¿Cuántas veces hemos oído decir "se me ponen los pelos de punta cuando
me acuerdo", o "no me lo recuerdes, por favor"? El realismo con que
evocamos nuestras vivencias, ya sean buenas o malas, no deja de
sorprendernos. Hasta hace poco se creía que un recuerdo era el producto
de una simple secuencia lineal de acciones de las neuronas.
Pero los estudios apuntan hacia una fórmula matemática mucho más
compleja, hacia una sinfonía de comunicación entre células nerviosas.
Durante décadas, un reto de los neurocientíficos ha sido saber cómo quedan registrados los recuerdos en el cerebro.
Hoy, el doctor Joe Z. Tsien, director del Centro de Sistemas de
Neurobiología de la Universidad de Boston, y sus colegas han descubierto
el mecanismo básico para extraer información vital y conservarla.
?Todo empezó con un trabajo que realizábamos sobre el aprendizaje y la memoria?, explica durante una entrevista telefónica desde su laboratorio. "En 1999 creamos un superratón
genéticamente mejorado que aprendía más rápidamente y recordaba las
cosas más tiempo. Fue entonces cuando empecé a preguntarme cómo funciona
exactamente el proceso mnemotécnico".
¿Podríamos visualizar
el patrón de actividad de las neuronas cuando se construye un recuerdo?
¿Y discernir los principios de organización que permiten extraer y
grabar los detalles más importantes de una experiencia? Pero para
contestar a esas cuestiones había que diseñar mejores equipos. "Hasta
ese momento era posible registrar las señales eléctricas de centenares
de neuronas en monos despiertos, pero los investigadores que trabajan
con ratones sólo habían podido hacerlo con 20 o 30 a la vez", escribe el
neurobiólogo en un artículo publicado en la revista Scientific American.
En poco tiempo, Tsien y su colega de laboratorio, Longnian Lin,
desarrollaron un aparato de grabación con el que controlar la actividad
de un mayor número de neuronas en ratones moviéndose a su aire.
"Logramos insertar muchos electrodos diminutos en el cerebro del
animal", recuerda Tsien. El paso siguiente fue diseñar distintas situaciones para estresar a los roedores: un terremoto
en miniatura dentro de una caja, una caída libre desde un bote de
galletas y el simulacro del ataque de un ave -con un soplo de aire
repentino en el lomo-. Estas experiencias negativas dejaban huella
indeleble en la memoria. "El objetivo era aprovechar lo que el cerebro
parece hacer mejor: grabar recuerdos de acontecimientos que pueden afectar profundamente en la vida", precisa Tsien.
Retener ese tipo de hechos requiere el trabajo concertado de un enorme
número de células. Esto facilita el trabajo a la hora de dar con las
neuronas que se activan con la vivencia y recoger suficientes datos para
descifrar los patrones de organización involucrados en el proceso. Los
experimentos consistieron en someter a los ratones a siete episodios de
cada evento, separados por periodos de descanso. El equipo registró la
actividad eléctrica de unas 260 neuronas en la región CA1 del hipocampo, un área clave para la formación de la memoria en animales y humanos.
Con la ayuda de un poderoso método matemático, capaz de proyectar un
gran número de dimensiones -en este caso, 520: la actividad de 260
neuronas antes y después de un acontecimiento- en un espacio gráfico
tridimensional, los investigadores descubrieron que hay neuronas con un
comportamiento muy patente, y que la corriente lineal de señales
entre una y otra célula nerviosa no basta para explicar cómo genera y
almacena el cerebro un recuerdo. Lo que observaron, en cambio, fue que se activaban en grupos, a los cuales bautizaron como neural claques ?"pandillas neuronales"?.
En concreto seguían una trayectoria triangular a través del hipocampo,
un patrón se repetía cada cierto tiempo, como un banco de peces que
maniobra al unísono para huir de un depredador. Según Tsien, "esto
prueba que la información se estaba grabando. Imaginamos que los
sucesivos replays corresponden al recuerdo de la experiencia".
