lunes, 25 de mayo de 2015

Escribir a mano es un gimnasio para el cerebro

THINKSTOCKPHOTOS
Colombia. El Tiempo/GDA Cuando Finlandia anunció que, a partir del próximo año, dejará de impartir cursos de caligrafía en sus escuelas, el mundo encendió las alarmas: ¿por qué el país modelo en educación desprecia la letra a mano?
Se supuso que eso obedecía al uso masivo de teclados, pero lo cierto es que fue incomprendido. “La escritura que se realiza a mano, con bolígrafo, no dejará de enseñarse en Finlandia, pues se considera muy importante para adquirir destrezas y memoria”, aclaró Minna Harmanen, del Instituto Nacional de este país escandinavo.
El cambio es que ahora, según explicó, los niños solamente deberán aprender los trazos de un único tipo de escritura: la letra imprenta.
Dejarán de aprender caligrafía pegada o cursiva y el tiempo que se le dedicaba a esta destreza se empleará para enseñarles mecanografía.
Al debate se sumó el economista y grafólogo catalán Joaquim Valls, quien asegura que sumar a mano (sin calculadora) y escribir siguen siendo habilidades necesarias para mantener en forma cerebro, como la clase de educación física ayuda al cuerpo, argumenta el doctor Valls, de 56 años.
Lamentablemente, sostiene el especialista, en Estados Unidos y otras latitudes ya hay generaciones de niños que no escriben casi nunca a mano y las consecuencias han sido graves. “Lo que más se ve afectado es la memoria. El problema con la memoria humana es que no tiene nada que ver con la animal. Nosotros tenemos lo que se llaman recuerdos de futuro; es decir, yo puedo decirte: ‘Recuerda que mañana tienes que hacer esto’. “Estos recuerdos de futuro son los que nos permiten hacer proyectos, ser creativos.
”La creatividad es memoria de futuro (...). La imaginación se basa en la memoria. Por tanto, una persona que no haya entrenado su memoria a partir, por ejemplo, de la escritura a mano, entre otras destrezas, carecerá de capacidad de innovación”.
Valls alerta de que el que carece de la habilidad de innovar está condenado a no ganarse la vida en la actualidad.
¿Cómo entrenar la memoria? Según Valls, la motricidad fina está en los ganglios basales, una zona del cerebro. Todo lo que hacemos de memoria, lo hacemos con los ganglios basales.
Así, cuando se empieza a manejar un vehículo, la persona tiene que pensar dónde está el acelerador, el freno, los cambios. “Toda esta información la administra la corteza cerebral. Conforme se maneja más, se van interiorizando los pasos necesarios para hacerlo y, al final, se hace mecánicamente”, dice.
Esto quiere decir que ese conocimiento se “comprimió” en los ganglios basales. Ahí están todas las actividades que hacemos de memoria, el pensamiento rápido y la motricidad fina. “Así, el niño que escribe a mano está entrenando los ganglios basales”, recalca.
¿Y el teclado? La gran interrogante en la actualidad es ¿cómo hacer compatibles las habilidades que promueve la escritura “a mano” con el uso del teclado? Y Valls responde: “Yo propongo que vayamos al gimnasio del cerebro, que es la letra. Propongo de 10 a 15 minutos al día escribiendo mediante el método grafotransformador.
”Se trata de autoinstrucciones positivas. Yo les pido a mis alumnos que escriban: ‘qué guapo soy’ cinco veces seguidas, fijándose en cómo hacen la letra. La repetición de la frase hace que esta pierda sentido y, como te estás fijando en una letra, ya ni te das cuenta de qué estás escribiendo y la frase va directamente al inconsciente.
”Esto es útil en una situación complicada, porque la frase empoderante surge automáticamente, está grabada en el inconsciente”, dice el economista y grafólogo catalán.
Se dice que, antes de acostarse, es el momento perfecto para entrar en el inconsciente. Lo mejor es escribir por la noche.
“El cerebro tiene filtros, y justo cuando estás a punto de dormirte, baja la guardia, y ahí es donde podemos repetirle una orden positiva varias veces, hasta que la memoriza en el inconsciente (...). Lo mejor sería hacer ese recuento cada noche. Parar, pensar qué puedes aprender o qué puedes mejorar y escribir una segunda parte en positivo. Así, el cerebro se queda con la parte positiva”.
Ojo, no solo cuenta escribir, sino también cómo es la letra. El estudioso concluye diciendo que el esfuerzo por “hacerla bonita” se asocia con una mayor inteligencia emocional. “El optimismo se mejora con renglones ligeramente ascendentes. La perseverancia, cambiando la letra ‘t’; la gestión de emociones, trabajando la letra ‘m’”, dijo.
Los cuadernos de caligrafía siempre han tenido los renglones rectos, lo que crea alumnos obedientes. Lo que proponemos son renglones ligeramente ascendentes, lo cual nos hace escribir con más ganas, más alegría. Escribir hacia abajo es síntoma de desgano, de apatía.

