jueves, 20 de junio de 2013

Tanganika, 1962: El mayor ataque de risa de la historia


El 30 de enero de 1962 tres niñas, alumnas una residencia femenina de Kashasha, en la costa del Lago Victoria, en el país que entonces se conocía como Tanganika, empezaron a bromear en clase. Sus risas cantarinas contagiaron a sus compañeras, que se pusieron a reír, al principio, divertidas; a las horas, histéricamente. 95 de las 159 alumnas de la escuela cayeron contagiadas por el ataque, que duraba entre 8 horas y 16 días en los casos más graves. Los profesores no se vieron afectados pero no podían concentrarse, de modo que el colegio tuvo que cerrar sus puertas el 18 de marzo.
Lo peor estaba por llegar: una vez cerrada la escuela, las niñas fueron enviadas a sus respectivos hogares, dispersando la epidemia de risas. Diez días después del cierre, el 28 de marzo, llegó al asentamiento de Nshamba, 80 kilómetros al oeste, donde vivían varias de las niñas. Durante los meses siguientes, 217 personas de los 10.000 habitantes sufrían continuos ataques de risa, sumando adultos de ambos sexos y las mismas niñas que llevaron la risa.
Entre tanto, la epidemia de risa llegó a otra escuela secundaria en las afueras de Bukoba, en las proximidades de la primera. En esta ocasión fueron 48 las niñas afectadas de un total de 154. Una vez más, la escuela se vio obligada a cerrar y las alumnas enviadas a sus respectivos hogares, con el consiguiente contagio de los habitantes de los pueblos de Kanyangereka, Ramashenye y otros pueblos del área. El ataque de risa traspasó las fronteras de lo que hoy es Tanzania para penetrar en Uganda.


Risueñas niñas ugandesas.
Si, llegados a este punto, crees que los afectados se lo estaban pasando bucanero con sus risas, estás muy equivocado. Los síntomas de los ataques -según el prolijo relato de los hechos realizado por dos médicos que analizaron los hechos- consistían en “ataques de risa y llanto durante unos minutos o unas horas, seguidos por períodos de descanso y vuelta a empezar”. Algunos de los afectados empezaron a pensar que alguien les perseguía. Unas cuantas alumnas no pudieron acabar el curso, por los efectos secundarios del ataque.
¿Qué causó la risa? ¿Un virus, una histeria colectiva o un chiste extraordinariamente gracioso? “No lo sabemos”, dice el psiquiatra Kroeber Rugenetinu, que tuvo ocasión de investigar los acontecimientos en directo, en el documental “Laughology”, que se interesó por el caso. Los médicos tomaron muestras de sangre de los afectos y los enviaron a Europa para analizar.
El diagnóstico, según Rugenetinu: “N.A.D.: Nada Anormal Detectado”. El estudio original de los doctores Philip y Rankin, apunta una posible histeria colectiva en la que “el contagio se produce simplemente por ver reír a otra persona, independientemente de si el motivo original de la risa ha desaparecido”.
Los habitantes de Bukoba sospecharon que la harina de maíz había sido envenenada (existían precedentes, aunque entonces no se sabía: el envenenamiento con LSD de los habitantes de Point-Saint-Esprit que realizó la CIA en 1951), o incluso que la atmósfera había sido contaminada por las explosiones nucleares que se estaban llevado a cabo en el mundo.
-“Epidemia de risas en el distrito de Bukoba en Tanganyika”. La epidemia, en la Wikipedia.
Y además:
-El tarantismo de 1375 o la primera rave de la historia.