Su teoría es que cada una de las claques
se encarga de captar y almacenar los múltiples aspectos asociados a un
suceso, de lo más general y abstracto a los detalles concretos. Por
ejemplo, en un terremoto debe haber un grupo aso ciado al estímulo del
miedo, un segundo que responda a cualquier alteración del movimiento, un
tercero que se active con el temblor y un cuarto que reconozca el lugar
de los hechos.
Aunque la idea de que la percepción y la
memoria se encuentran representadas por "camarillas" neuronales no sea
nueva, el trabajo de Tsien ha aportado los primeros datos experimentales
acerca de cómo se codifica y ordena la información. "Las observaciones
apoyan la idea de que la organización jerárquica y por categorías
constituye un principio universal dentro de nuestro cerebro", explica el
neurobiólogo. En el caso de la memoria, estas propiedades permiten
"generar un número casi ilimitado de patrones de activación neuronal,
tantos como el número de experiencias que un organismo puede vivir".
Tsien ha empezado a aplicar sus descubrimientos al diseño de una nueva
generación de ordenadores y redes avanzadas. Con el fin de equiparar al
cerebro con una computadora, los investigadores tradujeron las
actividades de las cliques neuronales en un código binario -un sistema
de ceros y unos en el que el 0 simboliza el estado inactivo de las
neuronas y el 1, la actividad- para comparar la mente de varios ratones
sometidos a la misma experiencia. Tsien fue un poco más allá y diseñó un
sistema que convertía la actividad neuronal de los roedores al sentir
un temblor en una secuencia binaria que hacía abrir una escotilla para
escapar.
Los ordenadores actuales fallan a la hora imitar
ciertas habilidades humanas, como reconocer un compañero de colegio
aunque hayan pasado 20 años y se haya dejado barba. Pero Tsien se atreve
a augurar un futuro en el que descargaremos nuestros recuerdos en un
disco duro. Y quizás entonces las computadoras, equipadas con
sofisticados sensores y una arquitectura lógica similar a la de nuestro
hipocampo, terminen superando nuestra destreza cognitiva.
Por
si esto fuera poco, Tsien cree que "si pudiéramos registrar
simultáneamente la actividad de muchas neuronas, podríamos leer los
pensamientos de la gente". De existir una tecnología tan sensible, se
podría saber, por ejemplo, si un enfermo de Alzheimer que ya no puede
hablar es capaz de entender una conversación.
María Iriondo
Este es un espacio para compartir unas serie de temas sobre las ciencias cognitivas y áreas del saber relacionadas
jueves, 18 de julio de 2013
The Neuroscience of Everybody's Favorite Topic
By
Adrian F. Ward
Human beings are social animals. We spend large portions of our waking hours communicating with others, and the possibilities for conversation are seemingly endless—we can make plans and crack jokes; reminisce about the past and dream about the future; share ideas and spread information. This ability to communicate—with almost anyone, about almost anything—has played a central role in our species’ ability to not just survive, but flourish.
How do you choose to use this immensely powerful tool—communication? Do your conversations serve as doorways to new ideas and experiences? Do they serve as tools for solving the problems of disease and famine?
Or do you mostly just like to talk about yourself?
If you’re like most people, your own thoughts and experiences may be your favorite topic of conversation. On average, people spend 60 percent of conversations talking about themselves—and this figure jumps to 80 percent when communicating via social media platforms such as Twitter or Facebook.
Why, in a world full of ideas to discover, develop, and discuss, do people spend the majority of their time talking about themselves? Recent research suggests a simple explanation: because it feels good.
In order to investigate the possibility that self-disclosure is intrinsically rewarding, researchers from the Harvard University Social Cognitive and Affective Neuroscience Lab utilized functional magnetic resonance imaging (fMRI). This research tool highlights relative levels of activity in various neural regions by tracking changes in blood flow; by pairing fMRI output with behavioral data, researchers can gain insight into the relationships between behavior and neural activity. In this case, they were interested in whether talking about the self would correspond with increased neural activity in areas of the brain associated with motivation and reward.
