jueves, 25 de junio de 2015

Arqueología cognitiva: colgantes prehistóricos y el poder de los símbolos

No es la primera vez que escribo sobre el simbolismo, un tema realmente fascinante. El catedrático de prehistoria de la Universidad de Santiago de Compostela, José Manuel Vázquez Varela, me envió hace unos días un artículo sobre el significado y la antigüedad de los colgantes realizados con conchas marinas. Los primeros párrafos de su trabajo son dignos de una profunda reflexión. Los humanos actuales dedicamos mucho tiempo a prepararnos para ser observados por los demás. Con esa preparación enviamos a nuestros semejantes mensajes de naturaleza muy diversa. En ocasiones deseamos atraer las miradas hacia nosotros con la intención de agradar. Pero en muchos casos enviamos advertencias agresivas, de identidad, de rechazo o para evitar que nos hagan daño. Desde hace más de 100.000 años los humanos utilizamos símbolos externos a nuestro cuerpo para comunicarnos sin necesidad de utilizar el lenguaje. Es posible que el simbolismo tenga raíces mucho más profundas de lo que nos dicen los yacimientos. Existen indicios sobre las capacidades simbólicas de los neandertales. Esta sería una prueba de que el simbolismo o bien ya estaba presente en el último antecesor común Homo neanderthalensis y Homo sapiens, o que tal habilidad mental surgió de manera convergente en las dos especies. Sea como fuere, la socialización generalizada del simbolismo está unida a la mayor parte de la historia de nuestra especie.
Objeto hallados en la cueva de Blombos, Sudáfrica, en la que destacan los grabados geométricos y las conchas perforadas de la especie Nassarius kraussianus
Objeto hallados en la cueva de Blombos, Sudáfrica, en la que destacan los grabados geométricos y las conchas perforadas de la especie Nassarius kraussianus
En su trabajo de revisión, José Manuel Vázquez compara varios yacimientos de África y del Corredor Levantino, separados por miles de kilómetros y una distancia temporal más que aceptable. En el norte de África nos habla de los yacimientos de Oued Djebabna (Argelia), con una datación de 90.000 años, y el de la cueva de Pigeons (Marruecos), cuya cronología puede llegar a más de 80.000 años. El yacimiento de la cueva de Blombos, en Sudáfrica, es conocida por varios elementos de un indiscutible valor simbólico, y su cronología puede alcanzar los 100.000 años. De una época similar se datan los yacimientos de Qafzeh y Skhul, situados en el Corredor Levantino. Además de sus respectivas peculiaridades, la mayor parte de estos yacimientos han proporcionado numerosas conchas marinas de dos especies del género Nassarius. Estos gasterópodos, que aparecen con perforaciones intencionadas, no tienen el tamaño apropiado (no más de dos centímetros) para constituir parte del alimento de los humanos. La distancia de algunos de estos yacimientos a la costa puede superar los 200 kilómetros, un recorrido suficiente para afirmar que se trata de objetos transportados de manera intencionada. En el caso del yacimiento de Qafzeh se han obtenido conchas del bivalvo marino Glycimeris insubrica (un tipo de almeja), transportadas 40 kilómetros desde la costa. ¿Qué valor daban nuestros antepasados a estos elementos?
Podemos dar rienda suelta a nuestra imaginación y pensar que estos objetos tienen un significado funerario, ritual o mágico. En arqueología, como sucede en los demás ámbitos de la ciencia, no siempre es posible encontrar información empírica para proponer hipótesis contrastables. Sin embargo, la perforación de las conchas y un adecuado ejercicio de “actualismo” nos llevan a pensar que hace más de 100.000 años los humanos decoramos nuestro cuerpo como lo seguimos haciendo en todas las sociedades del planeta. Los adornos corporales (tatuajes, pendientes, piercing, colgantes, etc.) se utilizan para lanzar mensajes de tribalidad, jerarquía, o simplemente para resultar más atractivos (sexualidad). Su importancia social es innegable, porque están relacionados de manera muy potente a la comunicación.
Vuelvo a reiterar mi fascinación por el simbolismo y la capacidad que los humanos tenemos para comunicar una infinidad de mensajes sin necesidad de utilizar el lenguaje verbal. Me pregunto sobre este pequeño, pero a la vez grandioso salto mental, cuya socialización podemos constatar hace más de 100.000 años ¿Qué sucedió para conseguir este logro, que revolucionó nuestro mundo? Esta pregunta forma parte de lo que hoy en día se conoce como “arqueología cognitiva”, una línea de trabajo apasionante de carácter transdisciplinar, que cada vez tendrá más peso en el estudio de nuestros orígenes.