Epidemia de la risa de Tanganica

 
El rumor de que en 1962 habría ocurrido un brote de histeria en masa, o la enfermedad psicogénica masiva (MPI)(siglas en inglés) en, o cerca, de la aldea de Kashasha en la costa occidental del Lago Victoria en la moderna nación de Tanzania (antiguamente denominada Tanganica), cerca de la frontera de Kenia dio origen a La epidemia de risa de Tanganica

El incidente

La epidemia de risa comenzó el 30 de enero de 1962 en una escuela misionera para niñas pupilas en Kashasha. La risa comenzó con 3 muchachas y se expandió caprichosamente a lo largo de toda la escuela, afectando a 95 de 1as 159 alumnas de entre 12 y 18 años.[2][3]. Los síntomas duraron entre unas pocas horas a 16 días en las afectadas. El cuerpo docente no fue afectado pero informó que las estudiantes eran incapaces de concentrarse en sus clases. La escuela se vio obligada a cerrar el 18 Marzo de 1962.
Luego de que la escuela cerrara y que las alumnas fueran enviadas a sus casas, la epidemia se extendió a Nshamba, un pueblo que hospedaba a varias de las chicas. En abril y mayo, 217 personas tuvieron ataques de risa en el pueblo, la mayoría de ellos niños en edad escolares y adultos jóvenes. La escuela de Kashasha reabrió el 21 de mayo para cerrar nuevamente a finales de junio. En junio, la epidemia de risa se extendió a la escuela media para mujeres de Ramashenye, cerca de Bukoba, afectando a 47 muchachas. Otro brote tuvo lugar en Kanyangereka y dos escuelas para niños cercanas fueron cerradas.
La epidemia de la risa de Tanganica a veces es entendida en el sentido de que miles de personas se ríen continuamente durante meses. Sin embargo, este podría no haber sido el caso. Otros informes dicen que la epidemia consistió en ocasionales ataques de risa entre grupos de personas, que se produjeron en toda la vecindad de la aldea de Kashasha a intervalos irregulares. De acuerdo a los informes, la risa causaba incapacidad cuando atacaba.[se necesita cita]. Los científicos confirman que la risa puede ser contagiosa.
La escuela de la que surgió la epidemia se cerró, los niños y los padres la transmitieron a los alrededores. Otras escuelas, la propia Kashasha, y otro pueblo, integrado por miles de personas, fueron afectados en cierta medida. Entre seis a dieciocho meses después de su inicio, el fenómeno se extinguió. Se han informado síntomas similares, a los de la risa, ocurridos a escala masiva: dolor, desmayos, problemas respiratorios, erupciones cutáneas, ataques de llanto y gritos histéricos sin sentido. En total cerraron 14 escuelas y 1000 personas se vieron afectadas.[se necesita la cita]