In an initial fMRI experiment, the researchers asked 195 participants to discuss both their own opinions and personality traits and the opinions and traits of others, then looked for differences in neural activation between self-focused and other-focused answers. Because the same participants discussed the same topics in relation to both themselves and others, researchers were able to use the resulting data to directly compare neural activation during self-disclosure to activation during other-focused communication.
Three neural regions stood out. Unsurprisingly, and in line with previous research, self-disclosure resulted in relatively higher levels of activation in areas of the medial prefrontal cortex (MPFC) generally associated with self-related thought. The two remaining regions identified by this experiment, however, had never before been associated with thinking about the self: the nucleus accumbens (NAcc) and the ventral tegmental area (VTA), both parts of the mesolimbic dopamine system.
These newly implicated areas of the brain are generally associated with reward, and have been linked to the pleasurable feelings and motivational states associated with stimuli such as sex, cocaine, and good food. Activation of this system when discussing the self suggests that self-disclosure, like other more traditionally recognized stimuli, may be inherently pleasurable—and that people may be motivated to talk about themselves more than other topics (no matter how interesting or important these non-self topics may be).
Human beings are social animals. We spend large portions of our waking hours communicating with others, and the possibilities for conversation are seemingly endless—we can make plans and crack jokes; reminisce about the past and dream about the future; share ideas and spread information. This ability to communicate—with almost anyone, about almost anything—has played a central role in our species’ ability to not just survive, but flourish.
How do you choose to use this immensely powerful tool—communication? Do your conversations serve as doorways to new ideas and experiences? Do they serve as tools for solving the problems of disease and famine?
Or do you mostly just like to talk about yourself?
If you’re like most people, your own thoughts and experiences may be your favorite topic of conversation. On average, people spend 60 percent of conversations talking about themselves—and this figure jumps to 80 percent when communicating via social media platforms such as Twitter or Facebook.
Why, in a world full of ideas to discover, develop, and discuss, do people spend the majority of their time talking about themselves? Recent research suggests a simple explanation: because it feels good.
In order to investigate the possibility that self-disclosure is intrinsically rewarding, researchers from the Harvard University Social Cognitive and Affective Neuroscience Lab utilized functional magnetic resonance imaging (fMRI). This research tool highlights relative levels of activity in various neural regions by tracking changes in blood flow; by pairing fMRI output with behavioral data, researchers can gain insight into the relationships between behavior and neural activity. In this case, they were interested in whether talking about the self would correspond with increased neural activity in areas of the brain associated with motivation and reward.
In an initial fMRI experiment, the researchers asked 195 participants to discuss both their own opinions and personality traits and the opinions and traits of others, then looked for differences in neural activation between self-focused and other-focused answers. Because the same participants discussed the same topics in relation to both themselves and others, researchers were able to use the resulting data to directly compare neural activation during self-disclosure to activation during other-focused communication.
Three neural regions stood out. Unsurprisingly, and in line with previous research, self-disclosure resulted in relatively higher levels of activation in areas of the medial prefrontal cortex (MPFC) generally associated with self-related thought. The two remaining regions identified by this experiment, however, had never before been associated with thinking about the self: the nucleus accumbens (NAcc) and the ventral tegmental area (VTA), both parts of the mesolimbic dopamine system.
These newly implicated areas of the brain are generally associated with reward, and have been linked to the pleasurable feelings and motivational states associated with stimuli such as sex, cocaine, and good food. Activation of this system when discussing the self suggests that self-disclosure, like other more traditionally recognized stimuli, may be inherently pleasurable—and that people may be motivated to talk about themselves more than other topics (no matter how interesting or important these non-self topics may be).
martes, 16 de julio de 2013
Hombres y mujeres ¿nos orientamos de modo distinto?
