Objeto
hallados en la cueva de Blombos, Sudáfrica, en la que destacan los
grabados geométricos y las conchas perforadas de la especie Nassarius
kraussianus
Podemos dar rienda suelta a nuestra imaginación y pensar que estos objetos tienen un significado funerario, ritual o mágico. En arqueología, como sucede en los demás ámbitos de la ciencia, no siempre es posible encontrar información empírica para proponer hipótesis contrastables. Sin embargo, la perforación de las conchas y un adecuado ejercicio de “actualismo” nos llevan a pensar que hace más de 100.000 años los humanos decoramos nuestro cuerpo como lo seguimos haciendo en todas las sociedades del planeta. Los adornos corporales (tatuajes, pendientes, piercing, colgantes, etc.) se utilizan para lanzar mensajes de tribalidad, jerarquía, o simplemente para resultar más atractivos (sexualidad). Su importancia social es innegable, porque están relacionados de manera muy potente a la comunicación.
Vuelvo a reiterar mi fascinación por el simbolismo y la capacidad que los humanos tenemos para comunicar una infinidad de mensajes sin necesidad de utilizar el lenguaje verbal. Me pregunto sobre este pequeño, pero a la vez grandioso salto mental, cuya socialización podemos constatar hace más de 100.000 años ¿Qué sucedió para conseguir este logro, que revolucionó nuestro mundo? Esta pregunta forma parte de lo que hoy en día se conoce como “arqueología cognitiva”, una línea de trabajo apasionante de carácter transdisciplinar, que cada vez tendrá más peso en el estudio de nuestros orígenes.
Revista Quo