Fuentes

Enlaces externos

martes, 18 de junio de 2013

Los seres humanos destruimos una neurona por segundo


Santiago de Compostela. (Efe).- Los seres humanos destruimos una neurona por segundo, 86.400 al día, y aún así, una persona que viva 80 años tan solo habrá destruido, si no ha padecido una enfermedad neurodegenerativa, sobre un 3% de las neuronas que tiene en el cerebro.
El neurocientífico Xurxo Mariño (Lugo, 1969) utiliza, entre otros, este dato para tratar de hacer entender el inabarcable número de neuronas en el cerebro humano, unos 86.000 millones, de las que, asegura en una entrevista con Efe, se usan "todas".
Mariño es doctor en Biología por la Universidad de Santiago, profesor del departamento de Medicina de la Universidad de A Coruña, en donde participa en el grupo Neurocom y además ha estado dos años colaborando en el Massachussets Institute of Technology (MIT), en donde realizó experimentos en el departamento del encéfalo y ciencias cognitivas.
Los seres humanos destruimos una neurona por segundo
Acaba de publicar el libro Neurociencia para Julia, (ed. Laetoli), que se presenta el viernes 22 en la Domus de A Coruña y que contará con la participación del periodista especializado Antonio Martínez Ron. Se trata de un volumen "para todos los públicos" y que se diferencia de otras obras sobre el sistema nervioso en que se ha limitado a escribir "conocimientos sólidos sobre neurociencia", afirma.
"No divago, no es un ensayo. Procuré ir a lo sólido, sin irme por las ramas", asegura sobre esta obra divulgativa y de "educación científica", ya que el conocimiento científico básico es una herramienta "fundamental para actuar como ciudadano".
Mariño explica paso a paso el funcionamiento del sistema nervioso, con el encéfalo como gran protagonista, donde el cerebro es el órgano más conocido, y analiza con un lenguaje ameno y dibujos hechos por él mismo cómo a partir de impulsos eléctricos y reacciones bioquímicas entre las neuronas se va configurando la mente consciente.
Es un proceso apasionante, asegura Mariño, que no obvia las limitaciones de los estudios hasta ahora sobre la neurociencia y también el "solapamiento clarísimo" de esta disciplina con la filosofía. De hecho, asegura, hay una "frontera" entre estas áreas de conocimiento que se está moviendo y, por primera vez, "la neurociencia está respondiendo preguntas tradicionales de la filosofía".
Mariño advierte en su conversación con Efe de que el funcionamiento del sistema nervioso de los seres humanos ayuda a comprender que estamos "inventando gran parte del mundo que percibimos". Así, indica que los sonidos, los olores o los sabores "no existen más que en la mente de un ser humano", ya que fuera de ella solo hay perturbaciones del aire y sustancias químicas que son percibidas por las personas porque les han resultado "interesantes" durante su evolución como seres vivos.
Mariño también da una explicación en el libro de por qué no recordamos algo tras un golpe fuerte, e incluso justo antes, o tras un estado de ebriedad intenso y por qué se queda "la mente en blanco" o se ven algo parecido a "estrellitas", como en los dibujos animados e incluso de por qué 9 de cada 10 personas en todo el mundo son diestros.
También le gusta combatir el "mito" de que las personas no usan todas las neuronas o toda la capacidad del cerebro, ya que todas las neuronas deben tener actividad o de lo contrario "degeneran y desaparecen".
"Lo que pasa es que se les pueden dar distintos usos a través de una actividad cognitiva más intensa; lecturas reflexivas, ejercicios matemáticos y otros", asegura el investigador gallego, que sostiene que "cuando se les da más caña aumenta el número de conexiones, sinapsis, y esto genera mentes más eficaces, con más capacidad de almacenar conceptos".
Se muestra receloso de los resultados concretos que puedan obtener "proyectos hipercaros" -se habla de mil millones de dólares en diez años- sobre el estudio del cerebro impulsados a ambos lados del Atlántico como el Brain Activity Map o el Human Brain Project ya que "no parten de una hipótesis" concreta que se pueda comprobar mediante la experimentación, sino que recopilarán datos y al final, señala, a lo mejor, "no sabes nada".

¿La altura geográfica influye en cómo hablamos?


 ¿La altura geográfica influye en cómo hablamos?
Un nuevo estudio publicado en la revista PLOS ONE revela que existe un vínculo entre la altitud geográfica de un lugar y el modo de hablar de sus habitantes. Concretamente, las poblaciones que habitan en regiones más elevadas suelen hablar idiomas en los que predominan las consonantes eyectivas, es decir, que se producen cuando una abertura brusca de la glotis expulsa el aire previamente acumulado. Hay consonantes eyectivas en el 20% de las lenguas del mundo, entre ellos el zulú. Y el 87% de los idiomas con este tipo de consonantes están en las zonas más elevadas de los continentes, situadas por encima de los 1.500 metros sobre el nivel del mar.

Por otra parte, el estudio revela cuanto más aumenta la altitud sobre el nivel del mar, más probabilidad hay de que las consonantes se pronuncien emitiendo un fuerte chorro de aire. "La geografía influye en la fonología", concluye el antropólogo Caleb Everett, de la Universidad de Miami (EE UU), que ha encontrado evidencias de esto en la cordillera norteamericana, los Andes, el rift africano y las tierras altas etíopes, así como en las montañas del Cáucaso.