Que un individuo encuentre antes o después la ruta que le conducirá a un destino concreto depende de varios factores, entre ellos su género. La ciencia ha demostrado que la creencia popular de que los hombres son mejores que las mujeres a la hora de orientarse no es del todo descabellada. O que, al menos, lo hacen más rápido. En concreto, el neurólogo Matthias Riepe, de la Universidad de Ulm (Alemania), escaneó el cerebro de una docena de hombres y una docena de féminas mientras buscaba una ubicación en un espacio que no les era familiar. Y observó que mientras ellos tardaron por término medio 2 minutos y 22 segundos, a ellas les llevó 3 minutos y 16 segundos encontrar el mismo camino.
La principal diferencia, según Riepe, residía en las áreas del cerebro que había empleado cada grupo. Los hombres usaban el hipocampo derecho y el izquierdo, mientras en las mujeres solo se activaba el hipocampo derecho. Además, las mujeres ponían en marcha neuronas la corteza prefrontal, que no se activaba en el cerebro masculino. Los autores lo atribuyen a que las mujeres se fijan en los hitos y marcas del camino para orientarse, mientras que los hombres se centran en la geometría del espacio recorrido. Por ese mismo motivo, añaden, las mujeres suelen recordar mejor la ubicación de las objetos dentro de una habitación o dónde han dejado las llaves.
viernes, 12 de julio de 2013
Importancia del fuego en la evolución humana: cambios del cerebro (II)
¿Cómo influyó el uso del fuego en el desarrollo del cerebro humano?
Cocción de los alimentos
Una vez que el hombre llevó a cabo la cocción de los alimentos, estos sabían mejor, se digerían más fácilmente y se lograba una digestión más rápida y eficiente. Resultados:- Las proteínas y los nutrientes influyeron sobre el sistema nervioso dándole un extra energético y modificándolo.
- Nuestros ancentros ahorraron tiempo en buscar alimentos y mascarlos, el cual pudo ser invertido en otras actividades sociales, lo que hizo que el cerebro ampliara su funcionalidad.
- En torno a los hogares se desarrolló la familia con mayores interacciones sociales, lo que pudo influir en la comunicación y en el desarrollo del lenguaje.
Construcción de herramientas y otros utensilios
- Con el fuego se podía afilar las puntas de las lanzas con mucha facilidad.
- El fuego permitió combar la madera, con la que se hicieron luego vasijas, canoas, arcos, etc.
- Usando dicho elemento, nuestros antepasados también pudieron comenzar a trabajar la cerámica, de la cual se deriva posteriormente una rama artística.
- El fuego permitió que se pudiera finalmente doblegar el hierro y otros metales, para elaborar diferentes tipos de utensilios.
Universo artístico
Sin el fuego no habría posibilidad de tener una iluminación que permitiera llevar a cabo la tarea ni contemplar el resultado. Por tanto, no solo se desarrollaba el artista, sino también la visión de los espectadores, y luego la experiencia mental de entrar en contacto con imágenes artísticas que evoquen referencias más allá de la propia realidad: como el sentido de tener antepasados.
Religión y filosofía
Desde el principio el fuego parece haber cobrado un valor mágico para nuestros ancestros. Al estar en contacto con este elemento y confirmar sus poderes, se le incorporó a los distintos rituales religiosos y funerarios. La idea de que el fuego nace de la nada, crece y finalmente muere puede haber suscitado en los antepasados interrogantes cuyas respuestas requirieron durante milenios del desarrollo de muchas zonas de nuestro cerebro.Por otra parte, la vida antes del fuego era diurna: se cazaba de día y se dormía de noche. Con la aparición del fuego, surgió el tiempo nocturno para reunirse alrededor del fuego y establecer una comunicación que llevara al intercambio de historias. Y posiblemente aparecieran los primeros y muy incipientes elementos de lo que con el tiempo llegaría a ser la filosofía.
