lunes, 6 de julio de 2009

El cerebro humano se desarrolló gracias a la competitividad social

La presión demográfica fue la causa principal de su crecimiento, por encima de otras variables como el cambio climático

En los últimos dos millones de años, el cerebro humano se ha triplicado, un fenómeno que no se ha dado en ninguna otra especie del planeta. Este desarrollo fue debido, según un estudio reciente, a la presión demográfica que obligó a la lucha por los recursos, y también a la formación de grupos sociales cooperativos. La presente investigación, realizada por científicos de la Universidad de Missouri, en Estados Unidos, supone la primera comprobación empírica y rigurosa de la hipótesis del predominio de la presión demográfica en el desarrollo de nuestro cerebro, por encima de otras causas, como el cambio climático. Por Yaiza Martínez.


En los últimos dos millones de años, el tamaño del cerebro humano se ha triplicado, creciendo mucho más rápido que el de otros mamíferos.

Un equipo de investigadores de la Universidad de Missouri (MU), en Estados Unidos, ha investigado la razón de este aumento desmesurado, en comparación con el de otras especies, descubriendo que existe una causa principal para que se haya producido: la presión demográfica.

Análisis multivariante

Según se explica en un comunicado emitido por dicha universidad, hubo otros factores que también ayudaron al desarrollo del cerebro, pero lo hicieron en menor medida.

En la revista Human Nature, los investigadores han publicado un artículo titulado "Hominid Brain Evolution" (“Evolucion del cerebro homínido), en el que se explica que esos otros factores influyentes fueron las condiciones climáticas y las demandas ambientales.

Mediante un análisis multivariante -herramienta estadística que estudia el comportamiento de tres o más variables al mismo tiempo- los científicos evaluaron simultáneamente variables que representaban a cada una de estas potenciales presiones evolutivas.

Este análisis se realizó sobre datos obtenidos en estudios anteriores: la latitud donde fueron localizados los cráneos, la presencia en éstos de parásitos, las variaciones en las temperaturas anuales registradas, etc.

La densidad de población, explican los científicos, fue medida por la estrecha relación existente entre los patrones de densidad y de migración que han quedado registrados en los fósiles, y que permitieron calcular el número de individuos que vivieron en determinadas áreas en la historia homínido ancestral.

Competir por las ventajas

Para el estudio, fueron recopilados además los datos de 153 cráneos homínidos de entre dos millones de años y 10.000 años de antigüedad.

Los resultados demostraron que, aunque fueron varios los factores que afectaron a la evolución del cerebro homínido, la competitividad social fue la principal causa de esta evolución.

Según declara David Geary, director de la investigación y profesor de ciencias psicosociales en la MU, estos resultados sugieren que el tamaño de nuestro cerebro se incrementó en la mayoría de las áreas con mayor cantidad de población, en las que casi con toda certeza aumentó la intensidad de la competitividad social.

Geary afirma que “cuando los humanos tienen que competir para cubrir sus necesidades y por su estatus social, que proporciona un mayor acceso a los recursos existentes, un cerebro más grande supone una ventaja”.

Los investigadores también descubrieron ciertas pautas que, aunque no tan importantes como la presión demográfica en el desarrollo de nuestro cerebro, otorgan credibilidad a la hipótesis de que el cambio climático influyó en el tamaño del cerebro humano actual.

Esta hipótesis apunta a que el cambio climático global y las migraciones desde el ecuador dieron lugar al desarrollo de la capacidad humana de afrontar los cambios en el clima.

Disminución de recursos

Sin embargo, los científicos aseguran que la importancia de adaptarse a estos cambios fue mucho menor que la de relacionarse con otra gente en este sentido.

Según explica otro de los autores de la investigación, Drew Bailey, el cerebro es costoso desde el punto de vista metabólico, lo que significa que requiere mucho tiempo y energía desarrollarlo y mantenerlo.