Revista Quo

lunes, 22 de junio de 2015

Emociones


jueves, 18 de junio de 2015

El aprendizaje social y emocional: las habilidades para la vida


Pensamiento lógico en los cuervos

La inteligencia es uno de los hechos diferenciales entre los humanos y el resto de las especies que pueblan el planeta. Uno de sus rasgos se manifiesta en la capacidad de construir herramientas, ya que implica el desarrollo de las capacidades cognitivas. Su creación supone un ejercicio de asociación complejo: construir un elemento con una finalidad concreta.
Otra manifestación es la capacidad de ofrecer respuestas antes hechos nuevos, trabajar en equipo para soslayar un problema al que hasta ahora no se habían enfrentado o pasar la prueba del espejo y reconocerse ante él.
Hasta hace bien poco, se consideraba al chimpancé —en clave de inteligencia— como el primo más cercano a nosotros, y se le reconocía la capacidad de valerse de herramientas para conseguir sus fines. Al igual que estos simios, se conocía la habilidad de determinadas aves para utilizar ramas, palos o piedras para ayudarse a conseguir comida. Pero esta circunstancia siempre se daba en sus hábitats naturales.
Ahora bien, una cosa es el uso de una herramienta y otra muy diferente saber diseñar una, y en esta carrera por igualarse a los humanos, los cuervos se están llevando la palma. Ave de leyenda y mágica, su figura se ha asociado tradicionalmente a la inteligencia. La biología está demostrando que no está tan lejos el imaginario popular de la realidad. 
Esa capacidad de realizar conexiones lógicas la demostró Betty, un cuervo de Nueva Caledonia, que dejó claro en un experimento que esta especie es capaz de ingeniárselas para dar forma de gancho a un alambre (un material totalmente desconocido para ella) y con él conseguir alimentos que estaban en el fondo de un tubo de ensayo.
Pero lo verdaderamente asombroso es que Betty repitió este experimento varias veces y en cada ocasión construyó el gancho de manera diferente: unas veces haciendo palanca desde distintos puntos de su jaula, otras insertando un extremo del alambre en una grieta y utilizando el pico para darle forma.
Es decir, no repitió algo que le había funcionado antes, sino que mostró tener idea de una representación final del objeto que quiere construir. Es decir, poseer una capacidad que en términos humamos se podría definir como razonamiento: entendió un concepto y que existen diferentes caminos para llegar a él.
La capacidad a los animales del uso de herramientas se achacaba a su capacidad de observación y a repetir actos que por azar o aprendizaje se habían demostrado eficaces, pero nunca a un proceso de pensamiento lógico.
Si los animales (determinadas especies) están mostrando una capacidad de evolución que les están acercando a los humanos, quién sabe si ante la machacona tendencia que tenemos hacia la destrucción del planeta no estaremos en la antesala de una auténtica revolución que haga que la ficción que se narra en El Planeta de los Simios se convierta en realidad y que quedemos relegados, en un tiempo no demasiado futuro, por los córvidos a tener un papel secundario en la Tierra.

