicos, relacionados con los afectos. Y es que a esas edades la testosterona deja paso a otras hormonas, como la oxitocina y los estrógenos, habitualmente relacionadas con la mujer.
La tercera fase
En la práctica, estos cambios bioquímicos se traducen en actitudes más femeninas. Por eso es habitual ver cómo en la vejez hombres rudos en su juventud se “ablandan” mucho y comienzan a tener muestras de cariño antes impensables.
Hay estudios que incluso corroboran que los hombres maduros mejoran su capacidad para leer las expresiones faciales de los otros; es decir, tienen más empatía. En realidad, en cuestiones de testosterona es como una vuelta a la infancia. Hormonalmente hablando, claro.
Por eso, el debate entre los expertos está actualmente en si esta reducción de testosterona que se produce con la edad no debería ser considerada como una enfermedad que tratar, sino como un signo del envejecimiento más, al que hay que dejar seguir su curso.
Según el andrólogo Ignacio Moncada: “A partir de los 48 o 50 años la mayoría de los hombres empieza a reducir su producción de testosterona a razón de un 1% anual. Esto se traduce en cambios físicos, como crecimiento del abdomen, cansancio, falta de apetito sexual, pérdida de memoria y de sueño; así como otros psíquicos, como depresión e irritabilidad”. Así, la doctora Puigvert apunta: “Creo que, a partir de los 48 años, al igual que se pide un análisis de medidores tumorales para detectar el cáncer de próstata, debería pedirse uno de testosterona biodisponible. Algo que es posible con solo pedírselo a nuestro médico de cabecera o dirigirse a un especialista, un andrólogo o endocrino”.
 
Por último, aunque como hemos visto su importancia es innegable, no es culpable de todo lo que se le achaca.
Tradicionalmente, la literatura científica ha asegurado que la testosterona era la mecha que encendía la agresividad. Sin embargo, estudios recientes afirman que no es cierto.
Ni agresiva, ni cancerígena
Uno de ellos, realizado en la Universidad de Zúrich, concluye: “La testosterona induce al comportamiento antisocial en los seres humanos, pero más a causa de nuestros propios prejuicios sobre sus efectos que a causa de un actividad biológica real”.
En este experimento se dio, o bien testosterona, o bien placebo a 120 individuos y se analizó su conducta posterior en un juego. Resultó que, sorprendentemente, fueron los del placebo los que finalmente eran más agresivos.
De hecho, según Puigvert: “Esta idea viene de estudios realizados en la década de 1980, en los que se halló que varios asesinos en serie tenían niveles altos de testosterona. Estudios que no son de fiar, porque en esa época las mediciones hormonales no eran muy exactas y no había un consenso científico al respecto”.
Otro de los bulos más extendidos es la relación entre los tratamientos con testosterona y el cáncer, sobre todo el de próstata. Según Puigvert: “Esta creencia se debe a un artículo publicado en los años 50 que describía el caso de un solo hombre que estaba siendo tratado con testosterona y desarrolló este cáncer. Pero actualmente se ha demostrado ya que hay más tasa de cáncer entre quienes tienen niveles bajos de testosterona que entre quienes los tienen normales”.

jueves, 17 de noviembre de 2011

La Desgracia afecta nuestra percepción

La desgracia afecta a la percepción de los sentidos. Se dice que en situaciones adversas nuestros sentidos agudizan su percepción y supuestamente se nos quedan grabadas imágenes y sonidos.

Resultados de una investigación científica afirman lo contrario. Lo que percibimos en un contexto de adversidad, en una situación traumática no lo percibimos de forma tan nítida como lo aprendido en otras circunstancias.