Por esta razón, es muy importante comprender por qué nuestros cerebros continuaron evolucionando más rápido que los de otros animales. La presente investigación sugiere que la competitividad, ya fuera saludable o no, generó el escenario necesario para la evolución del cerebro humano.

Este escenario se generó debido a que la expansión de la población dio lugar a una rápida disminución de los recursos ecológicos per cápita, con la consecuente e inevitable lucha por mantener y asegurar dichos recursos frente a los otros o con ellos.

El cerebro debió entonces adaptarse y generar capacidades sociales y cognitivas nuevas, que permitieran a los individuos actuar en grandes grupos cooperativos que, a su vez, compitieran contra otros grupos por el control ambiental y el control de las dinámicas sociales que surgiesen, escriben los científicos en Human Nature.

Cerebro y cultura

Evidentemente, aclaran los investigadores, los factores climáticos, sociales y ecológicos no se excluyen los unos a los otros en el desarrollo del cerebro humano. Pero no todos ellos fueron igual de influyentes.

Los científicos creen que ésta es la primera vez que se comprueba de manera empírica y rigurosa la hipótesis del predominio de la causa de la presión demográfica en el desarrollo de nuestro cerebro hasta su tamaño actual.

Estos resultados recuerdan a los de otra investigación realizada recientemente por la University College London, que combinando simulaciones informáticas y estudios genéticos, estableció que la razón de la aparición de la conducta humana moderna fue la densidad de población.

Características como la capacidad de crear objetos artísticos o tecnología avanzada, que nos hacen una especie única en el planeta, podrían tener su origen no la inteligencia o en el elevado desarrollo de nuestro cerebro, sino en las interacciones humanas intensas, que propiciaron el intercambio de ideas y de habilidades, y el mantenimiento de las innovaciones, afirmaba este estudio del que hablamos en Tendencias21.

Conflictos grupales ayudaron a que el altruismo se consolidara

Según dos estudios publicados en ‘Science’
Guerra y vida grupal hicieron al hombre
Evolución biológica no explica la llegada de comportamientos modernos

Alicia Rivera |
Publicado: 2009/07/06



Madrid. El País Internacional. Los grupos humanos con comportamiento cultural moderno surgen en la prehistoria en lugares y momentos diferentes. ¿Por qué? ¿Está determinado ese salto por el aumento de las capacidades cognitivas de la especie humana?

No necesariamente, según explican unos investigadores del University College de Londres. Para ellos la clave reside en la estructura demográfica de las poblaciones.

Pudo ser su densidad, las migraciones y las interacciones entre los subgrupos sociales lo que habría provocado el surgimiento de la complejidad simbólica y tecnológica en el comportamiento humano y no los cambios biológicos en la capacidad cognitiva, dicen.

Otro estudioso, éste de EE. UU., aborda también la cuestión demográfica en el origen del comportamiento social humano moderno. Pero lo hace desde la perspectiva de los costes y beneficios de la guerra en la evolución de un rasgo social importante como el altruismo. Ambos trabajos aparecen en Science .

Origen. El origen del comportamiento humano complejo, registrado primero en Europa y Asia occidental (hace unos 45.000 años) y después en el sureste y este asiático, Australia y África, se caracteriza por un marcado salto cultural y tecnológico, recuerda Adam Powell (University College, Londres).

Incluso emerge un comportamiento simbólico que se manifiesta en el arte abstracto y realista así como en la decoración de los propios cuerpos.

Herramientas de piedra, tecnologías avanzadas de cazadores y tramperos (lanzas, bumeranes y redes), artefactos rituales (de hueso y marfil) y musicales (flautas de hueso) lo atestiguan.

Lo que Powell y sus colegas investigan es la dispersión espacial y temporal del origen de la modernidad. Hay que tener en cuenta que los humanos anatómicamente modernos surgen en África hace entre 160.000 y 200.000 años.

Si el motor del comportamiento moderno fuera un cambio biológico hereditario, ¿no deberían haber surgido sociedades complejas frecuentemente y pronto tras su diáspora fuera de África?

