jueves, 18 de junio de 2015

Pensamiento lógico en los cuervos

La inteligencia es uno de los hechos diferenciales entre los humanos y el resto de las especies que pueblan el planeta. Uno de sus rasgos se manifiesta en la capacidad de construir herramientas, ya que implica el desarrollo de las capacidades cognitivas. Su creación supone un ejercicio de asociación complejo: construir un elemento con una finalidad concreta.
Otra manifestación es la capacidad de ofrecer respuestas antes hechos nuevos, trabajar en equipo para soslayar un problema al que hasta ahora no se habían enfrentado o pasar la prueba del espejo y reconocerse ante él.
Hasta hace bien poco, se consideraba al chimpancé —en clave de inteligencia— como el primo más cercano a nosotros, y se le reconocía la capacidad de valerse de herramientas para conseguir sus fines. Al igual que estos simios, se conocía la habilidad de determinadas aves para utilizar ramas, palos o piedras para ayudarse a conseguir comida. Pero esta circunstancia siempre se daba en sus hábitats naturales.
Ahora bien, una cosa es el uso de una herramienta y otra muy diferente saber diseñar una, y en esta carrera por igualarse a los humanos, los cuervos se están llevando la palma. Ave de leyenda y mágica, su figura se ha asociado tradicionalmente a la inteligencia. La biología está demostrando que no está tan lejos el imaginario popular de la realidad. 
Esa capacidad de realizar conexiones lógicas la demostró Betty, un cuervo de Nueva Caledonia, que dejó claro en un experimento que esta especie es capaz de ingeniárselas para dar forma de gancho a un alambre (un material totalmente desconocido para ella) y con él conseguir alimentos que estaban en el fondo de un tubo de ensayo.
Pero lo verdaderamente asombroso es que Betty repitió este experimento varias veces y en cada ocasión construyó el gancho de manera diferente: unas veces haciendo palanca desde distintos puntos de su jaula, otras insertando un extremo del alambre en una grieta y utilizando el pico para darle forma.
Es decir, no repitió algo que le había funcionado antes, sino que mostró tener idea de una representación final del objeto que quiere construir. Es decir, poseer una capacidad que en términos humamos se podría definir como razonamiento: entendió un concepto y que existen diferentes caminos para llegar a él.
La capacidad a los animales del uso de herramientas se achacaba a su capacidad de observación y a repetir actos que por azar o aprendizaje se habían demostrado eficaces, pero nunca a un proceso de pensamiento lógico.
Si los animales (determinadas especies) están mostrando una capacidad de evolución que les están acercando a los humanos, quién sabe si ante la machacona tendencia que tenemos hacia la destrucción del planeta no estaremos en la antesala de una auténtica revolución que haga que la ficción que se narra en El Planeta de los Simios se convierta en realidad y que quedemos relegados, en un tiempo no demasiado futuro, por los córvidos a tener un papel secundario en la Tierra.

De presas a depredadores


miércoles, 10 de junio de 2015

Los chimpancés saben cuándo tienen razón


Al igual que los humanos, los chimpancés son conscientes de que saben ciertas cosas, reflexionan sobre lo que están pensado y actúan en consecuencia, una habilidad que se conoce como metaconocimiento. Esta es la conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores de distintas universidades estadounidenses tras estudiar las respuestas que ofrecían varios de estos primates durante unas pruebas diseñadas para analizar su capacidad memorística.

En un estudio publicado en la revista Cognition, estos científicos apuntan que, como las personas, los chimpancés también manifiestan confianza o falta de ella cuando se encuentran ante un dilema. Para demostrarlo, idearon unos test que pretendían medir cuánto y cómo recordaban diversos sucesos. Cuando completaban satisfactoriamente uno de ellos, se les advertía mediante una señal sonora y se les entregaba una golosina.

No obstante, el reparto se producía al cabo de unos segundos y a una cierta distancia de donde se encontraba el animal, lo que le obligaba a desplazarse hasta ese lugar para recogerla. Es más, si no lo hacía, la golosina era retirada y no podía recuperarla. En esencia, esto ofrecía al chimpancé dos opciones: podía esperar a saber a ciencia cierta si había pasado la prueba, gracias al aviso sonoro, y luego correr para ver si era capaz de recoger su comida antes de que esta se perdiera; o bien podía ir al lugar antes de tener la completa certeza de ello. Pues bien, los investigadores observaron que los chimpancés efectuaban esto último mucho más a menudo cuando hacían correctamente las pruebas que cuando fallaban en ellas.