De presas a depredadores


miércoles, 10 de junio de 2015

Los chimpancés saben cuándo tienen razón


Al igual que los humanos, los chimpancés son conscientes de que saben ciertas cosas, reflexionan sobre lo que están pensado y actúan en consecuencia, una habilidad que se conoce como metaconocimiento. Esta es la conclusión a la que ha llegado un equipo de investigadores de distintas universidades estadounidenses tras estudiar las respuestas que ofrecían varios de estos primates durante unas pruebas diseñadas para analizar su capacidad memorística.

En un estudio publicado en la revista Cognition, estos científicos apuntan que, como las personas, los chimpancés también manifiestan confianza o falta de ella cuando se encuentran ante un dilema. Para demostrarlo, idearon unos test que pretendían medir cuánto y cómo recordaban diversos sucesos. Cuando completaban satisfactoriamente uno de ellos, se les advertía mediante una señal sonora y se les entregaba una golosina.

No obstante, el reparto se producía al cabo de unos segundos y a una cierta distancia de donde se encontraba el animal, lo que le obligaba a desplazarse hasta ese lugar para recogerla. Es más, si no lo hacía, la golosina era retirada y no podía recuperarla. En esencia, esto ofrecía al chimpancé dos opciones: podía esperar a saber a ciencia cierta si había pasado la prueba, gracias al aviso sonoro, y luego correr para ver si era capaz de recoger su comida antes de que esta se perdiera; o bien podía ir al lugar antes de tener la completa certeza de ello. Pues bien, los investigadores observaron que los chimpancés efectuaban esto último mucho más a menudo cuando hacían correctamente las pruebas que cuando fallaban en ellas.

Aunque los resultados no demuestran que los chimpancés hayan desarrollado la misma experiencia consciente que los humanos, reflejan una forma de control cognitivo similar, que influye en su toma de decisiones. Ahora, los científicos pretenden determinar si otras especies, primates o no, muestran capacidades parecidas.

Creatividad y psicosis


























Desde hace bastante tiempo se ha insinuado que la psicosis y la creatividad guardan ciertas similitudes (la historia está llena de genios locos o excéntricos como Vincent van Gogh). Muchos estudios han concluido que las personas altamente creativas tienden a tener más “desinhibición cognitiva” que el resto de las personas, lo que conduce a que filtren mucho menos los estímulos o datos que les rodean, una característica que también se presenta en los desórdenes psicopáticos leves.

Ahora, un nuevo estudio llevado a cabo por un equipo de investigadores de deCODE Genetics (con sede en Islandia), especializada en el estudio del genoma y el Instituto de Psiquiatría, Psicología y Neurociencia del Kings College de Londres (Reino Unido) ha revelado que los genes asociados a la creatividad pueden aumentar el riesgo de desarrollar trastorno bipolar y esquizofrenia.

Para su estudio, los científicos analizaron los resultados de un trabajo con una muestra de 86.292 personas relativa al riesgo genético tanto de esquizofrenia como de trastorno bipolar. Además, se añadió el aspecto de “ser creativo” en todas aquellas personas pertenecientes al gremio artístico, ya fueran bailarines, músicos, escritores, actores o artistas visuales.

La comparación de los resultados reveló que aquellas personas definidas como creativas tenían un riesgo genético significativamente mayor a estos trastornos psiquiátricos que aquellas no consideradas creativas.

“Para la mayoría de los trastornos psiquiátricos, se conoce poco sobre las vías biológicas subyacentes que conducen a la enfermedad. Una idea que ha ganado credibilidad es que estos trastornos reflejan extremos del espectro normal del comportamiento humano, en lugar de ser cada uno una enfermedad psiquiátrica distinta. Al conocer que los comportamientos saludables, como la creatividad, comparten su biología con enfermedades psiquiátricas, ganamos una mejor comprensión de los procesos de pensamiento que llevan a una persona a enfermar y a desarrollar una enfermedad mental”, explica Robert Poder, coautor del estudio.

El trabajo ha sido publicado en la revista Nature Neuroscience.