Los científicos británicos apuntan que también los neandertales, aunque biológicamente diferentes, tenían comportamiento y capacidades cognitivas notables.

Powell aborda el problema con modelos que tienen en cuenta los grupos de población, la estructura de los subgrupos y sus relaciones, la emigración y los recursos que ofrece un entorno y las estrategias sociales para explotarlos.

“Los resultados demuestran que la influencia de la demografía en los procesos de transmisión cultural ayudan a explicar tres características clave de la emergencia del comportamiento moderno: la aparición temprana y la desaparición subsiguiente de rasgos modernos en el sur de África; la heterogeneidad geográfica y temporal del surgimiento del comportamiento moderno y el retraso entre la anatomía moderna y los rasgos comportamientos modernos”, dice.

Los estudios de ADN permiten hacer estimaciones sobre densidades de población prehistóricas cuyos resultados son compatibles, en general, con los de estas simulaciones demográficas.

Advierte Ruth Mace que “tanto los rasgos genéticos como culturales son hereditarios y están sujetos a procesos evolutivos, aunque los segundos no se transmiten de modo mendeliano y pueden heredarse incluso entre gente que no comparte genes”. Esto puede producir resultados evolutivos inexistentes en otros animales.

Radical. Más radical que el de Powell es el segundo estudio, también de corte demográfico. Samuel Bowles (Instituto de Santa Fe, EE. UU.) aporta información etnográfica y arqueológica a sus modelos para concluir que la estructura demográfica en los grupos de cazadores-recolectores favoreció la transmisión de rasgos genéticos de influencia social en humanos.

El punto fuerte del trabajo es el altruismo, aunque lo que estudia es la guerra, entendida ésta como conflictos violentos intergrupales.

Las prácticas bélicas, sugiere Bowles, pudieron favorecer la supervivencia de grupos que contuvieran más individuos altruistas dispuestos a poner en peligro su vida si ello beneficia su grupo.

“El nivel estimado de mortalidad en conflictos intergrupales debió tener un efecto sustancial, favoreciendo la proliferación de comportamientos favorables al grupo aunque fueran muy costosos a nivel personal para el individuo altruista”, afirma. Es decir, en la guerra venció evolutivamente el altruismo.

Descifran la clave para comprender el alfabeto neuronal

Las descargas eléctricas formarían bloques, como las notas en una pieza musical
29-06-2009

Hasta hace poco tiempo, se creía que lo importante para comprender el funcionamiento del cerebro era la velocidad a la que las neuronas generaban "disparos" eléctricos. Pero ahora, un equipo internacional de científicos, liderado por una física argentina, demostró que la clave es observar en detalle qué sucede durante esa comunicación neuronal.

Las evidencias, que fueron recolectadas a partir del estudio de las neuronas en saltamontes, sugirieron que sería crucial detectar las combinaciones de disparos y de silencios que forman los bloques elementales (o palabras clave) del alfabeto neuronal.

"Al igual que en una pieza musical, donde la duración de las notas y de los silencios juegan un papel fundamental, en el código utilizado por las neuronas también importan las relaciones temporales de las pequeñas descargas eléctricas que emiten", explicó a LA NACION la doctora Inés Samengo, que trabaja en el Grupo de Física Estadística e Interdisciplinaria del Centro Atómico Bariloche (CAB), de la Comisión Nacional de Energía Atómica (CNEA).

A partir de la reproducción artificial de las canciones de los saltamontes, los investigadores observaron cómo reaccionaban las neuronas receptoras del sistema auditivo de ese insecto. Ante distintos estímulos sonoros, cada neurona respondió generando ráfagas con un distinto número de disparos.

"Estas ráfagas son como melodías cortitas, que tienen un significado específico para el pensamiento del animal", comentó Samengo, que es investigadora del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (Conicet). Así, cada neurona funcionaría como un instrumento, en el que los disparos serían emitidos como en una canción, en la que existen, por ejemplo, las blancas, las negras y las corcheas. Diferentes melodías neuronales representan distintos estímulos.

