lunes, 22 de junio de 2015

Emociones


jueves, 18 de junio de 2015

El aprendizaje social y emocional: las habilidades para la vida


Pensamiento lógico en los cuervos

La inteligencia es uno de los hechos diferenciales entre los humanos y el resto de las especies que pueblan el planeta. Uno de sus rasgos se manifiesta en la capacidad de construir herramientas, ya que implica el desarrollo de las capacidades cognitivas. Su creación supone un ejercicio de asociación complejo: construir un elemento con una finalidad concreta.
Otra manifestación es la capacidad de ofrecer respuestas antes hechos nuevos, trabajar en equipo para soslayar un problema al que hasta ahora no se habían enfrentado o pasar la prueba del espejo y reconocerse ante él.
Hasta hace bien poco, se consideraba al chimpancé —en clave de inteligencia— como el primo más cercano a nosotros, y se le reconocía la capacidad de valerse de herramientas para conseguir sus fines. Al igual que estos simios, se conocía la habilidad de determinadas aves para utilizar ramas, palos o piedras para ayudarse a conseguir comida. Pero esta circunstancia siempre se daba en sus hábitats naturales.
Ahora bien, una cosa es el uso de una herramienta y otra muy diferente saber diseñar una, y en esta carrera por igualarse a los humanos, los cuervos se están llevando la palma. Ave de leyenda y mágica, su figura se ha asociado tradicionalmente a la inteligencia. La biología está demostrando que no está tan lejos el imaginario popular de la realidad. 
Esa capacidad de realizar conexiones lógicas la demostró Betty, un cuervo de Nueva Caledonia, que dejó claro en un experimento que esta especie es capaz de ingeniárselas para dar forma de gancho a un alambre (un material totalmente desconocido para ella) y con él conseguir alimentos que estaban en el fondo de un tubo de ensayo.
Pero lo verdaderamente asombroso es que Betty repitió este experimento varias veces y en cada ocasión construyó el gancho de manera diferente: unas veces haciendo palanca desde distintos puntos de su jaula, otras insertando un extremo del alambre en una grieta y utilizando el pico para darle forma.
Es decir, no repitió algo que le había funcionado antes, sino que mostró tener idea de una representación final del objeto que quiere construir. Es decir, poseer una capacidad que en términos humamos se podría definir como razonamiento: entendió un concepto y que existen diferentes caminos para llegar a él.
La capacidad a los animales del uso de herramientas se achacaba a su capacidad de observación y a repetir actos que por azar o aprendizaje se habían demostrado eficaces, pero nunca a un proceso de pensamiento lógico.
Si los animales (determinadas especies) están mostrando una capacidad de evolución que les están acercando a los humanos, quién sabe si ante la machacona tendencia que tenemos hacia la destrucción del planeta no estaremos en la antesala de una auténtica revolución que haga que la ficción que se narra en El Planeta de los Simios se convierta en realidad y que quedemos relegados, en un tiempo no demasiado futuro, por los córvidos a tener un papel secundario en la Tierra.

De presas a depredadores


miércoles, 10 de junio de 2015

Los chimpancés saben cuándo tienen razón


Al igual que los humanos, los chimpancés son conscientes de que saben ciertas cosas, reflexionan sobre lo que están pensado y actúan en consecuencia, una habilidad que se conoce como metaconocimiento. Esta es la conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores de distintas universidades estadounidenses tras estudiar las respuestas que ofrecían varios de estos primates durante unas pruebas diseñadas para analizar su capacidad memorística.

En un estudio publicado en la revista Cognition, estos científicos apuntan que, como las personas, los chimpancés también manifiestan confianza o falta de ella cuando se encuentran ante un dilema. Para demostrarlo, idearon unos test que pretendían medir cuánto y cómo recordaban diversos sucesos. Cuando completaban satisfactoriamente uno de ellos, se les advertía mediante una señal sonora y se les entregaba una golosina.

No obstante, el reparto se producía al cabo de unos segundos y a una cierta distancia de donde se encontraba el animal, lo que le obligaba a desplazarse hasta ese lugar para recogerla. Es más, si no lo hacía, la golosina era retirada y no podía recuperarla. En esencia, esto ofrecía al chimpancé dos opciones: podía esperar a saber a ciencia cierta si había pasado la prueba, gracias al aviso sonoro, y luego correr para ver si era capaz de recoger su comida antes de que esta se perdiera; o bien podía ir al lugar antes de tener la completa certeza de ello. Pues bien, los investigadores observaron que los chimpancés efectuaban esto último mucho más a menudo cuando hacían correctamente las pruebas que cuando fallaban en ellas.