Conclusiones
El uso sistemático del fuego, entonces, parece haber obligado a los primeros humanos a fijar su atención en distintas actividades y a desarrollar la creatividad, las memorias a corto y largo plazo, la concentración y la comunicación con el otro.Una vez que tuvieron el control de su atención, nuestros ancestros comenzaron a hacer planes, lo cual evidentemente nos ubicaba ya en un peldaño mental mayor respecto al resto de los primates y, por consiguiente, en el árbol evolutivo.
Podemos decir pues, sin temor a equivocarnos, que la herramienta más importante que desarrolló el descubrimiento del fuego fue el cerebro humano.
El nacimiento humano y la evolución
El primer viaje de nuestra vida
Juan Luis Arsuaga
Editorial Temas de Hoy. Madrid, 2012
430 págs. 19,90 €
Todos
hemos nacido. Es nuestro primer y quizá más trascendental viaje. Juan
Luis Arsuaga afirma que en la evolución humana todo gira en torno al
parto. Puede que haya cierta exageración en estas palabras aunque,
evidentemente, encierran una gran verdad. No olvidemos que es norma en
todo lo vivo la preeminencia de las funciones reproductoras sobre las
demás y el ser humano no escapa a ese condicionante.
Nuestro
nacimiento es uno de los más laboriosos que se dan en la naturaleza. En
ello tiene mucho que ver la forma de nuestra pelvis, cuya evolución se
dio principalmente en animales que caminaban a cuatro patas. Sólo en los
últimos tiempos, unos pocos millones de años, se ha debido adaptar al
extraño caminar sobre dos piernas propio de nuestra especie.
A
poco que lo pensemos, nos daremos cuenta que somos cabezones, en el
sentido literal del término, producto del desmesurado crecimiento de
nuestro cerebro del que, por otra parte, nos sentimos tan orgullosos. Lo
malo es que esa gran cabeza debe pasar a través de la pelvis, lo que
complica mucho el parto. Algunas artimañas han permitido subsanar en
parte este problema. Por ejemplo, nacemos muy inmaduros, lo que nos
obliga a permanecer durante mucho tiempo desvalidos y absolutamente
dependientes de nuestra madre. Dicho de otra manera: las limitaciones
del parto no se acaban con él, sino que perduran durante los primeros
años de nuestra vida.
Desde luego, nacer es un
viaje. Pero, aunque las modernas tecnologías lo hayan suavizado, al
menos en el mundo más avanzado, no es una excursión programada, de
agencia, con confortables cruceros y autobuses, o rápidos aviones. Se
trata más bien de una travesía épica, una expedición peligrosa como la
de aquellos aventureros del siglo XVIII y XIX que se adentraban en
mundos desconocidos, selvas, hielos o montañas, y muchas veces no
regresaban.
¿Exageramos? Hace un siglo, en
España, que tampoco era el peor de los mundos posibles, casi la cuarta
parte de los niños morían antes de cumplir un año y casi la mitad antes
de los cinco. No se trata sólo del laborioso tránsito a través del canal
del parto, sino que, además, el recién nacido se enfrenta a un mundo
hostil cuya primera línea de combate puede ser las temibles infecciones
puerperales que tradicionalmente se han llevado por delante la vida de
niños y sus madres. De todo esto también trata el libro.
¿Cómo
hemos llegado a ello? ¿De qué manera nos hemos transformado en lo que
somos? Arsuaga nos lo cuenta y lo hace de forma amena pero no exenta de
rigor. Toma como marco y excusa una exposición imaginaria cuyo tema
sería la historia natural del parto y adentra al visitante en las salas
en las que se explican los distintos aspectos relacionados con ella.
Como
seguramente conocerá el lector español, el autor es uno de los
codirectores del importante yacimiento de Atapuerca en donde se han
encontrado numerosos fósiles humanos y cuyos hallazgos se asoman a veces
al texto. La antropología, por tanto, ocupa aquí un papel muy
importante, pero que no apabulla, lo cual es de agradecer si tenemos en
cuenta lo complejo del tema. ¿Qué diferencia hay entre el parto de un
chimpancé y el del humano moderno? ¿Qué sabemos de la reproducción de
nuestros parientes extintos? ¿Qué podemos decir del nacimiento de un
australopiteco o de un neandertal?