Este nuevo trabajo de investigación fue publicado en la edición de mayo de la revista científica Frontiers in Neuroscience. En el equipo, participaron también los investigadores Hugo Eyherabide, becario del Conicet en el CAB y en el Instituto Balseiro; Ariel Roken, de la Universidad de California, en los Estados Unidos, y Andreas Herz, del Centro Bernstein para la Neurociencia Computacional, en Alemania.
La meta dorada

"Comprender los códigos que las neuronas utilizan para transmitir información es la meta dorada de los neurocientíficos. Interpretar ese código es fundamental para ayudar a resolver problemas en el sistema sensorial, en diferentes niveles -señaló la doctora Samengo-. Se podría, por ejemplo, llegar a diseñar un oído electrónico capaz de reemplazar a las neuronas receptoras dañadas."

Por su parte, su colega Andreas Herz destacó que estudiar qué sucedía con todas las neuronas a la vez era algo imposible y que, justamente por eso, la elección de estudiar el saltamontes fue clave para la investigación.

"En el cerebro humano, existen más de diez mil millones de «instrumentos» que tocan la «música» neuronal de pensamientos y de emociones. Al trabajar con animales pequeños como los saltamontes, hemos logrado mantener un excelente control de los parámetros de cada estímulo y de la respuesta neuronal."
Descifrar jeroglíficos

El trabajo de los neurocientíficos es similar al que tienen los criptólogos, que tratan de descifrar el código de los jeroglíficos.

"En gran medida, se trata de entender y de decodificar el lenguaje de las neuronas. Sabemos que las neuronas responden a estímulos con secuencias de pulsos eléctricos. Pero, ¿hasta qué punto es relevante saber qué patrones forman esas secuencias, cuántos disparos son y cómo están distribuidos?", se preguntó el doctor en neurociencias Mariano Sigman, profesor del Departamento de Física de la Universidad de Buenos Aires.

Para el experto, el trabajo del equipo liderado por Samengo da un paso importante en esa dirección, ya que "demuestra que esos pulsos [o disparos] se agrupan en ráfagas y que la cantidad de pulsos en una ráfaga representa algo así como una palabra neuronal -agregó-. No importa demasiado si en una ráfaga los pulsos están cerca o lejos, como tampoco importa demasiado si una palabra del español se pronuncia más rápido o más lento para comprenderla".

Para Sigman, este trabajo en saltamontes proporciona a partir de este momento un posible diccionario que "permite fragmentar el lenguaje y leer directamente el código de las neuronas para comprender qué representan del mundo exterior".

Agregó que, al igual que Gregorio Mendel entendió la genética observando porotos, y que James Watson y Francis Crick entendieron una clave de la genética humana a partir del material genético de un virus, es probable que los grandes rasgos del lenguaje de las neuronas puedan comprenderse, quizá, mirando a un saltamontes.

martes, 30 de junio de 2009

Dientes sacuden árbol de ancestros humanos




Gorila arcaico vivió hace más de diez millones de años en la actual Etiopía
Si los investigadores tienen razón, habría que recalendarizar nuestra historia.

Los hombres y los simios pudieron separarse mucho antes de lo que se pensaba hasta ahora, según un informe que publica este jueves la revista Nature y que se basa en el estudio de los dientes de un fósil de primate, un auténtico protogorila que vivió hace 10 u 11 millones de años y cuyos restos fueron exhumados en Etiopía.

Todas las inferencias nacen de un canino y ocho molares que pertenecieron a tres ejemplares del gorila arcaico.

Se trata de los restos más antiguos encontrados hasta ahora de un homínido que pueda emparentarse con una especie actual, y según los miembros del equipo etíope-japonés que los descubrió, no dejan lugar a dudas sobre que los primeros primates y hombres se originaron en África.