Aunque los resultados no demuestran que los chimpancés hayan desarrollado la misma experiencia consciente que los humanos, reflejan una forma de control cognitivo similar, que influye en su toma de decisiones. Ahora, los científicos pretenden determinar si otras especies, primates o no, muestran capacidades parecidas.

Creatividad y psicosis


























Desde hace bastante tiempo se ha insinuado que la psicosis y la creatividad guardan ciertas similitudes (la historia está llena de genios locos o excéntricos como Vincent van Gogh). Muchos estudios han concluido que las personas altamente creativas tienden a tener más “desinhibición cognitiva” que el resto de las personas, lo que conduce a que filtren mucho menos los estímulos o datos que les rodean, una característica que también se presenta en los desórdenes psicopáticos leves.

Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de deCODE Genetics (con sede en Islandia), especializada en el estudio del genoma y el Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del Kings College de Londres (Reino Unido) ha revelado que los genes asociados a la creatividad pueden aumentar el riesgo de desarrollar trastorno bipolar y esquizofrenia.

Para su estudio, los científicos analizaron los resultados de un trabajo con una muestra de 86.292 personas relativa al riesgo genético tanto de esquizofrenia como de trastorno bipolar. Además, se añadió el aspecto de “ser creativo” en todas aquellas personas pertenecientes al gremio artístico, ya fueran bailarines, músicos, escritores, actores o artistas visuales.

La comparación de los resultados reveló que aquellas personas definidas como creativas tenían un riesgo genético significativamente mayor a estos trastornos psiquiátricos que aquellas no consideradas creativas.

“Para la mayoría de los trastornos psiquiátricos, se conoce poco sobre las vías biológicas subyacentes que conducen a la enfermedad. Una idea que ha ganado credibilidad es que estos trastornos reflejan extremos del espectro normal del comportamiento humano, en lugar de ser cada uno una enfermedad psiquiátrica distinta. Al conocer que los comportamientos saludables, como la creatividad, comparten su biología con enfermedades psiquiátricas, ganamos una mejor comprensión de los procesos de pensamiento que llevan a una persona a enfermar y a desarrollar una enfermedad mental”, explica Robert Poder, coautor del estudio.

El trabajo ha sido publicado en la revista Nature Neuroscience.

lunes, 1 de junio de 2015

Descubiertos los fósiles de un pariente de 'Lucy'

10 sitios fósiles Patrimonio de la Humanidad
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Lucy, tal y como conocemos al esqueleto de australopiteco más conocido de nuestro árbol genealógico humano, tiene un nuevo pariente gracias al descubrimiento de unos restos fósiles de mandíbula y dientes hallados en las extensas llanuras de la región de Afar, en Etiopía (África) que coinciden en el tiempo con los restos de esta. Esta nueva especie de homínido, bautizado como Australopithecus deyiremeda, vivió hace entre 3,3 y 3,5 millones de años.

El hallazgo de este coetáneo a Lucy, publicado en la revista Nature, confirma que este nuevo homínido compartió territorio con el Australopithecus afarensis (la especie a la que pertenece Lucy) y no en soledad como llevaba debatiendo la comunidad científica desde su descubrimiento en 1974. Tanto es así que los restos hallados distaban tan solo de unos 30 kilómetros de distancia de donde vivían los afarensis, en Woranso-Mille.

La nueva especie proporciona, por primera vez, una prueba de que más de una especie de homínidos se superpusieron en el espacio y en el tiempo. Tiene el esmalte dental más grueso y la mandíbula inferior más robusta que el Australopithecus afarensis y que el Kenyanthropus platytop”, explica a Sinc Yohannes Haile-Selassie, líder del estudio, lo que indicaría que su dieta sería aún más variada que la del A. afarensis.

Según comenta el equipo internacional de investigadores que ha llevado a cabo el descubrimiento, es posible que la especie de “Lucy” y el nuevo homínido no fueran tampoco los únicos en coexistir al mismo tiempo: “las evidencias fósiles del área de estudio de Woranso-Mille muestran claramente que, como mínimo, hubo dos especies –si no tres– de ancestros humanos que vivieron en el mismo momento en un área de proximidad geográfica”, aclara Haile-Selassie.