Algunas hormigas construyen letrinas en sus hormigueros.

 
A excepción de los escarabajos peloteros, la mayoría de los animales hace todo lo posible por evitar los excrementos. Los humanos construyen un cuarto entero destinado a su evacuación. Esta repugnancia obedece a un buen motivo: la materia fecal es un nido de bacterias y un foco de infecciones y enfermedades.
Como nosotros, muchos insectos coloniales adoptan medidas para garantizar la higiene en sus nidos y colmenas. Las abejas melíferas abandonan la colmena en vuelos defecatorios para hacer sus necesidades. Algunas hormigas, como las cortadoras de hojas, abonan con las heces los huertos de hongos nutricios, pero solo son manipuladas por cuadrillas de basureras. Las hormigas tienen una fama reconocida de pulcras, se deshacen de las compañeras muertas fuera del hormiguero y depositan las sobras alimentarias y otros desperdicios en cámaras especiales.
Así pues, el biólogo de la Universidad de Ratisbona Tomer J. Czaczkes no ocultó su sorpresa al percatarse de la acumulación de manchas oscuras en los rincones de los nidos de escayola donde vivían sus hormigas negras de jardín (Lasius niger). Más de siete años de observaciones le han convencido de que son pilas de heces.
Para confirmar sus sospechas, añadió un colorante artificial al alimento de 21 colonias de hormigas. Y, en efecto, las manchas oscuras comenzaron a lucir brillantes tonos rojizos y azulados. Las pilas de excremento de hormiga no contenían briznas de alimento, cadáveres ni otro tipo de desperdicios, por lo que Czaczkes y sus colegas llegaron a la conclusión de que las manchas debían corresponder por fuerza a «retretes». Los resultados se dieron a conocer el pasado febrero en PLOS ONE.
Nadie sabe con certeza por qué esta especie guarda las heces en el hormiguero, sobre todo si se tiene en cuenta que los miembros de la familia Formicidae son maníacos de la limpieza. Quizá se utilice como medio de defensa, demarcación del territorio o material de construcción. O podría servir como fuente de sal y otros nutrientes. Czaczkes aventura otra posibilidad: que las heces se almacenen precisamente por su fetidez. «Las hormigas distinguen los amigos de los enemigos por el olor. Tal vez las recién nacidas vayan al aseo y tomen una especie de baño para adquirir el olor de la colonia con rapidez». Todas estas explicaciones resultan factibles, por lo que se deberá seguir investigando para averiguar cuál es la mejor.
«El próximo paso consistirá en dedicar muchas horas de observación tediosa con la esperanza de sorprender a las hormigas en el aseo», afirma. Para poder mirar con discreción un momento tan íntimo, Czaczkes tendrá que construir hormigueros con trampillas transparentes y emplear luz roja, que las hormigas no pueden ver. Así es la entomología, en definitiva.

jueves, 21 de mayo de 2015

Un ensayo sobre las nuevas fronteras del cerebro alentadas por las neurociencias

El autor, radicado en Francia desde los 70, busca desactivar la identificación del cerebro con una computadora -para ser más precisos con una máquina de estados discretos (MED) o máquina de Turing, según acota- y trabaja en cambio sobre la idea de que la inteligencia humana no se reduce a un entramado de circuitos establecidos sino que es el resultado de una trama de aprendizajes y experiencias que modifican y esculpen el cerebro.