Como hasta antes del nuevo hallazgo no se tenía registro de restos de homínidos muy antiguos (en el lapso de hace siete a 12 millones de años), muchos científicos habían llegado a sostener que el hombre y los grandes simios nacieron en algún rincón de Eurasia.

Los restos descubiertos en Etiopía suponen “un antes y un después en la investigación sobre el origen del hombre”, aseguró el físico y antropólogo del Museo de Historia Natural de Cleveland, Yohannes Haile-Selassie.

El protogorila fue bautizado como Chororapithecus abyssinicus, que significa “mono de Chorora y Abisinia”. Le pusieron así porque Chorora es el nombre del yacimiento donde hallaron los dientes, y Abisinia es el nombre antiguo de Etiopía.

Hasta ahora, los estudios basados en la genética molecular habían indicado que los linajes del gorila y el humano se separaron hace cuando mucho ocho millones de años. El nuevo hallazgo reportado en Nature permite aventurar que esa separación pudo haber ocurrido hace 12 millones de años, lo cual obligaría a los científicos a reconfigurar el árbol de los antepasados del hombre.

Los fósiles humanos descubiertos hasta ahora databan de hace entre seis y siete millones de años. Son los conocidos como Orrorin tugenensis (el famoso “Hombre del milenio” hallado en Kenia en 2000) y el Sahelanthropus tchadensis, alias “Toumai” (descubierto un año más tarde en el Chad).

Los autores del estudio, Gen Suwa, del Museo de la Universidad de Tokio, y Berhane Asfaw, del Servicio de Investigación del Valle del Rift en Etiopía, reconocieron que “los registros de fósiles humanos datan de seis a siete millones de años atrás, pero no sabemos nada de cómo el linaje humano se separó del de los gorilas. En la historia de los orígenes del hombre, Chororapithecus nos da un primer vistazo del trasfondo por el lado de los simios”.

La conclusión del estudio es que el hecho de que se encontraran rasgos de gorila en un primate que vivió hace 10 a 10.5 millones de años sugiere que la separación entre los géneros hombre (Homo) y gorila (Gorilla) ocurrió antes de lo que hasta ahora se ha supuesto.

Esto también implica que, según los autores, la separación con el orangután (Pongo) se produjo, probablemente, hace 20 millones de años y hace nueve millones de años con el chimpancé (Pan).

Hasta ahora la mayor dificultad para determinar el origen de la especie humana había sido siempre la falta de material fósil que pudiera situar el último ancestro común con los grandes simios.

Por ello los científicos se inspiraban en las “diferencias” genéticas entre las especies existentes, lo que hacía que la separación con los gorilas se situara hace ocho millones de años y con los chimpancés hace cinco o seis millones de años. Según estos cálculos, los orangutanes hubieran sido los primeros en “abandonar” la familia hace 13 ó 14 millones de años.

El equipo investigador determinó que los dientes exhumados eran de un gran gorila porque compartían características especiales con los primates modernos, que comen alimentos fibrosos como raíces y hojas.

Concluyeron que Chororapithecus era una forma primitiva de gorila o una rama independiente, que tuvo una adaptación similar casi al mismo tiempo en que la línea de esos simios estaba emergiendo en otras zonas.

“Si no es un pariente del gorila, entonces es algo muy parecido a lo que debería haber sido un gorila prematuro”, dijo Gen Suwa de la Universidad de Tokio, uno de los investigadores.

No todos están seguros. Peter Andrews, paleontólogo del British Natural History Museum y experto en orígenes humanos, consideró que el hallazgo es emocionante porque se ubica en una gran laguna del registro fósil, pero dijo no estar tan seguro de que los dientes del nuevo fósil permitan considerarlo un antepasado del gorila.

“Hacer una escala de tiempo para la evolución de los grandes gorilas basada en este nuevo fósil es exagerar la evidencia”, consideró el experto.