Esta tercera especie aún no ha podido relacionarse con ningunos restos en concreto, pero todo apunta a que podría corresponderse con los restos fósiles de un pie de homínido datado de hace 3,4 millones de años y descubierto en la zona de Burtele en 2012.

El hallazgo de estos nuevos fósiles iniciará un gran debate científico acerca de los orígenes del ser humano, cuyos secretos estamos cada vez más cerca de desvelar.

lunes, 25 de mayo de 2015

Lo que se pierde cuando se deja de escribir a mano

NUEVA YORK.- ¿Qué importancia tiene la escritura manuscrita? No demasiada, en opinión de muchos educadores. Los estándares educativos adoptados en Estados Unidos exigen la enseñanza de una escritura legible, pero sólo para jardín de infantes y primer grado. A partir de ahí, el énfasis cambia, para enfocarse en las habilidades con el teclado.
Para los psicólogos y neurocientíficos es demasiado pronto para firmar la partida de defunción de la escritura manuscrita. Nuevas evidencias sugieren que la relación entre la escritura a mano y el desarrollo educativo general de los chicos tiene implicancias más profundas.
Los chicos aprenden más rápido a leer cuando aprender a escribir primero a mano y desarrollan mayor capacidad de generar ideas nuevas y de retener la información.
"Cuando escribimos, se activa automáticamente un circuito neural exclusivo de la escritura -dice Stanislas Dehaene, psicólogo del Collège de France-. En la palabra escrita se produce un reconocimiento central de la expresión, una especie de reconocimiento por simulación mental en el cerebro."
En 2012, un estudio de Karin James, psicóloga de la Universidad de Indiana, apoya ese punto de vista. A niños que no habían aprendido a leer y escribir les mostraron tarjetas con la imagen de una letra o una forma y les pidieron que la reprodujeran de alguna de las siguientes tres maneras: copiar la imagen en una página provista de líneas punteadas, dibujarla en una hoja en blanco o tipearla en una computadora. Luego se les colocó un lector de ondas cerebrales y se les mostró nuevamente la imagen.
Los investigadores descubrieron que el proceso inicial de duplicación tenía gran importancia. Los chicos que habían dibujado una letra manualmente exhibieron mayor actividad en tres áreas del cerebro que se activan en los adultos cuando leen o escriben: el giro fusiforme izquierdo, el giro frontal inferior y la corteza parietal posterior. La actividad de esa zona cerebral en los que tipearon o calcaron la letra o forma fue mucho más débil.
James atribuye esas diferencias al carácter caótico inherente a la escritura manuscrita libre: tenemos que planear y realizar la acción sin la ayuda de una línea punteada y lo más probable es que el resultado sea sumamente variable. "Cuando un chico garabatea malamente una letra, tal vez eso lo esté ayudando a aprender", dice James.
Nuestro cerebro debe entender que cada posible repetición, por ejemplo, de una "a", es la misma cosa, sin importar cómo la veamos escrita. Ser capaces de descifrar cada "a" puede ser más útil para fijar esa eventual representación que ver el mismo resultado repetidamente. "Ésta es una de las primeras demostraciones de que el cerebro se modifica como resultado de esta práctica", dice James.
En otro estudio, James compara a niños que dan forma físicamente a las letras con niños que sólo observan hacerlo a otros. Sus observaciones sugieren que sólo el esfuerzo real pone en funcionamiento ese tipo de actividad cerebral y genera los beneficios de la escritura a mano.
En un seguimiento de chicos de entre 7 y 10 años, la psicóloga Virginia Berninger, de la Universidad de Washington, demostró que cada tipo de escritura -en letra de imprenta, en cursiva o en un teclado- está asociado a patrones cerebrales distintivos y separados, y que cada uno arroja un producto propio y distintivo.
Cuando los niños compusieron un texto a mano, produjeron sistemáticamente más palabras y con más rapidez que cuando lo hicieron sobre un teclado, y expresaron más ideas. Y el mapeo cerebral de la franja de chicos de más edad sugiere que la conexión entre la escritura y la generación de ideas va mucho más allá. Cuando se les pidió a esos chicos que propusieran ideas para una composición, los que mejor escribían a mano experimentaron mayor actividad neural en áreas asociadas con la memoria de trabajo, y un aumento general de la actividad en las redes neuronales asociadas con la lectura y la escritura.
Hasta habría diferencias entre la imprenta y la cursiva manuscritas. En la disgrafía, una disfunción que afecta la capacidad de escribir, por lo general después de una herida cerebral, el déficit puede manifestarse de manera curiosa: en algunos pacientes, la capacidad de escribir en cursiva no se ve demasiado alterada; en otros, ocurre lo mismo, pero con la letra de imprenta.
En la alexia, o afectación de la capacidad de leer, algunos que no entienden la letra de imprenta sí pueden leer la cursiva, y viceversa. Sugiere que ambos modos de escritura activan redes cerebrales distintas.
Para Berninger, la escritura cursiva puede ser un entrenamiento de autocontrol. Algunos investigadores argumentan que puede ser un camino para tratar la dislexia. Un informe de 2012 sugiere que la cursiva puede ser efectiva en personas con disgrafía del desarrollo -dificultades motoras para dar forma a las letras- y que ayudaría a prevenir la reversión e inversión de letras.
Los beneficios de la escritura a mano se extienden más allá de la infancia. Para los adultos, tipear puede ser una alternativa eficiente, pero esa eficiencia puede disminuir la habilidad para procesar información nueva. Aprendemos mejor las letras cuando las confiamos a la memoria a través de la escritura, y la memoria misma y la capacidad de aprender podrían beneficiarse.