¿Cómo cree viable la biología ampliar la expectativa de vida hasta los mil años sin tener en cuenta que los mecanismos de autorregulación y control que conlleva la muerte son vitales para la supervivencia del planeta y la distribución de recursos?

"Cuando los investigadores en biología nos prometen una vida que puede durar mil años, no nos damos cuenta del horror que esta promesa comporta. Imaginemos que una parte privilegiada de la población mundial pudiera vivir mil años: qué desastre ecológico causaría esa población monstruo, que para su vida utilizaría una cantidad infinita de recursos", sostiene Benasayag en "El cerebro aumentado..." (Paidós).

En diálogo con Télam, este autor de más de veinte ensayos alerta sobre las expectativas y proyectos para ampliar los niveles de recordación: la memoria no es un simple receptáculo de almacenamiento sino "un mecanismo complejo en el que intervienen la ficción, la adulteración y por supuesto el olvido".




Télam: Frente a tanta obra auspiciosa sobre esta nueva frontera del conocimiento, tu libro impone una mirada cautelosa y sugiere repensar un poco ese optimismo ¿Por qué?
Miguel Benasayag: Trato de decir que lo que estamos conociendo sobre el cerebro y las posibilidad de incrementar sus facultades es en un punto fascinante pero cambia absolutamente la concepción del ser humano. El cerebro siempre fue considerado como el lugar de la libertad, de los afectos... de la diferencia con respecto a otras especies y las leyes de la física general.
La ideología científica actual se enrola en la idea de una continuidad que establece que todo funciona de acuerdo a las leyes físicas en continuidad, sin que haya ruptura cualitativa.

La primera consecuencia de eso es que si se estudia el cerebro de acuerdo a leyes de determinación física, desde el punto de vista filosófico, ético y antropológico resulta que lo consideramos que era el ser humano -la libertad, los afectos, la dignidad- pasa a ser un entramado de circuitos y redes cerebrales.

La idea de agregar un chip de memoria para expandirla a límites insospechados -uno de los proyectos que hoy insume más dinero en neurociencia es el de modelizar y transferir el cerebro a un disco duro- se entronca con el ideario monoteísta judeo-cristiano de la eternidad: la posibilidad de morirse pero seguir existiendo a través de algoritmos de tres, cuatro, diez generaciones.

Hablamos de algoritmos de transferencia del cerebro al disco duro que son de aprendizaje profundo, por lo cual una persona después de muerta continúa aprendiendo. Eso va a generar que ya no se sepa la diferencia entre la vida y un artefacto. Esta hipótesis tiene fallas enormes en su base: lo que pasa que del lado de la fascinación está también el dinero.

 T: ¿Nos confrontamos entonces a un cambio de paradigma propiciado por la digitalización de lo real? ¿Por qué es peligroso equiparar al cerebro con una computadora?
M.B: La memoria humana es una escultura donde lo negativo, la pérdida, la fragilidad es fundamental. En esa línea, las constricciones, la fatiga y el olvido, es decir lo negativo, no son solamente lo que molesta en el camino sino justamente lo que permite que haya vida.



Los investigadores pero también la sociedad tienen que hacer hoy un esfuerzo por comprender que la tecnología no es buena ni mala sino que debemos tener en claro la diferencia entre el mundo de lo vivo -y el del cerebro- y el mundo de la técnica que puede permitir en el futuro una continuidad por medios artificiales. Si entonces comprendemos la discontinuidad, la tecnología entonces puede ser articulada como una potenciación fantástica de lo vivo y la cultura, pero si no la comprendemos la tecnología nos coloniza y el cerebro va siendo modelado y formateado por el artefacto.