Traumas, desgracia y nuestra percepción

  • Ya otras investigaciones avanzaban en esta dirección.  Aquello que se decía hace años de,  la letra con sangre entra, en referencia al castigo físico usado en otras épocas era muy poco pedagógico.
  • Los resultados de una reciente investigación realizada por el Instituto Weizmann,  revelan que lo que aprendemos en contextos de adversidad, o trauma son  menos claras que las que aprendemos en otros contextos.
  • Parece en las situaciones traumáticas es más fácil nuestros sentidos se dispersen.
  • Los resultados obtenidos hacen pensar que esta tendencia está en la raíces de nuestra evolución como especie y podría explicar trastornos de ansiedad y otros  como el síndrome de estrés postraumático.d9a39_Post-Vacation-Blues-Pic

La investigación

  • Para investigar cómo percibimos  en situaciones desfavorables el Dr Rony Paz del Dpto de Neurobiología del Instituto Weizmmann junto a su ayudante Jenifer Resnik evaluaron a unos voluntarios que tenía que  aprendieron que determinados sonidos iban seguido de un estímulo desagradable, como un mal olor, otros tonos eran seguidos de algún estímulo agradable y otros por  nada.
  • Los resultados de los umbrales de percepción de los voluntarios fueron evaluados después para comprobar cómo habían sido capaces de distinguir los tonos seguidos de algún estimulo desagradable o  malo o  y los tonos seguidos de algo agradable o de algo neutral.
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Los resultados

  • Tal como era previsible según otras investigaciones anteriores, los resultados en las condiciones positiva o neutras eran mejores que en la condición del estímulo desagradable.
  • Los voluntarios tenía mejores resultados en la discriminación de tonos cuando los estímulos que seguían eran positivos o neutros, sin embargo si eran negativos o desagradables sus resultados empeoraba.
  • De tal forma que los voluntarios después de enterarse de que un determinado tono se asociaba con algo desagradable, no podían distinguir ese tono de otros similares, a pesar de haberlo realizado antes en condiciones normales.
  • No importa lo bien que hubieran distinguido los tonos antes o aprendido cosas nuevas, si recibían un refuerzo aversivo (un tono seguido de algo desagradable) los sujetos tenían mayores  dificultades para diferenciar los tonos entre sí.
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Según el Dr Rony Paz
Esto probablemente tiene sentido pensando  en nuestro pasado evolutivo. Si ya he escuchado el sonido de un león atacando, la supervivencia podría depender de un ruido similar y esto mantendría alerta los instintos ante la posibilidad de tener que salir corriendo, en lugar de considerar si el sonido es realmente un gruñido o solo algo parecido.
Rony Paz cree que esta tendencia podría ser más fuerte en personas que sufren síndrome de estrés post-traumático. Por ejemplo muchos de los testigos de los ataques del 11 de septiembre en Nueva York, desarrollaron estrés postraumático.
Los rascacielos les producían rechazo,incluso otros edificios altos que nada tenían que ver con las torres gemelas les seguían provocando rechazo. Sobre una base instintiva es posible que sencillamente asocien cualquier edificio alto con una experiencia traumática.
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El equipo de científicos investiga esta idea, entre otras cosas esperan identificar las áreas del cerebro que están involucradas en el establecimiento de los diferentes niveles de percepción. De esta forma se podrá saber más sobre el desarrollo de trastornos como la ansiedad o el estrés postraumático.

La capacidad de decisión de una célula es de 0,92 bits

Se ha conseguido determinar el número de posibles decisiones que una célula individual puede tomar después de recibir información de su entorno, y, en esencia, son sólo dos. Sin embargo, conforme aumenta el número de células que trabajan juntas, también lo hace la capacidad de decisión del grupo.

El estudio pionero en el que se ha hecho este hallazgo combina las matemáticas con experimentos en células vivas, para traducir el funcionamiento interno de la toma de decisiones de la célula en un lenguaje matemático universal, permitiendo que el procesamiento de información en las células sea comparado con el procesamiento de datos que tiene lugar en los ordenadores.

Esta nueva y llamativa investigación también demuestra por qué es ventajosa para las células la estrategia de cooperar entre ellas: Al formar parte de organismos multicelulares, logran superar su limitada capacidad de toma de decisiones.

Cada célula interpreta una señal proveniente del entorno de una manera diferente. Pero si muchas células actúan juntas, generando así una respuesta colectiva, el resultado puede eliminar las diferencias en la interpretación de la señal, en tanto que refuerza los rasgos comunes de las respuestas.