El tema es
tan amplio y con tantas facetas que preferimos invitar al lector a que
las repase en este libro entretenido, casi absorbente en algunas de sus
secciones. No obstante, permítasenos anotar algo negativo, según nuestra
opinión. Dentro de un contenido con un eminente y muy logrado carácter
divulgativo, consideramos absolutamente excesivas algunas descripciones
anatómicas, más propias de cursos universitarios destinados a futuros
médicos. Reconocemos la importancia de, por ejemplo, la morfología
pélvica en el parto, pero creemos que sobra su descripción prolija en el
texto principal de una obra como ésta. Dado que se encuentra en las
primeras páginas del libro, puede llevar al lector a pensar que el resto
será igual (afortunadamente no es así) y propiciar su abandono.
Hecha
esta salvedad, resaltamos nuestra valoración muy positiva de “El primer
viaje de nuestra vida”, un trabajo interesante, ameno y muy apropiado
para estudiantes de Medicina o Biología.
Además,
cualquiera que, teniendo una formación científica básica, desee
informarse del nacimiento humano encontrará en estas páginas datos
curiosos y apasionantes de cómo nuestro nacimiento ha influido en lo que
somos y cómo lo que somos ha influido en nuestro nacimiento.
La capacidad de lanzar, clave en la evolución humana
Foto: WIKIMEDIA COMMONS
MADRID, 26 Jun. (EUROPA PRESS) -
La capacidad de lanzar un objeto a gran
velocidad y con precisión es una adaptación humana única que fue crucial
en el proceso evolutivo del hombre, según una investigación publicada
este miércoles en 'Nature'. Una serie de cambios en nuestros hombros y
brazos permitieron a los primeros seres humanos cazar de manera más
eficiente, lanzando proyectiles, lo que ayudó a nuestros ancestros a
volverse carnívoros a tiempo parcial y allanó el camino a una serie de
adaptaciones posteriores, como el aumento del tamaño del cerebro y la
emigración de África.
"Cuando comenzamos esta investigación, hubo básicamente dos
preguntas que nos hicimos: una de ellas era por qué los seres humanos
son los único buenos en lanzar cosas, mientras que todas las otras
criaturas, incluyendo a nuestros primos los chimpancés no lo son", dijo
Neil Roach, director del estudio e investigador postdoctoral en la
Universidad de George Washington, en Estados Unidos. "La otra pregunta
era: ¿Cómo lo hacemos ¿Qué pasa con nuestro cuerpo que permite este
comportamiento y podemos identificar los cambios en el registro fósil?",
añadió.El equipo encontró que se trataba de una serie de cambios físicos, como la reducción y ampliación de los hombros, una expansión de la cintura, y una torsión del húmero, que hacen a los seres humanos especialmente buenos para los lanzamientos. Si bien algunos de esos cambios ocurrieron antes durante la evolución humana, otro de los autores, el profesor de Ciencias Bioloógicas de la Universidad de Harvard (Estados Unidos) Daniel Lieberman dijo que no fue hasta la aparición del Homo erectus, hace unos dos millones de años, cuando todos ellos aparecieron juntos.
El mismo periodo se caracteriza también por algunos de los primeros signos de la caza efectiva, lo que sugiere la capacidad de lanzar un objeto muy rápido y reproduce con exactitud un papel crítico en la capacidad del ser humano para llegar a la cima de la cadena alimenticia. "La capacidad de lanzar fue uno de los pocos cambios que nos permitieron convertirnos en carnívoros, que a su vez desencadenó una serie de cambios que ocurrieron más tarde en nuestra evolución", afirmó Lieberman.