Efectivamente estamos viviendo una mutación terrible. Al ignorar esta discontinuidad se producen distorsiones que producen malestar, angustia e incluso el problema de la psiquiatrización o medicalización de la infancia. Estamos viendo las consecuencias pero las tratamos, las combatimos, sin analizar a qué obedecen. Por el momento esta hibridación artefacto-vida, que es irreversible, se está produciendo bajo una colonización total de parte del artefacto.

T: Hacés una objeción central a la posibilidad de ampliar el caudal de memoria: la idea de la memoria como un mero receptáculo de almacenamiento ¿Por qué se supone que sería beneficioso aumentar el caudal de memoria?
M.B: Se piensa que el cerebro es un hardware sobre el cual circula el software, algo que es totalmente erróneo. Cualquier decisión u operación importante implica la intervención de todo el cuerpo, con su amplia gama de redes y relaciones. Cuando hablamos del cerebro nos concentramos en su información simbólica, pero en realidad no funcionamos de esa manera tan simplificada.

La memoria es una reconstrucción en permanencia siempre actual donde los hecho hacen parte de una reconstrucción actual con partes de olvido. La memoria se funda en el olvido, en el hecho de que se puedan filtrar y dejar de lado cosas que uno vivió. El olvido no es un mecanismo periférico. Ahí vemos esta asimilación peligrosa y estúpida entre el hombre y la máquina: si uno tuviera una computadora que olvidara parte de la información seguramente la descartaría.

El reduccionismo de la ciencia actual confunde los ladrillos con la casa. Un puñado de ladrillos no hacen necesariamente una casa, de la misma manera que Borges cuando dice que si tuviera un mono eterno que escribiera a máquina terminaría por escribir el Quijote. Seguro que no. Aunque parezca mentira, esto es incomprensible para la ciencia dominante actual. El mundo está dividido en dos entre los que están convencidos que el mono va a escribir el Quijote y lo que creemos que no.

jueves, 14 de mayo de 2015

 

Machos sexualmente llamativos no son tan fértiles

Autor: Christine DellAmore Fecha: 2015-01-08
Vive rápido, envejece rápido, al menos si usted es un avutarda hubara macho.

Eso es porque los avutardas hubara machos que realizan largas danzas de apareamiento pierden calidad en el esperma, mucho más rápido que los que no usan métodos tan sofisticados, sugiere un nuevo estudio.

La energía total necesaria para mantener maratónicas danzas y rituales, eventualmente cobra cuota en la producción de esperma de los machos llamativos, que en realidad inician el ritual con esperma más sano y fuerte que el de sus rivales menos 'agraciados'.

"En la naturaleza, la vida es muy arriesgada, por lo que necesita equilibrar los beneficios que ciertos comportamientos pueden darte en determinado momento, así como los 'costos' que estos mismos  comportamientos pueden significar más adelante", dijo el autor principal del estudio Gabriele Sorci, un biólogo evolutivo de la Universidad de Borgoña en Francia.

En el caso de las avutardas hubara, Sorci cree que los machos más llamativos tienen buen equilibiro, en términos de supervivencia. En parte debido a las altas posibilidades de morir jóvenes en la naturaleza, dijo, "siempre es la mejor estrategia reproductiva para tener prontos beneficios y, finalmente, pagar un costo posterior."

El nuevo estudio representa la primera vez que este intercambio se vincula  a la disminución de la fertilidad masculina en todas las especies, Sorci añadió.

