jueves, 25 de abril de 2013

Los que creen que la tierra es plana




Con sede en Londres, la Sociedad de la Tierra Plana ha reabierto sus puertas para que se inscriban nuevos miembros. De momento, esta asociación apenas suma 400 socios (entre ellos, dos españoles). Pero quién sabe si algún día conseguirán convencer a los restantes habitantes del planeta de que existe una conspiración para ocultar  que la Tierra, según dicen, no es una esfera.
Una organización sin matiz religioso
Michael N. Wilmore es el vicepresidente de tan peculiar institución. Nosotros hemos hablado con él, quien, por cierto, declinó cedernos una foto alegando: “Comprendan que no quiero ir por la calle y me señalen como el tipo raro que cree que la Tierra es plana”. Este irlandés comenzó a interesarse por la teoría en 2006. Desde hace unos años es el vicepresidente de la Sociedad. El origen de esta organización se remonta a 1864, cuando Samuel B. Rowbotham (inventor y escritor británico) publicó un panfleto titulado Astronomía Zetética: La Tierra no es un globo. Bajo el seudónimo de Parallax, fue el principal propagandista de la idea, pero no fue hasta su muerte cuando su mujer creó la Universal Zetetic Society. Sin embargo, hubo que esperar hasta 1956 para que Samuel Shenton creara la Sociedad de la Tierra Plana como tal.
Algunos fieles consideran incluso que nuestro planeta tiene dos lunas
Durante más de un siglo, la teoría de la Tierra plana tuvo un origen religioso. Así fue cuando, en 1956, Samuel Shenton decidió crear la primera Sociedad moderna. Su sucesor, Charles H. Johnson, mantuvo esa línea, pero con su actual presidente (Daniel Shenton, que no tiene nada que ver con el anterior), se desacralizó el tema. “Yo, personalmente”, confiesa Wilmore, “soy ateo, y la Sociedad evita el componente religioso”. Si tuviera que citar una prueba, su favorita es el llamado “experimento Bedford”, que concluye que, si la Tierra no fuera plana, la superficie del mar sería cóncava.
Diferentes escuelas
Los miembros de la sociedad, además, están divididos en dos corrientes. La primera defiende que la Tierra es un disco finito y que viaja en el espacio acelerándose hacia arriba, lo que crea la ilusión de que la gravedad newtoniana existe. La segunda sostiene que la Tierra es ilimitada, pero tiene una profundidad finita (como un embudo). Este plano crea una bisectriz con nuestro universo y provoca un campo gravitatorio.
Ambas coinciden, eso sí, en que la Tierra está rodeada por un continente circular de hielo, la Antártida, que evita que el agua caiga al vacío. A esto hay que sumar los heterodoxos, los seguidores del difunto Orlando Ferguson, que añaden que el planeta tiene la estructura de un exprimidor de limones con la parte exterior cuadrada.
Dos matemáticos españoles han publicado un libro en el que sostienen que la Tierra es realmente el centro del universo

Por supuesto, el concepto de Tierra plana exige una nueva cosmología. La más extendida es que el diámetro del planeta es de unos 40.000 kilómetros y tiene una circunferencia de cerca de 126.000 km2. El Sol y la Luna son dos discos situados a cerca de 52 kilómetros (aunque algunos creen que hay dos lunas) y las estrellas se sitúan a más de 200 kilómetros. Y lo que llamamos “día” no se debe a la Tierra orbitando alrededor del Astro Rey, sino a que este se mueve en círculos sobre la superficie y va iluminando diferentes zonas a su paso. Parece imposible defender afirmaciones como esa, pero no olvidemos que dos matemáticos, Juan Carlos Gorostizaga y Milenko Bernadic, han publicado el libro Y sin embargo no se mueve, en el que defienden que la Tierra es el centro del universo, y es el Sol el que orbita alrededor de ella.
La conspiración
Pero si la Tierra es plana, ¿por qué nos lo ocultan? La explicación es que existe una conspiración mundial. Según Wilmore, esto merece una matización. Afirma que es exagerado pensar que hay una cábala de científicos que se reúnen para evitar que la verdad salga a la luz: “Pero sí creo que por algún motivo (académico, económico…)
mapasplanos
nadie se atreve a dudar de que la Tierra es redonda. El que ose hacerlo se verá condenado a la burla de sus colegas”.
Algunos van más allá y creen que hasta los artífices de la carrera espacial están en el ajo. El primero que abordó este debate fue Charles K. Johnson, presidente de la entidad cuando Neil Armstrong pisó la Luna. Según él, es más difícil falsificar un viaje a nuestro satélite que una imagen de la Tierra para que parezca redonda, así que optaron por lo segundo. Suena cómico, pero quizá algún día la frase de Homer Simpson –“también se rieron de los que decían que la Tierra era plana”– sea una realidad.
Cartografía lisa
Los mapas de la Tierra plana son una maravilla. En 2011, la Librería del Congreso de EEUU aceptó como donativo una de las pocas copias que existen del mapamundi elaborado por Orlando Ferguson en 1893 (arriba). Pero el más famoso es el llamado mapa Volvia, en honor de su creador, Wilbur G. Volvia

El poder de la imaginación


5m80 por lesateliersOrange

martes, 23 de abril de 2013

Para pensar un poco


Sex with Other Human Species Might Have Been Secret of Homo Sapiens’s Success


DNA analyses find that early Homo sapiens mated with other human species and hint that such interbreeding played a key role in the triumph of our kind
It is hard to imagine today, but for most of humankind's evolutionary history, multiple humanlike species shared the earth. As recently as 40,000 years ago, Homo sapiens lived alongside several kindred forms, including the Neandertals and tiny Homo floresiensis. For decades scientists have debated exactly how H. sapiens originated and came to be the last human species standing. Thanks in large part to genetic studies in the 1980s, one theory emerged as the clear front-runner. In this view, anatomically modern humans arose in Africa and spread out across the rest of the Old World, completely replacing the existing archaic groups. Exactly how this novel form became the last human species on the earth is mysterious. Perhaps the invaders killed off the natives they encountered, or outcompeted the strangers on their own turf, or simply reproduced at a higher rate. However it happened, the newcomers seemed to have eliminated their competitors without interbreeding with them.
This recent African Replacement model, as it is known, has essentially served as the modern human origins paradigm for the past 25 years. Yet mounting evidence indicates that it is wrong. Recent advances in DNA-sequencing technology have enabled researchers to dramatically scale up data collection from living people as well as from extinct species. Analyses of these data with increasingly sophisticated computational tools indicate that the story of our family history is not as simple as most experts thought. It turns out that people today carry DNA inherited from Neandertals and other archaic humans, revealing that early H. sapiens mated with these other species and produced fertile offspring who were able to hand this genetic legacy down through thousands of generations. In addition to upsetting the conventional wisdom about our origins, the discoveries are driving new inquiries into how extensive the interbreeding was, which geographical areas it occurred in and whether modern humans show signs of benefiting from any of the genetic contributions from our prehistoric cousins.

This article was originally published with the title Human Hybrids.