"Si no fuéramos buenos en lanzar y correr y algunas otras cosas, nuestros cerebros no habrían evolucionado a tamaños mayores ni se habrían desarrollado todas las habilidades cognitivas como el lenguaje que vienen con él. Si no fuera por nuestra capacidad de lanzar, no seríamos lo que somos hoy", sentencia este experto.
Para empezar a desempacar los orígenes evolutivos de la destreza de lanzar, Roach comenzó el estudio analizando cómo lo hacen nuestros parientes más cercanos, los chimpancés. Aunque se les conoce por lanzar objetos (a menudo las heces), los chimpancés, en raras ocasiones, tiran algo por encima de la cabeza, pero los lanzaimientos son mucho menos precisos y potentes que un lanzador medio de béisbol de pequeñas ligas, además de que lo realizan como parte del comportamiento de alarde, no para cazar.
Parte del motivo de los malos resultados de lanzamiento del chimpancé, según Lieberman, se debe a su técnica, que está limitada por su anatomía. "Los chimpancés tiran cosas por encima de la cabeza con un movimiento de lanzamiento de dardos, donde se extiende el codo, o mucho más como un jugador de críquet, en los que su codo se mantiene recto y se genera fuerza moviendo sus hombros", explicó Lieberman.
"Eso nos llevó a estudiar a los jugadores de cricket y tratando de entender lo que sucede cuando se mantiene el brazo recto y por qué disminuye su capacidad de lanzar --dijo Roach--. Con el tiempo, empezamos a pensar que los cambios en la forma en que el hombro está orientado con respecto al resto del cuerpo podría cambiar la forma en que se genera la fuerza cuando se está lanzando".
Para explorar los cambios físicos, Roach y colegas crearon un modelo complejo que incorpora la investigación actual sobre la biomecánica de lanzar y fueron capaces de explorar cómo los cambios morfológicos en el cuerpo, hombros más anchos, brazos que están más altos o más bajos en el cuerpo, capacidad de torcer la parte superior del cuerpo independientemente de las caderas y las piernas, y la anatomía del húmero, afectaban al rendimiento del lanzamiento.
Además del modelaje, Roach realizó una serie de experimentos en el mundo real en el Laboratorio de Biología del Esqueleto de Lieberman con miembros del equipo de béisbol de Harvard y una serie de aparatos diseñados para limitar sus movimientos. La idea era que al restringir ciertos movimientos, los jugadores se verían obligados a un estado más primitivo, dándole la oportunidad de ver cómo los diferentes aspectos anatómicos contribuyen a la mecánica de lanzamiento moderna.
Armado con un método conocido como dinámica inversa, Roach y sus colegas fueron capaces no sólo de cuantificar la cantidad de restringir ciertos tipos de movimientos afectando al desempeño de lanzamiento, sino que también pudieron rastrear el efecto de los cambios específicos en la mecánica de cada jugador.
"Lo importante de nuestros experimentos es que fueron más allá de ser sólo capaces de medir cómo la restricción afecta a la capacidad de alguien para lanzar rápida y precisamente, sino que nos permitieron averiguar la física subyacente, por ejemplo, cuando la velocidad de un lanzador se redujo un 10 por. ciento, podríamos rastrear de nuevo dónde se produjo el cambio", explica Roach.
"Para probar nuestras hipótesis evolutivas, necesitamos vincular los cambios que habíamos visto en el registro fósil con el desempeño en términos de lanzar -continuó--. Este tipo de análisis nos permitió hacerlo". Lo que encontramos fueron tres cambios físicos claves que ayudaron a tomar decisiones más rápidas y precisas sobre la posibilidad de lanzar.
Los cambios evolutivos en el hombro que al lanzar hacen que se mueva el brazo hacia atrás, "lo que hace estirar los ligamentos y los tendones que se ejecutan a través de su hombro", dijo Roach. "Los tendones y ligamentos se cargan para arriba como las bandas elásticas en una honda, y al final de un saque de banda liberan esa energía rápidamente y con fuerza para girar la parte superior del brazo con extraordinaria velocidad y la fuerza", añade.