Más escepticismo

El paleoantropólogo Jay Kelley, que estudia dientes de primates en la Universidad de Illinois en Chicago, también se muestra escéptico.

“No estoy convencido de que sea un gorila”, dijo, y explicó que se necesitarán muchos más fósiles, análisis y discusiones para determinar si el espécimen es un antepasado de los homínidos.

Kelley dijo, en la misma línea que Peter Andrews, que él sería “muy cauto” en cuanto a querer crear un nuevo calendario a partir de la evidencia de unos cuantos dientes, por buenos que sean.

Humanos y chimpancés se "cruzaron" antes de separarse

Los genomas muestran que hubo hibridación durante cuatro millones de años.

- Toda familia tiene enredos en su pasado. De eso no cabe ninguna duda. Pero el que hoy describe un grupo de investigadores del Broad Institute y de la Universidad de Harvard, de Boston, supera todo lo imaginable: según un trabajo que publica la revista Nature, nuestros ancestros y los chimpancés se habrían cruzado repetidamente después de una divergencia inicial durante un extenso período de cuatro millones de años.

Los científicos siguieron las huellas de esta sorprendente y compleja historia evolutiva grabadas en los genes. Compararon los genomas de humanos, chimpancés y gorilas utilizando un "reloj molecular" para calcular cuánto hace que divergieron. Se considera que cuanto más tiempo haya pasado de la separación mayores serán las diferencias entre los genes.

Lo que hallaron es sorprendente. En algunos tramos de la secuencia de ADN, la diferencia genética entre ambas especies es grande, lo que indica que esos genes deben de estar aislados unos de otros desde hace casi 10 millones de años. Pero en otros tramos se aproximan tanto que da la impresión de que ambas especies seguían intercambiando material genético hace 6,3 millones de años.

"Lo que esto nos dice es que la especiación de humanos y chimpancés fue muy extraña", dijo Eric Lander, uno de los autores del trabajo, a AP. Según los científicos, una especie ancestral de primates se habría dividido en dos poblaciones aisladas hace unos 10 millones de años, pero habría vuelto a reunirse algunos milenios después. En ese momento, los dos grupos, aunque genéticamente algo distintos, se habrían apareado para dar lugar a una tercera población híbrida en un largo proceso que habría durado millones de años.

Los nuevos hallazgos sugieren, además, que la divergencia habría sido unos dos millones de años después de lo que se creía, hace entre 6,5 y 5,4 millones de años.

"Una especie es un conjunto de individuos que además de parecerse morfológicamente tienen libre flujo genético; es decir, que son capaces de dar descendencia fértil -explica el doctor Alberto Kornblihtt, director del Departamento de Fisiología, Biología Molecular y Celular de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA-. Todos los humanos pertenecemos a la misma especie; sin embargo, los caballos y los asnos, por ejemplo, pertenecen a especies diferentes, porque si bien pueden dar descendencia, las mulas, éstas son estériles. Muchas veces la especiación no ocurre de forma abrupta, sino que aparecen poblaciones que si bien están diferenciadas morfológica y genéticamente de sus ancestros, durante un tiempo pueden cruzarse (hibridarse) y dar descendencia fértil con ellos. Este trabajo demuestra, a través de la comparación de los genomas humano y de chimpancé, hoy totalmente secuenciados, que la separación entre nuestros ancestros homínidos y los chimpancés ocurrió hace unos 5,5 millones de años, mucho más recientemente de lo que se pensaba. Pero lo más interesante es que esa separación fue la finalización de un proceso que duró aproximadamente 4 millones de años, durante los cuales los futuros homínidos podían todavía hibridarse y dar descendencia fértil con los chimpancés. Este sorprendente hallazgo surge de comprobar que algunos cromosomas humanos, como el X, son mucho más jóvenes, es decir que se parecen más a los equivalentes del chimpancé, que otros."

Según el investigador, aunque a veces las conclusiones que ofrece el "reloj molecular" pueden ser cuestionables, lo que queda en claro a partir de este estudio es que hay regiones del genoma que divergieron antes que otras.