Un bit de información representa dos opciones: sí o no, encendido o apagado, o uno o cero en código binario, utilizado por los programas informáticos. Dos bits duplica la cantidad de opciones a cuatro, y así sucesivamente para cada bit agregado.

A fin de determinar cuántos bits de información tiene una célula para cada decisión, el equipo de Andre Levchenko, del Instituto Johns Hopkins para Ingeniería Celular, tuvo que medir una decisión biológica real en progreso. Los investigadores decidieron examinar los efectos de un conocido estimulante celular, una proteína llamada TNF, responsable de la activación de la respuesta inflamatoria en el cuerpo. Cuando las células detectan TNF en su superficie, transmiten un mensaje que envía una proteína mensajera al núcleo para activar los genes de la inflamación.

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Conexión sináptica neuronal. (Ilustración: NIMH)
 
 
 

Los investigadores administraron distintas cantidades de TNF a células de ratón en placas de Petri, y luego determinaron si el mensajero llegó al núcleo. Acoplaron al mensajero un marcador luminoso, de modo que cuanto más grande fuese la cantidad de mensajero presente en el núcleo, más brillante se viera éste bajo el microscopio. Los investigadores utilizaron un programa informático para cuantificar el brillo del núcleo después de la adición de TNF, con lo que pudieron calcular que la respuesta de una sola célula era de 0,92 bits de información, lo que, esencialmente, permite dos decisiones posibles.

Los investigadores también examinaron la idea de que las células podrían responder colectivamente a estímulos para tomar decisiones en conjunto. Volvieron a cuantificar el brillo del núcleo en respuesta a la TNF, pero esta vez examinaron grupos de células. Encontraron que grupos de tan pocas células como 14 podían producir 1,8 bits de información, correspondientes a entre 3 y 4 diferentes decisiones posibles para el grupo.

El hecho de que grupos de células puedan tomar más decisiones que células aisladas explicaría por qué ser multicelular es una opción provechosa en el mundo animal, y por qué las células a veces pueden lograr mucho más si trabajan juntas que si lo hacen por separado.

miércoles, 16 de noviembre de 2011

La influencia de ciertos genes en nuestros juicios morales

La opinión de que el fin justifica los medios es un tema candente de debate, sobre todo cuando se aplica a salvar vidas humanas. ¿Es aceptable causar la muerte de un ser humano si con ello se logra evitar la muerte de otros? En casos como el de tener que disparar contra un asesino para evitar que mate a personas inocentes, la respuesta suele estar bastante clara. En otras situaciones, el dilema moral se vuelve más complejo.

La postura que cada persona adopta al respecto de ese dilema moral depende en buena parte de lo que le dicte su conciencia. Pero, según los resultados de un nuevo estudio, también depende en gran medida de lo que le dicte su genética particular.

El equipo de la psicóloga Abigail Marsh, de la Universidad de Georgetown,  Estados Unidos, acaba de presentar la primera evidencia de que un genotipo particular puede afectar al modo en que la gente toma esa clase de decisiones.

En su investigación, Marsh y sus colegas constataron que las personas con el alelo largo de un gen específico (un transportador de serotonina) presentaban una mayor tendencia a considerar aceptable un peligro elevado de dañar a una persona inocente a cambio de salvar a otras, en comparación con los portadores del alelo corto del mismo gen.

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Los poseedores de un alelo largo de un gen específico (un transportador de serotonina) presentan una mayor tendencia a considerar aceptable un peligro elevado de dañar a una persona inocente a cambio de salvar a otras. (Imagen: Georgetown U.)





Que se sepa, ésta es la primera vez que se determina la existencia de una asociación entre un genotipo particular y diferencias entre individuos en cuanto a juicios morales.

Marsh reunió los datos mientras trabajaba en el Instituto Nacional estadounidense de Salud Mental, y colaboró con colegas del Instituto Nacional estadounidense sobre el Abuso del Alcohol y el Alcoholismo.