Aunque los resultados no demuestran que los chimpancés hayan desarrollado la misma experiencia consciente que los humanos, reflejan una forma de control cognitivo similar, que influye en su toma de decisiones. Ahora, los científicos pretenden determinar si otras especies, primates o no, muestran capacidades parecidas.

Creatividad y psicosis


























Desde hace bastante tiempo se ha insinuado que la psicosis y la creatividad guardan ciertas similitudes (la historia está llena de genios locos o excéntricos como Vincent van Gogh). Muchos estudios han concluido que las personas altamente creativas tienden a tener más “desinhibición cognitiva” que el resto de las personas, lo que conduce a que filtren mucho menos los estímulos o datos que les rodean, una característica que también se presenta en los desórdenes psicopáticos leves.

Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de deCODE Genetics (con sede en Islandia), especializada en el estudio del genoma y el Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del Kings College de Londres (Reino Unido) ha revelado que los genes asociados a la creatividad pueden aumentar el riesgo de desarrollar trastorno bipolar y esquizofrenia.

Para su estudio, los científicos analizaron los resultados de un trabajo con una muestra de 86.292 personas relativa al riesgo genético tanto de esquizofrenia como de trastorno bipolar. Además, se añadió el aspecto de “ser creativo” en todas aquellas personas pertenecientes al gremio artístico, ya fueran bailarines, músicos, escritores, actores o artistas visuales.

La comparación de los resultados reveló que aquellas personas definidas como creativas tenían un riesgo genético significativamente mayor a estos trastornos psiquiátricos que aquellas no consideradas creativas.

“Para la mayoría de los trastornos psiquiátricos, se conoce poco sobre las vías biológicas subyacentes que conducen a la enfermedad. Una idea que ha ganado credibilidad es que estos trastornos reflejan extremos del espectro normal del comportamiento humano, en lugar de ser cada uno una enfermedad psiquiátrica distinta. Al conocer que los comportamientos saludables, como la creatividad, comparten su biología con enfermedades psiquiátricas, ganamos una mejor comprensión de los procesos de pensamiento que llevan a una persona a enfermar y a desarrollar una enfermedad mental”, explica Robert Poder, coautor del estudio.

El trabajo ha sido publicado en la revista Nature Neuroscience.

lunes, 1 de junio de 2015

Descubiertos los fósiles de un pariente de 'Lucy'

10 sitios fósiles Patrimonio de la Humanidad
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Lucy, tal y como conocemos al esqueleto de australopiteco más conocido de nuestro árbol genealógico humano, tiene un nuevo pariente gracias al descubrimiento de unos restos fósiles de mandíbula y dientes hallados en las extensas llanuras de la región de Afar, en Etiopía (África) que coinciden en el tiempo con los restos de esta. Esta nueva especie de homínido, bautizado como Australopithecus deyiremeda, vivió hace entre 3,3 y 3,5 millones de años.

El hallazgo de este coetáneo a Lucy, publicado en la revista Nature, confirma que este nuevo homínido compartió territorio con el Australopithecus afarensis (la especie a la que pertenece Lucy) y no en soledad como llevaba debatiendo la comunidad científica desde su descubrimiento en 1974. Tanto es así que los restos hallados distaban tan solo de unos 30 kilómetros de distancia de donde vivían los afarensis, en Woranso-Mille.

La nueva especie proporciona, por primera vez, una prueba de que más de una especie de homínidos se superpusieron en el espacio y en el tiempo. Tiene el esmalte dental más grueso y la mandíbula inferior más robusta que el Australopithecus afarensis y que el Kenyanthropus platytop”, explica a Sinc Yohannes Haile-Selassie, líder del estudio, lo que indicaría que su dieta sería aún más variada que la del A. afarensis.

Según comenta el equipo internacional de investigadores que ha llevado a cabo el descubrimiento, es posible que la especie de “Lucy” y el nuevo homínido no fueran tampoco los únicos en coexistir al mismo tiempo: “las evidencias fósiles del área de estudio de Woranso-Mille muestran claramente que, como mínimo, hubo dos especies –si no tres– de ancestros humanos que vivieron en el mismo momento en un área de proximidad geográfica”, aclara Haile-Selassie.

Esta tercera especie aún no ha podido relacionarse con ningunos restos en concreto, pero todo apunta a que podría corresponderse con los restos fósiles de un pie de homínido datado de hace 3,4 millones de años y descubierto en la zona de Burtele en 2012.

El hallazgo de estos nuevos fósiles iniciará un gran debate científico acerca de los orígenes del ser humano, cuyos secretos estamos cada vez más cerca de desvelar.