"Las consonantes eyectivas se producen creando una bolsa de aire comprimido en la faringe por el doble cierre, de la boca y de la glotis, que luego se expulsa", expone Everett. Dado que la presión del aire desciende con la altitud y cuesta menos trabajo comprimir dicho aire, el investigador especula "que es más fácil producir estos sonidos por encima de los 1.500 metros sobre el nivel del mar". Además, el estudio subraya que hay que tener en cuenta que estos sonidos se generan con un mecanismo de articulación no pulmonar. Y que eso reduce la cantidad de aire exhalado por los pulmones, y evita la deshidratación en zonas elevadas del planeta.

lunes, 17 de junio de 2013

Nuevas hipótesis para averiguar el origen de las primeras poblaciones humanas de Eurasia

CGP/DICYT Durante las últimas décadas equipos interdisciplinares de Asia y Europa han llevado a cabo trabajos sobre yacimientos antiguos de Eurasia con el objetivo de avanzar en el conocimiento de las primeras poblaciones humanas que acogió. Los descubrimientos llevados a cabo tanto por parte del Equipo de Investigación de Atapuerca (EIA) como por otros grupos de en Europa y Asia han permitido obtener datos muy significativos en diferentes ámbitos como son el contexto geológico, paleontológico y paleocológico en que se desarrollaron, la evolución biológica y la paleobiología humana, así como la evolución tecnológica y la paleoeconomía.

Estos fueron los aspectos principales que se analizaron en el workshop internacional que se llevó a cabo en octubre de 2010 en Shanghai con motivo de la EXPO, en el que el pabellón español tuvo una presencia relevante. Ahora, la prestigiosa revista Quaternary International ha publicado un número especial sobre las primeras poblaciones humanes en Eurasia con el título de East meets west: First settlements and human evolution in Eurasia, fruto de aquel Workshops, según la información del IPHES recogida por DiCYT.

Entre los editores del volumen hay tres miembros del IPHES (Instituto Catalán de Palecología Humana y Evolución Social): Ethel Allué, Carlos Lorenzo y Eudald Carbonell, tarea que han llevado a cabo junto con Ya-Mei Hou (IVPP Institute of Vertebrate Paleontology and Paleoanthropology), Ana Mateos (CENIEH, Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana), Juan Luis Arsuaga (Universidad Complutense de Madrid-Instituto de Salud Carlos III) y José María Bermúdez de Castro (CENIEH).

Tanto el workshop como la publicación de sus resultados ha sido posible gracias al apoyo de la SEEI (Sociedad Estatal para Exposiciones Internacionales), la Fundación Atapuerca y la Universidad de Fudan. De la coordinación se han encargo el IPHES, el IVPP y CENIEH.

Investigación multidisciplinaria


"Uno de los intereses principales del workshop y que se constatan en el Quaternary International es el hecho de poder disfrutar de una doble perspectiva de la cuestión, con las visiones europeas y las asiáticas. De esta manera se ha podido dar un paso más en los estudios para el desarrollo de la investigación multidisciplinaria. Las evidencias sobre los diferentes temas tratados, la discusión sobre los aspectos más controvertidos contribuyen a la propuesta de nuevas hipótesis sobre las primeras poblaciones humanes de Eurasia ", apunta la investigadora Ethel Allué.

jueves, 13 de junio de 2013

La cara de los humanos modernos apareció hace al menos un millón de años

Un estudio, que publica la revista PLOS ONE, ha comparado el crecimiento facial del 'chico de la Gran Dolina', fósil encontrado en Atapuerca (Burgos) perteneciente a Homo antecessor, y 'el chico de Turkana', fósil de Homo ergaster hallado en el Lago de Turkana (África).

Los datos de dicho trabajo, basados en la remodelación que sufre el hueso durante el desarrollo –que deja huellas inequívocas de la dinámica del crecimiento de cada elemento óseo–, sugieren que la cara del chico de la Gran Dolina, cuyos rasgos modernos se han utilizado como prueba de la especie de Homo antecessor, sería como la de Homo sapiens si se hubiera seguido desarrollando hasta la edad adulta –se estima que tendría entre 10 u 11 años–.