miércoles, 15 de abril de 2015

Las grandes ventajas de inculcar autocontrol a tu hijo en la infancia


Vamos tan acelerados por la vida que se nos olvida lo reconfortante y satisfactorio que es para nuestra salud estar dotados de un buen autocontrol. Si bien es indiscutible que poseer una buena dosis de este nos ayuda de adultos a tener una mejor vida y encontrar mejores trabajos ¿qué pasa si lo adquirimos durante nuestra infancia?
Un grupo de investigadores de la Universidad de Escocia se hizo esta misma pregunta y se pusieron manos a la obra para averiguarlo. Sus resultados, publicados en la revista Psychological Science, no dejan lugar a dudas: aquellos niños que son educados en el buen control de sus emociones no sólo cosechan buenos resultados a corto plazo, sino que estos se extienden al llegar a su edad adulta facilitándoles la vida de forma notable.
Para llegar a estas conclusiones, los investigadores usaron los datos recogidos en dos estudios de más de 15000 niños británicos, con el fin de analizar el vínculo entre el autocontrol y el desempleo en los adultos. El autocontrol se midió a edades muy tempranas (7 años) así como la inteligencia, clase social, antecedentes familiares y diversos factores relacionados con la salud. Los resultados muestran una vinculación clara del autocontrol con la tasa de desempleo a lo largo de la vida laboral: los que mejor controlaban sus emociones registraban un 40% menos de tiempo en las listas del paro.
Todo tiene lógica, ya que esto puede atribuirse a una serie de factores que incluyen mayor vulnerabilidad al estrés a consecuencia del desempleo, el efecto adverso que tienen las interrupciones en la carrera laborar para el desarrollo de las habilidades y una mayor probabilidad de caer en malos hábitos que dificultan sus posibilidades de recuperar el empleo, como una mala gestión del tiempo o patrones de sueño irregulares. "Los niños que tienen menor autocontrol son especialmente vulnerables al desempleo en tiempos de crisis económica cuando son adultos" explica el investigador principal, Michael Daly. "El desarrollo de un mayor autocontrol en la infancia, cuando esta es particularmente difícil de inculcar, ayuda a sobrellevar mejor tiempos de crisis y traer beneficios a largo plazo para la sociedad gracias a mayores tasas de empleo y productividad".
Según señala el grupo de investigadores "las actividades preescolares, buenos programas de estudio y actividades como el yoga, caminar o artes marciales han demostrado que ayudan a los más pequeños a desarrollar un mejor autocontrol y otras habilidades relacionadas".
Vía | psychologicalscience.org

viernes, 5 de diciembre de 2014

Ventajas de la torpeza

Ya se trate de aprender a escribir, de dominar el revés en el tenis o de tocar la guitarra, los errores inevitables pueden desesperar incluso a los aprendices más voluntariosos. Hasta ahora se pensaba que estos desaciertos se debían al ruido neuronal que presentan las regiones cerebrales responsables del control de los movimientos. Un fenómeno que, por otra parte, puede superarse con unas buenas dosis de práctica. Sin embargo, tales inconsistencias no siempre representan un obstáculo, puesto que pueden resultar un ingrediente clave para el aprendizaje, según recalca un estudio publicado en enero en Nature ­Neuroscience.
Los investigadores mostraron a una serie de probandos una curva que debían copiar sin ver la figura que trazaba su mano. Al principio, todos dibujaron la curva mal, aunque algunos bastante peor que los demás. Durante la fase de aprendizaje se puntuó cada trazado según su parecido con el modelo. Tras cientos de repeticiones y de forma gradual, los sujetos reprodujeron curvas cada vez más acertadas. Ahora bien, quienes en un inicio se habían desviado más del modelo original consiguieron curvas más precisas que los que habían mostrado una menor irregularidad inicial. Otro experimento reforzó este resultado: cuando los experimentadores provocaron cierta variabilidad en el movimiento, mediante un campo de fuerzas que hacía desviar la mano del objetivo, los sujetos aprendían el movimiento con mayor rapidez.
Unas fluctuaciones más grandes podrían deberse a que el cerebro explora el espectro completo de acciones posibles, de manera que estas convergen hacia movimientos precisos más rápidamente que si lo hace a través de una búsqueda restringida. Maurice Smith, de la Universidad Harvard, propone que la creación de un perfil del repertorio de movimientos podría facilitar la rehabilitación de las personas que han sufrido un infarto cerebral. «A partir de la variabilidad de movimientos podríamos centrarnos en el tipo de tareas que estos pacientes pueden aprender mejor», señala. Los resultados sugieren, asimismo, que no debemos desesperarnos si al aprender una actividad cometemos errores: esa torpeza puede ser clave para mejorar con presteza.

lunes, 20 de octubre de 2014