Las sorprendentes consecuencias de dejar de escribir a mano

Niños en todo el mundo pasan cada vez más tiempo utilizando computadoras con teclados y pantallas táctiles en lugar de escribir con un bolígrafo y un papel.
¿Perjudica esto su desarrollo y bienestar? Nuevas investigaciones sugieren que podría ser el caso.
El programa BBC Forum habló con la neurocientífica cognitiva Karin James sobre la importancia de aprender a escribir a mano para el desarrollo cerebral de los niños.
James, profesora de la Universidad de Bloomington, Estados Unidos, llevó a cabo investigaciones con niños que todavía no sabían leer. Se trata de niños que, aunque puedan identificar letras, no son todavía capaces de juntarlas para formar palabras.
Los científicos dividieron a los niños en grupos y enseñaron a algunos a escribir a mano distintas letras, mientras que otros utilizaron teclados.
La investigación analizó cómo aprendían los niños las letras.
Los científicos también utilizaron resonancias magnéticas para evaluar la activación cerebral y ver cómo cambia el cerebro a lo largo del tiempo a medida que los niños se familiarizan con las letras del alfabeto.
Escanearon los cerebros de los niños antes y después de enseñarles las letras y compararon los distintos grupos, midiendo el consumo de oxígeno en el cerebro como indicador de la actividad cerebral.
Los investigadores concluyeron que el cerebro responde de distinta manera cuando aprende con letras escritas a mano y cuando lo hace a través de un teclado.

Política educativa

Los niños que trabajaron con letras escritas a mano mostraron patrones de activación cerebral similares a los de las personas alfabetizadas que saben leer y escribir. Esto no pasó con los niños que utilizaron teclados.
Parece que el cerebro responde de forma distinta a las letras cuando los niños aprenden a escribir a mano, estableciendo un vínculo entre el proceso de aprender a escribir a mano y el de aprender a leer.
"Datos de escáneres cerebrales sugieren que el escribir prepara el cerebro para un sistema de aprendizaje que facilita la lectura cuando los niños llegan a esa etapa", dice James.
Ha habido prisa en algunas partes del mundo para introducir las computadoras en las escuelas en edades tempranas. Esto podría mitigar esa prisa
Además, desarrollar habilidades motrices finas para adquirir la destreza que se requiere para producir letras puede ser beneficioso en muchas otras áreas del desarrollo cognitivo, dice James.
Las conclusiones de esta investigación pueden ser beneficiosas para la política educativa.
Según James, "ha habido prisa en algunas partes del mundo para introducir las computadoras en las escuelas en edades tempranas. Esto podría mitigar esa prisa".
En muchas escuelas en Estados Unidos, escribir a mano es optativo para los profesores, así que muchos no lo enseñan.
Este tipo de escritura tiene cada vez menos importancia en los horarios lectivos, dice James.
Una solución podría ser utilizar la caligrafía cuando se introducen las tabletas en las escuelas, escribiendo sobre la pantalla como si fuera con un bolígrafo y un papel.
Pero las investigaciones de James cuestionan que exista una sustitución efectiva a aprender a escribir a mano..