“Ahora podemos afirmar que la cara ‘moderna’ apareció en alguna población humana hace al menos un millón de años y que, por el momento, Homo antecessor sigue siendo la especie más antigua con ese rasgo anatómico tan importante”, afirma José Mª Bermúdez de Castro, del Grupo de Antropología Dental del Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana (CENIEH), que ha participado en el estudio, junto a María Martinón-Torres, del mismo grupo.

Su cara moderna está en consonancia con su tamaño cerebral, de más de 1.000 centímetros cúbicos, y con su patrón moderno de desarrollo dental.

La comparación del patrón de crecimiento facial con un individuo de su misma edad dental, el chico de Turkana, pero fallecido en el este de África hace 1,6 millones de años, ha revelado diferencias sustanciales. Aquel hominino africano fue asignado a la especie Homo ergaster y su patrón de remodelado facial responde al modelo primitivo, que los primeros Homo comparten con Australopithecus.

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'Homo antecessor' versus 'Homo ergaster'. (Foto: Cenieh)

Como explica Bermúdez de Castro, esta nueva investigación se une a otras realizadas previamente por su equipo investigador, y “nos permiten aproximarnos cada vez más a la historia evolutiva del género Homo en el último millón de años, y a la posición filogenética de Homo antecessor”.

Una de las críticas que recibió la especie Homo antecessor, tras su publicación en la revista Science en 1997, fue que varios de los individuos hallados eran juveniles. “Dicha crítica era discutible, puesto que al menos una especie de gran relevancia en la evolución humana, Australopithecus africanus, fue definida a partir de un individuo infantil”, añade el experto en Antropología dental.

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'Homo Antecessor'. (Ilustración: Kennis & Kennis)

Homo antecessor ganó en credibilidad con la obtención de especímenes de adultos y con el hallazgo de una mandíbula humana en el yacimiento de la Sima del Elefante en 2007. No obstante, quedaba por saber si la morfología moderna de la cara de Homo antecessor, estudiada en el llamado chico de la Gran Dolina, se debía tan sólo a su temprana edad de muerte, unos diez años.

“La especie Homo antecessor sale así reforzada con el estudio de su crecimiento facial”, concluye Bermúdez de Castro. (Fuente: Centro Nacional de Investigación sobre la Evolución Humana)

lunes, 10 de junio de 2013

Descodificando la actividad neuronal asociada al tacto

La percepción que tenemos del mundo es el resultado de las representaciones sensoriales en nuestro cerebro.

Dicha "reconstrucción" es realizada mediante la activación eléctrica de neuronas, en un código que contiene la información que procesa constantemente el cerebro.

Para conocer a fondo cuáles son las reglas que rigen la representación del mundo en el cerebro se necesita primero profundizar en cómo la activación eléctrica está vinculada a la experiencia sensorial.

Por esta razón, un equipo de investigadores, incluyendo a Mathew Diamond, Houman Safaai y Moritz von Heimendahl, de la Escuela Internacional de Estudios Avanzados (SISSA) de Trieste, Italia, ha analizado el comportamiento y la activación de redes neuronales en ratas mientras éstas afrontaban pruebas de reconocimiento táctil de objetos.

Durante los experimentos, los investigadores observaron el grado de eficiencia de las ratas (los animales debían distinguir una textura de otra), junto con la activación de un grupo de neuronas sensoriales.

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A la izquierda: Mathew Diamond. A la derecha: Con los pelos de su bigote, las ratas pueden detectar la textura de objetos de la misma forma que las personas lo hacen usando las yemas de los dedos. (Fotos: SISSA)

Ésta es la primera vez que se hace algo así, ya que hasta ahora, debido a limitaciones técnicas, los investigadores sólo habían examinado neuronas individuales.

Analizando la actividad de tales grupos de neuronas, Diamond y sus colegas pudieron descodificar con éxito la información de los pensamientos de las ratas relativa a la identidad del objeto con el cual el roedor hacía contacto.

En otras palabras, los investigadores podían saber, leyendo la mente del roedor, qué objeto tocaba.

Su método es tan preciso que si la rata confundía un objeto con otro, la descodificación también indicaba ese objeto equivocado, diferente al tocado.

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