"Es muy extraño. A mí me resulta asombroso -exclama del otro lado del teléfono el doctor Héctor Pucciarelli, antropólogo del Museo de Ciencias Naturales de La Plata-. Los genetistas tal vez estén más acostumbrados..."

Según el especialista, mínimas divergencias en el nivel genético pueden haber producido diferencias funcionales enormes. "Sin embargo -aclara-, los cálculos que hace la genética no se condicen con los que hace la paleontología, porque el que hasta ahora se creía que estaba en el centro de la divergencia entre humanos y chimpancés, Toumaï ( Sahelantropus ), tiene seis millones de años de antigüedad, que según este trabajo sería anterior al momento de divergencia. Por otro lado, la especiación indicaría que está excluida toda posibilidad de hibridación; sin embargo, ellos hablan de una especiación inicial seguida de una regresión durante la cual ambas especies pudieron seguir hibridándose de forma más o menos ocasional, de tal manera que habría algo así como «retornos» evolutivos. Es la primera vez que lo escucho, porque se considera que los procesos de especiación son más o menos unilineales..."

Sin duda, estos hallazgos vuelven a otorgar respaldo experimental a las teorías de Darwin. Explica Kornblihtt: "Entre el ancestro común y el chimpancé y hombre actuales, hubo muchas especies de homínidos que se extinguieron. La única que sobrevivió es el Homo sapiens sapiens" . Y enseguida bromea: "El hombre no desciende del mono; el hombre es un mono, un mono africano".

Orangutanes y homo sapiens



EVOLUCIÓN | Según un nuevo estudio
El ser humano es más orangután que chimpancé

Europa Press | Madrid
Actualizado viernes 19/06/2009 12:39 horas

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Los seres humanos comparten un ancestro común con los orangutanes, en vez de con los chimpancés, como se pensaba hasta ahora, de acuerdo a la investigación de la Universidad de Pittsburgh y el Museo de la Ciencia de Buffalo.

Según los informes presentados en la revista 'Biogeography', los investigadores señalan como "problemática" la creencia, basada en el análisis del ADN, de que los seres humanos son los más estrechamente relacionados con los chimpancés, que no se mantiene con pruebas fósiles.

El profesor de antropología en la Escuela de las Artes y las Ciencias de Pittsburgh y presidente de la Academia Mundial de Arte y Ciencia, Jeffrey H. Schwartz, y el director de ciencia en el Museo de Buffalo, John Grehan, llevaron a cabo un análisis detallado de las características físicas de la vida y los fósiles de los simios y sugirieron que los seres humanos y los orangutanes pertenecen a un grupo separado de los chimpancés y los gorilas.

Luego construyeron un escenario de cómo el antepasado común de humanos y orangutanes emigró desde el sureste de Asia -de donde son los orangutanes modernos- hacia otras partes del mundo y se convirtió en una raza de monos ahora extinta y en los primeros seres humanos. El estudio proporciona una prueba más de la relación humanos-orangután que Schwartz propuso por primera vez en su libro 'The Red Ape: Orangutans and Human Origins' ('El simio rojo: los orígenes de orangutanes y humanos').

Además, Schwartz y Grehan analizaron cientos de características físicas citadas como prueba de las relaciones evolutivas entre los seres humanos y otros grandes simios-chimpancés, gorilas y orangutanes. De estas características, el análisis encontró que los seres humanos comparten 28 únicas características físicas con los orangutanes, en comparación con sólo dos características con los chimpancés, siete con los gorilas, y siete con los tres simios (chimpancés, gorilas y orangutanes). Los gorilas y los chimpancés comparten 11 características únicas.

lunes, 29 de junio de 2009

Entrevista a Damasio

«Internet reduce el cara a cara y también la empatía»

El autor de 'El error de Descartes' habló ayer en Donostia sobre cerebro, memoria y toma de decisiones