La rotación es el movimiento más rápido que el cuerpo humano puede producir. "La rotación del húmero puede alcanzar hasta 9.000 grados por segundo, lo que genera una cantidad increíble de energía, lo que le permite ampliar rápidamente el codo, produciendo un tiro muy rápido", destacó el director de la investigación.
Entre los cambios evolutivos que resultaron clave para generar un potente movimientos de lanzamiento, están un giro en el hueso de la parte superior del brazo y una cintura móvil expandida, que dio a los primeros seres humanos la la capacidad de almacenar y liberar más energía elástica.
"El punto central es realmente lo que está pasando con el hombro --insiste Roach--. Hay un cambio de un hombro de un chimpancé a uno más relajado similar al humano, que permite este almacenamiento masivo de energía. Muchos de los cambios evolutivos que hemos estudiado, tanto en el torso o la muñeca, puede preceder al Homo erectus, pero cuando se ve el cambio final en el hombro, es lo que da sentido a todo".
sábado, 6 de julio de 2013
Cuando la decadencia de la especie llega a sus límites más profundos
eticia Robles de la Rosa |
Nacional
| Hora de creación:
00:00:00
|
Ultima modificación:
14:12:37
En los bares mexicanos se alquilan a bebés menores de seis meses para
que sean utilizadas por los adultos para hacerles sexo oral, cuyas
escenas pornográficas están plasmadas en fotografías y videos en
posesión de la Agencia Federal de Investigación (AFI), como evidencia
del grado alcanzado por el comercio sexual en el país.
La ruta de la explotación sexual en México incluye también una casa de
prostitución infantil en la calle de Lamartine en la zona de Polanco, de
la Ciudad de México, que fue descubierta, porque recientemente escapó
uno de los pequeños. Las autoridades locales y federales ya tienen
información del caso.
Frente a senadores de la República, Teresa Ulloa, directora de la
Coalición Regional contra el Tráfico de Mujeres y Niñas en América
Latina y el Caribe, quien fue candidateda al Premio Nobel de la Paz,
planteó la realidad de la explotación sexual en México, que rebasa ya el
comercio de adolescentes y cada vez convierte a un mayor número de
pequeños en sus víctimas, con altas ganancias.
Las niñas mexicanas vírgenes de 12 años, por ejemplo, son vendidas a los
burdeles españoles en 25 mil dólares, pero si se trata de pequeñas
indígenas bellas, el precio aumenta, pues los "clientes" las cotizan
como un atractivo adicional.
En la gama de casos presentados por Teresa Ulloa, que llenó de
indignación a los senadores que escuchan propuestas para elaborar la Ley
para Prevenir y Combatir la Trata de Personas, está también el de una
pequeña indígena que fue vendida por su familia.
"Las autoridades la rescataron y la reintegraron a su hogar de origen,
pero la familia la volvió a vender por dos cartones de cerveza o dos
chivos", relató Teresa Ulloa, quien solicitó a las y los legisladores no
dejar vacíos en la ley, porque lo fundamental es castigar a todas estas
personas que trafican con los seres humanos.
En un relato que indignó a senadores como Micaela Aguilar González,
Emilia Patricia Gómez Bravo y Susana Stephenson, Teresa Ulloa reveló que
"lo grave es que están utilizando a bebés, de menos de seis meses, en
pornografía; niñas menores de seis meses en prostitución, que las están
alquilando en los bares y que hay fotografías y videos que tiene la AFI,
de los hombres chupando la vulva de la bebé.
"Eso, en el desarrollo psicosexual de la criatura ya no tiene regreso. A
la mejor, con el tratamiento adecuado pueda llegar a ser una niña
mejor, nunca va a ser la misma si hubiera tenido un desarrollo
psicosexual al que tenía derecho como ser humano", explicó.
Pidió a los legisladores aceptar que México es un país donde se origina
la explotación sexual, pero también es un punto de destino de bandas de
otras naciones, o territorio de tránsito.
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