«Internet reduce el cara a cara y también la empatía»

«Las emociones sanas nutren nuestro cerebro y las negativas merman la salud»
Son las emociones y no la inteligencia las que guían la creatividad. Es la opinión del neurocientífico portugués Antonio Damasio, que participa en las jornadas Brain in Motion que hoy se clausuran en Donostia. Premio Príncipe de Asturias de Investigación Científica y Técnica en 2005, Damasio expuso sus últimas investigaciones sobre el cerebro.
- ¿Son las emociones, más que la razón, las que guían nuestra vida?
- Son ambas. Emociones, inteligencia y razonamiento rigen nuestra vida. Dependemos de las emociones, pero también del conocimiento y el razonamiento. Estos últimos guían las emociones y organizan nuestras vidas.
- Las emociones han sido las grandes olvidadas en la ciencia. Hoy se recuperan. ¿Qué aportan?
- Una vez que se vio claro que el conocimiento y la razón eran tan importantes, se les dio demasiado valor. Hubo una preocupación por ser racional. Pero ahora se descubre que las emociones son una forma de inteligencia. En la evolución las emociones han ayudado a los seres humanos a desarrollar su inteligencia. Pero no son capaces de proveer un comportamiento inteligente ante situaciones complejas. Sobre todo desde el punto de vista social y cultural.
- El éxito de un concepto como el de inteligencia emocional, acuñado por Daniel Goleman, fue enorme. ¿Se necesitaba algo así?
- El libro de Daniel Goleman vino después de mi libro El error de Descartes y fue un logro el trasladar al gran público las investigaciones realizadas en neurociencias. Transmitió la idea de que había una inteligencia emocional además del cociente intelectual. Es un concepto útil.
- Hablando de emociones, ¿cuáles fueron las suyas ante el éxito de Goleman?
- Fue una gran alegría que alguien hubiera utilizado estos descubrimientos de forma tan inteligente. Es bueno que ideas complejas lleguen al público en general. Mis trabajos se han traducido a más de 36 idiomas, incluido el vasco.
- ¿El cerebro marca las emociones o son éstas las que construyen el cerebro?
- Las emociones afectaron al cerebro para su evolución hace millones de años. Pero hoy en día las emociones operan de forma más fija. Se han establecido hace mucho tiempo.
- Dicen que el enamoramiento activa áreas especiales del cerebro...
- Desafortunadamente ha habido una gran simplificación a la hora de comunicar las funciones del cerebro al público en general. No hay áreas concretas que corresponden a una emoción. El sistema es mucho más complejo. La compasión, la admiración, el miedo o el enamoramiento no se localizan en una única área del cerebro. Todas estas emociones forman un sistema.
- ¿Por qué algunos individuos son más proclives a la creatividad?
- La creatividad depende de muchos factores. De la inteligencia convencional, de la forma en que reflejamos experiencias, de la imaginación y de la capacidad para utilizar los conocimientos para construir novedades en el presente.
- Hay quien conjuga bien estos factores...
- Las emociones y la sensibilidad nos guían hacia la creatividad. Las emociones nos informan además de si nuestro trabajo es productivo. Las personas creativas en arte, ciencia o tecnología, son inteligentes, imaginativas y tienen sensibilidad emocional.
- ¿Cómo mantener el cerebro en forma?
- La alegría, la admiración, la compasión, el amor o el apego son emociones sanas que nutren nuestro cerebro pero también nuestro cuerpo. Estados como el miedo, el enfado, la envidia, los celos o la culpa tienen un efecto claramente negativo para la salud. Tanto para la salud del cerebro y la mente como para la del cuerpo.
- Las nuevas tecnologías, ¿son una ayuda?
- Internet y los medios electrónicos tienen un efecto muy positivo en la educación, la comunicación o los negocios. Su peligro está en el aislamiento de los individuos. Reducen una forma natural de comunicación, el cara a cara, y también la empatía.